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Cruce entre las calles Portería y Carreñas, en el barrio de San Francisco / Jesús Ruiz Cruce entre las calles Portería y Carreñas, en el barrio de San Francisco / Jesús Ruiz

Retomando los caminos y ecos históricos de San Francisco (Telde)

El colaborador Jesús Ruiz ofrece un recorrido gráfico y literario por el barrio conventual

dojeda Sábado, 24 de Abril de 2021 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- El colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD Jesús Ruiz recrea un particular recorrido literario y fotográfico por el barrio teldense de San Francisco y su historia. Retomando los caminos y ecos históricos del barrio conventual de San Francisco en Telde es el título de este reportaje.

 

Retomando los caminos y ecos históricos de San Francisco

por Jesús Ruiz

Por el barrio conventual de San Francisco, mis pasos me llevan sorteando en cada rincón la historia de un pasado escrito sobre sus empedradas calles, de enjalbegadas fachadas, cruces de penitencia y rogativas, iglesia conventual, espadaña, campanario en el aire llamando a oración,  almenas, plaza y fuente, árboles, palmeras que apuntan al cielo como si todo alrededor elevara una oración en el silencio del día, a la caída de la tarde o, entrada la noche, con su misterioso mensaje de recogimiento, el rumor lírico de los versos de poetas que aquí habitaron, clamando la continuidad de su espíritu de quietud y esperanza que en sus creaciones nos legaron.

 

Por el Altozano de Santa María La Antigua, lento, pensativo, y siempre admirado por el entorno que me acoge, pleno de historias humanas y de hechos que dignificaron las páginas de nuestra ciudad antigua, la que fue y por la que discurren nuestros caminos urbanos y espacios patrimoniales,  huellas que marcan nuestras descendencias y lugares en el mundo, formamos parte de un todo que se ha forjado con la lentitud y buen hacer de la fragua del tiempo, regresando por la senda de nuestros antepasados, moradores de estos recintos, seculares en la primigenia de sus aborígenes raíces, conquistadores, fundadores sobre este solar isleño, venidos de otras tierras, asentando sus moradas, fortalezas, y elevando ermitas que, vetustas se erigieron en templos, franciscanos regidos por la Orden, buscando nuevos caminos a Dios y orando en sus cenobios.

 

Conformando un marco histórico en el que, todo el conjunto arquitectónico, se hace escenario actual de aquellos que lo hicieron posible, nuestros antepasados, y, en el imaginario de nuestra identidad y memoria de los que testimoniaron esa evolución, queda anclado y se presenta ante nuestra mirada para comprensión y mejor lección de un tesoro patrimonial que, en su recuerdo, bien debemos cuidar y conservar.

 

Todos alzan sus brazos al cielo, arcos, muros de piedra seca, portadas, calvario, huertas escalonadas, callejones que escondidos, tímidos, guardan la soledad de su complicidad con portalones y, sin salida, retornan al blanco, tejado a dos aguas, y a las sombras que, sobre amplias paredes, dibujan geranios, buganvillas, hiedras, almenas, cruces y cánigos, ordenados sobre azoteas, fachadas y balcones, asomados, estáticos, adornan los perfiles aéreos en contraste con el cromatismo del celaje que los cubre.

 

Dejando el ascenso por Ynes Chimida, entro en el angosto callejón, escucho el jadeo de mi emocionada respiración y el eco de mis propios pasos, percibiendo la suave brisa que discurre por estos estrechos pasadizos que me llevan hasta el abrigo y descanso bajo el árbol bonito y crucero, perfecto punto de partida y llegada para deambular por este barrio con el sello urbano e impronta de sus primeros pobladores, donde el tiempo parece haberse detenido, momento que me lleva a la reflexión de haberme aventurado en un corto espacio, el haber entrado en una gran parte de nuestra historia, de haber caminado acariciando las páginas escritas del bello, misterioso, emblemático y patrimonial barrio conventual de San Francisco.

 

Un motivo para alzar nuestra mirada y, tras los muros, en las sombras de la tarde dibujadas por la altivez de las palmeras, descubrir este bello escenario y dar gracias como lo hicieran vecinos, romeros, peregrinos, frailes, campesinos, obreros, antiguos moradores, buscando sus propios destinos.  

         

Las torres y campanas de San Juan nos llaman asomando su basilical presencia entre el palmeral que, desde este recorrido, se extiende por esta fértil vega, cercada por el Barranco Real, nos brinda un hermoso paisaje para admirar y captar su mensaje gráfico en el corazón, la mente y retenerlo para regresar y, como el poeta, escribir los versos más bellos dedicados a esta natural e histórica huella patrimonial de nuestra eterna urbe, antigua Telle y nueva ciudad de Telde. Gracias.

 

Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.

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