TELDEACTUALIDAD
Telde.- Ignacio Morán, el que fuera director y profesor del Colegio Público Amelia Vega de Monzón (El Ejido), acaba de lanzar su nueva novela, la tercera, que bajo el título Madera vieja se publica bajo el sello de referencia en novela histórica, Ediciones Áltera, perteneciente a Promociones Caudal.
El libro de 370 páginas se encuentra desde el pasado 22 de noviembre en los centros de distribución y librerías de España y varios países de Sudamérica.
En las próximas semanas, el departamento de promoción de Áltera llevará a cabo numerosas iniciativas para dar a conocer la nueva obra de Ignacio Morán, que participará en varias de ellas.
Biografía de Ignacio Morán
Nace en 1956 en San Román del Valle (Zamora) y es profesor y articulista habitual en publicaciones de ámbito nacional. Además, es autor de prólogos y comunicador. Entre sus obras de divulgación se encuentran Aprende a Estudiar: Técnicas de Estudio (1981), Aproximación a la Geografía Humana de Telde (1991), Teatro Teldense (1992), Estudios Canarios en Tribuna Telde (1994), Breve Historia de Telde (1995), San Juan y San Francisco. Recorrido Histórico Literario (1996).
Sus novelas, hasta el momento, han sido El Valle de Santa María, Premio internacional de la Villa del Libro de Urueña (Valladolid, 2013 y Madrid, 2014) y El vuelo de Ícaro (Ed. Adarve 2017).
Sinopsis de la novela
La pérdida de respeto institucional a las mujeres, la vuelta a posiciones de inferioridad social o la pérdida de derechos son baldones que el régimen de Franco nunca podrá sacudirse. Muerto el Generalísimo, los agentes sociales y políticos pactan un paréntesis en el que queda impune esta negrura envuelta en un periodo de casi cuarenta años. Esta obra propone el reconocimiento de ese papel protagonista que debió asumir la mujer española. Un relato que se adentra en los rincones más recónditos de aquel paréntesis aislado temporalmente. Todos los personajes, por encima de las dificultades y oprobios, son madera vieja de un ruralismo lorquiano que se alza como identidad de un país en el que la influencia de la mujer siempre ha sido decisiva.
TELDEACTUALIDAD las palabras introductorias de la novela a cargo del autor.
Palabras liminares
La pérdida de respeto institucional a las mujeres, la vuelta a posiciones de humillación social o la degradación efectiva de sus derechos civiles son baldones que el Régimen de Franco que nunca podrá sacudirse.
La dictadura impuso a las españolas unas “misiones patrióticas” durísimas: olvidar los avances históricos en derechos individuales y sociales alcanzados en la República, asumir la función reproductora como eje de su existencia, la responsabilidad exclusiva de atender y educar a los hijos, la dedicación abnegada a los trabajos domésticos, la exigencia de comportarse como una compañera sumisa en el matrimonio… y todo bajo la estrecha tutela de un marido-propietario.
Consumado el Alzamiento, el status de la mujer fue siempre una cuestión de Estado y pronto quedara ampliamente recogido en la nueva legislación: el Fuero del Trabajo llama “…a libertar a la mujer casada del taller y de la fábrica”, desde la Dirección General de Educación se declara que “… ha de alejarse a la mujer de la Universidad, porque el sitio de la mujer ha de estar en el hogar”, se impide el acceso cargos de la judicatura, la política, la cirugía, a los puestos de alta dirección… “Para no exponer la ternura, la delicadeza y la sensibilidad a las que ninguna mujer debe renunciar”, un Inspector de Educación de relevancia institucional escribe que “…para las niñas españolas es más importante saber guisar unas patatas de varias formas que conocer mucha geometría”.
Con el tiempo se irá modulando la belicosidad inicial hacia la dignidad de las mujeres pero, durante décadas, permanecerá la ignominia de algunas ideas fuerte: la preeminencia masculina en las relaciones personales, un modelo de familia único e incuestionable, la suprema misión de la maternidad, la protección jurídica de la moral católica en las relaciones de pareja… Más tarde, el influyente Secretario General del Movimiento expone: “La mujer española, partiendo de sus virtudes, unas veces ha de entregarse con abnegación al hogar, al cuidado y al amor de la familia y otras, se sublima en el esfuerzo por levantar las cargas de la casa o prestar su cooperación valiosa a la comunidad nacional mediante el trabajo fuera de casa”. Con estas palabras, don Fernando Herrero Tejedor, viene a resumir una realidad cambiante y, de alguna forma, a justificar la necesidad de fomentar la incorporación de las mujeres al mercado laboral para sustituir a los millones de hombres que salen de España para trabajar en el extranjero.
En los últimos años del cesarismo de Franco se precipitan los cambios legales: así lo exige la nueva realidad productiva y sociológica, la renovación de la iglesia que impone el Concilio Vaticano II, la permeabilidad y el desarrollo de las comunicaciones del país o la llegada masiva de turistas a nuestro litoral.
Muerto el Generalísimo, los agentes sociales y políticos pactan un paréntesis en el que queda aprisionada e impune la negritud de más de cuarenta años: ¡Para ganar el futuro hay que olvidar el pasado! Una exigencia que, vista con la perspectiva de hoy, puede que no fuera justa ni siquiera la mejor de las soluciones, pero los grandes interrogantes y la esperanza cierta de un futuro en democracia animan a orillar cualquier problema que dificulte el trago de transigir con la afrenta de aquel olvido.
Madera vieja pretende un reconocimiento a las mujeres que se dejaron la vida en sacar adelante a los suyos, muchas veces, en las condiciones más penosas que uno pueda imaginar. Para ello, sus personajes se adentran con firmeza en los rincones más recónditos de ese paréntesis y en la cotidianeidad de unos dramas que, a la vista está, sólo han estado aislados temporalmente al escrutinio de la gente.
La historia arranca en los primeros años del siglo XX: la arrebatadora concienciación ideológica de las masas obreras, el cinturón de miseria que abraza las ciudades, la represión de un ejército decadente e incapaz de hacer valer los intereses de España en América y el norte de África, la ilusión colectiva de las elecciones del treinta y uno, el espejismo de la Segunda República… un amanecer a la justicia social frustrado por la intolerancia y la bisoñez de unos dirigentes que lo fiaron todo al valor supremo de la democracia participativa: un error de bulto que no ha podido justificarse. Y termina en el umbral de la llamada Transición Democrática.
Antonina de la Huerga, la protagonista de este relato, está vacunada contra el activismo político por la tragedia familiar, imposibilitada para dejarse seducir por algo que no sean sus propios intereses… sólo el deseo de progresar en el conocimiento de las letras y las artes (legado indeleble que le deja la Institución Libre de Enseñanza) la mantiene a salvo de la desesperanza. La degradación que vive la sociedad rural, la dureza de todas las censuras, la represión política y sindical, las infraestructuras arruinadas, las elevadas tasas de analfabetismo, las huelgas obreras de las Vascongadas y Cataluña, las protestas estudiantiles, la arbitrariedad y la doble moral, el abismo de las diferencias sociales… son cosas que siente dolorosamente pero no las considera de su incumbencia. Antonina es una víctima más del fanatismo de aquellos años: herida en lo más hondo, sin familia biológica, forzada a una orfandad dulce, a olvidar su proyecto de vida, a transitar los tenebrosos caminos de la especulación y el estraperlo… junto a su madre adoptiva, construye una vida de éxito lejos de la élite política empeñada en cimentar un país imposible.
vieja asume la esencia del rigor histórico pero se maneja, permanentemente, en el terreno de la fabulación. Es un relato intenso que se adentra, sin demasiada hiel, en los paisajes más hostiles de nuestra historia reciente y en el barro de la política que se conduce por caminos de una moralidad que repugna el diálogo y la participación.
Para concluir estas palabras introductorias, anotar la riqueza de los personajes que habitan esta novela: por encima de todas las dificultades y oprobios, son madera vieja de un ruralismo lorquiano que se alza como identidad de un país en el que la influencia de la mujer siempre ha sido decisiva.


























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.80