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Vista del Estanque García, o estanque de la heredad, al que se accede por el Callejón de Ricardita (Foto Borja Suárez/C7) Vista del Estanque García, o estanque de la heredad, al que se accede por el Callejón de Ricardita (Foto Borja Suárez/C7)

De ruta por el paisaje del agua

El investigador e ingeniero Pelayo Suárez organiza un recorrido por varios hitos del patrimonio hidráulico del Valle de los Nueve

direojed Jueves, 30 de Mayo de 2019 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- El investigador e ingeniero Pelayo Suárez organiza un recorrido por varios hitos del patrimonio hidráulico del Valle de los Nueve. Una de las estaciones del paseo fue el Estanque de García.

 

El agua ha marcado y marca la historia y la geografía de Canarias. Antes, hace siglos, cuando abundaba. Y ahora, cuando escasea. Modeló, rebelde, sus abruptos relieves de fuego cuando corría salvaje por sus barrancos o golpeaba con fuerza sus costas, pero también se dejó dominar por el hombre, que le dibujó caminos entre lajas que cuadriculaban las fincas, cavó profundos túneles en su búsqueda o le construyó recodos en los que conservarla, cual tesoro.

 

Algunos ejemplos de este patrimonio vinculado al agua se hallan en Valle de los Nueve, con una vinculación de siglos a una de las heredades más antiguas de Canarias, de 1501, y donde este pasado sábado se organizó una ruta por hitos de su paisaje hidráulico en el marco de las Jornadas Mayo Cultural, según publica Canarias7 en una información de Gaumet Florido.

 

Coordinada por Pelayo Suárez Alejandro, escritor, ingeniero e investigador de la historia de su barrio de origen y de la Heredad del Valle de los Nueve, el recorrido fue seguido por una veintena de personas y discurrió por tres estaciones, el Callejón de Ricardita, el Estanque de García (también conocido como estanque de la Heredad) y el Majano que está en Los Ramírez. Colaboraron con Suárez Alejandro el presidente de esta heredad, Juan Manuel Rodríguez, el joven David Rodríguez, que disertó sobre las cantoneras, y las hermanas y vecinas Bárbara y Pino Rosa Benítez Melián, a las que les tocó aludir al paisaje agrícola del Valle y sus majanos.

 

El Estanque de García, al que se accede por el pintoresco Callejón de Ricardita, apenas unos metros más abajo de la sede actual de la secretaría de la heredad, conserva el nombre de uno de los que fueron propietarios de estas tierras, un hacendado llamado Matías García, que vivió en el siglo XVIII, según Suárez.

 

Al principio era un simple albercón para almacenar el agua durante la noche y luego repartirla por el día. Pero fue en la década de los 40 del siglo XX cuando gracias al trabajo de un albañil del barrio, maestro Ramón Benítez, adquirió la fisonomía actual. Le hizo los muros de contención, el firme del piso, lo encaló y le dotó de la escalera por la que se desciende a su fondo.

 

Este estanque es propiedad de la Heredad del Valle, cuyo presidente aprovechó ayer su intervención en el recorrido para anunciar que esta histórica organización ya se ha hecho con la propiedad de la casa en la que lleva instalada desde los años 30 del siglo XX y en la que ha emprendido varias reformas para adecuarla a los nuevos tiempos. También expuso la necesidad de contar con un archivo de los herederos con su agua y recordó los problemas que les procura el disminuido caudal que les llega a los cultivos.

 

David Rodríguez, por su parte, pidió más protección para las cantoneras, una forma de organizar el agua que data del siglo XVIII y que ahora languidece.

 

Un majano del siglo XIX para retirar la piedra del malpaís

Otra de las curiosas estaciones de la ruta de este pasado fin de semana estuvo relacionada con un impresionante majano ubicado en la zona de Los Ramírez, más o menos también frente a la sede de la Heredad. Según Pelayo Suárez, este amontonamiento de piedras (en realidad son escorias volcánicas y basaltos) data del siglo XIX y fue lo que resultó del trabajo que se hizo entonces

para habilitar suelo para el cultivo.

 

Estas tierras del Valle de los Nueve estaban cubiertas por un extenso malpaís formado por las coladas que salieron de la Montaña de los Barros, en Lomo Magullo, y por capas de cenizas volátiles de las emisiones explosivas de la Montaña de Las Palmas, que aportaron «arena y picón». Los habitantes de aquel Valle de los Nueve que vivían del campo retiraron todas esas piedras y las amontonaron en majanos como este que se conserva en Los Ramírez para así poder plantar. Está incluso inventariado por la Fedac, cuyos técnicos le otorgan un valor científico alto. Está delimitado por muros de piedra, levantados sin argamasa.

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