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Miércoles, 08 de Abril de 2026

Actualizada Miércoles, 08 de Abril de 2026 a las 21:40:17 horas

Marta García, historiadora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (Foto Efe / Ángel Medina G.) Marta García, historiadora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (Foto Efe / Ángel Medina G.)

Canarias, en el fuego cruzado propagandístico entre ingleses y alemanes en la II Guerra Mundial

La historiadora Marta García subraya que el archipiélago ocupó una posición estratégica esencial

dojeda Viernes, 15 de Febrero de 2019 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Santa Cruz de Tenerife.- Durante la Segunda Guerra Mundial, Canarias fue escenario de la confrontación y protagonista del fuego cruzado "de una guerra de propagandas", entre Gran Bretaña y Alemania, afirma la historiadora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) Marta García.

 

La investigadora, que es doctoranda y personal investigador en formación con la ayuda predoctoral del Gobierno de Canarias y el Fondo Social Europeo, explica en una entrevista a EFE que el archipiélago ocupó una posición estratégica esencial que vivió la guerra "indirecta", esto es, la de la diplomacia, el espionaje y la propaganda.

 

Todo ello da idea del riesgo que corrió el archipiélago durante el conflicto bélico, subraya Marta García, que ha publicado un artículo sobre este asunto en el último número de "Vegueta", el anuario de la Facultad de Geografía e Historia de la ULPGC.

 

En la investigación, de la que es coautor el profesor Juan José Díaz, se indica que entre 1940 y 1943 Canarias se convirtió en objetivo tanto de ingleses como alemanes, y el archipiélago pasó a ser protagonista de planes que tenían como objetivo la cesión, el uso o la ocupación de las islas.

 

Se veía a Canarias como base alternativa a la pérdida de Gibraltar, por parte de Gran Bretaña, o como punto de abastecimiento para la guerra submarina librada en el Atlántico, por parte de Alemania,

Explica Marta García que tanto para Gran Bretaña como para Alemania era esencial que la población canaria no sucumbiera a los efectos de la propaganda enemiga, aunque hay que recordar que los nazis sólo contemplaron la cesión de una de sus islas durante un breve tiempo.

 

Los británicos sí recurrieron al diseño de diversos planes de invasión del archipiélago que requerían de una población colaboradora y era "de vital importancia" que las islas se mantuvieran informadas, que no se opusieran a una potencial ocupación por parte de su ejército y que la opinión pública apoyara su causa en la guerra.

 

Para conseguir estos objetivos, la propaganda era un arma de guerra esencial que podría reforzar la anglofilia existente en las islas y facilitar, además, el terreno en caso de invasión.

 

El Gobierno británico no estaba seguro de que fuera posible evitar la beligerancia española, por lo que había que buscar una alternativa a Gibraltar localizada en las islas atlánticas españolas y portuguesas.

 

En la primavera de 1940 comenzó a plantearse la ocupación del Puerto de la Luz, descartada durante el verano de ese mismo año a favor de Azores y Cabo Verde, consideradas más fáciles de tomar y defender.

 

Sin embargo, a partir de marzo de 1941 se revalorizó la opción canaria como la mejor solución a la pérdida del Peñón y desde entonces sus preparativos adquirieron prioridad.

 

La propaganda a favor de los intereses británicos gozó de una amplia variedad de medios y métodos de difusión, entre los que destacó la emisión clandestina de Radio Londres, la difusión de bulos subversivos, la distribución de material impreso, como folletos o revistas, y la lucha periodística contra las consignas franquistas.

 

Los organismos responsables de la gestión propagandística eran los consulados y la población anglófila del archipiélago, que operaban bajo las directrices de la Sección de Prensa británica localizada en Madrid.

De hecho, tal y como señalan los autores del estudio, las fuentes oficiales parecen indicar que una gran parte de la población era considerada como anglófila.

 

La mayor parte del material propagandístico diseñado seguía las directrices estipuladas por el Ministerio de Información británico, que defendía, especialmente en los primeros años de guerra, una propaganda poco agresiva y no excesivamente distorsionada, sin aludir directamente al régimen franquista o a la pasada Guerra Civil.

 

Sin embargo, y conforme la guerra avanzaba hacia situaciones de mayor peligrosidad en las islas, la propaganda pareció responder a todo tipo de estímulos, incluyendo un componente más subversivo en el que también se usaban términos familiares en el habla isleña, como la palabra "gofio".

 

Además, prosigue la historiadora, se impulsó la distribución de material de propaganda en determinados clubes, casinos, hoteles, locales o bibliotecas, mientras se difundían campañas de rumores «en ciertos lugares clave para que estos pudieran ser propagados de una persona a otra».

 

En muchas ocasiones se aprovechaban eventos culturales, educativos o sociales vinculados a los aliados para recopilar información útil para la causa aliada, difundir propaganda impresa o hacer actos propagandísticos.

 

Por ejemplo, la Asociación de Boys Scouts de Tenerife era descrita como un centro ideal para el intercambio de información y material, pero también había recomendaciones para procurar atraerse a la clase obrera canaria.

 

De hecho, en el verano de 1943 la embajada alemana se quejó a las autoridades del reparto en grandes cantidades de una publicación titulada "No soy tan loco de querer una guerra", un folleto cuyo origen se atribuía tanto al Gobierno de los Estados Unidos como a Gran Bretaña, descrito como una información «altamente injuriosa para el jefe del estado alemán».

 

Este y otros folletos se repartían en la cercanía de edificios en construcción en Las Palmas de Gran Canaria a los obreros, y al parecer en los sobres con material de propaganda británica y el parte se adjuntaba además un billete de 5 pesetas.

 

Asimismo, los partes de la Dirección General de Seguridad en Gran Canaria describieron cómo en varias ocasiones los obreros se acercaban a las dependencias del supuesto líder del espionaje británico, Kendall Park, para recoger material propagandístico de guerra.

 

Según la investigadora, la propaganda debe ser entendida como un complemento de la política exterior británica, por lo que esta también fue diseñada como complemento de una posible ocupación inglesa de alguna de las islas, y ejemplo de ello es el panfleto que apelaba a los canarios a elegir entre comida, seguridad y amistad, por un lado, y muerte y destrucción por otro. EFE

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