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Pedro Guerra (Foto TA) Pedro Guerra (Foto TA)

Pedro Guerra vuelve a sus orígenes con la gira 'Golosinas'

El cantautor cantó anoche en el Paraningo de la Universidad de La Laguna de Tenerife

direojed Sábado, 03 de Noviembre de 2018 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- El cantautor tinerfeño Pedro Guerra comenzó anoche en España su gira #golosinas2018, con motivo de la reedición de su mítico disco “Golosinas", en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna de Tenerife, ante 600 almas que llenaron el teatro y que dos horas después salían tarareando y sonriendo tras un concierto pletórico y lleno de poesía, música y humor.

 

En el mismo escenario que le vio partir a Madrid hace 25 años, Pedro Guerra se presentó de riguroso negro, guitarra al cuello, en el centro de las tablas y bajo un círculo de luz del que casi no salió en todo el recital, donde mezcló sin esfuerzo el intimismo de canciones como “Deseo” o “Todo es desorden” y del ritmo más gamberro de “Rap a duras penas” o “Hazlos reír”.

 

Repasó una a una las 17 canciones de su primer disco en solitario, publicado en 1995 tras casi dos años de trabajos y vivencias, en el que recogió el “tránsito” de vivir en dos sitios diferentes y los “recuerdos” de sus comienzos, como recordó Guerra, y que cimentó tanto la inspiración de cantautores posteriores -Andrés Suárez, Ismael Serrano, entre otros- como la admiración de todo el panorama cultural.

 

Guerra apareció solo, sin ninguno de los cuatro colaboradores que han participado en la reedición de Golosinas: Juanes (en “Peter Pan”), Pablo López (“Deseo”), Rozalén (“Las Gafas de Lennon”) y Vanesa Martín (“Contamíname”), y solo a partir de la décima canción, “Biografía”, se le unieron Toni Gil al bajo y Guille Molina a la batería, quien “no había nacido cuando salió el disco”, lamentó divertido el cantautor.

 

Hasta entonces, Guerra había cargado todo el peso del espectáculo con un estilo sencillo y contenido pero muy intenso, mientras el público recitaba por lo bajo “Golosinas”, “Dos mil recuerdos” y “Greta”, como si no quisiera interrumpir la nostalgia del ambiente ni la todavía juvenil voz del artista.

 

Casi a mitad de concierto llegó el discurso antibelicista de la década de los sesenta con “Las gafas de Lennon”, el amor apasionado y sin guardianes de “Todo es desorden” y la ternura infantil de “Peter Pan”, que acabó por encender al público, respetuoso durante toda la velada.

 

Los momentos más profundos llegaron con el romanticismo de “Dibujos animados”, “Deseo” y la legendaria “El marido de la peluquera”. El artista dejó en alguna ocasión de rasgar la guitarra para entregarse a voz limpia con los brazos abiertos: “… y abrázame fuerte, que no pueda respirar. Tengo miedo de que un día ya no quiera bailar conmigo nunca más”.

 

Para entonces, el susurro popular era un coro: Pedro Guerra mantenía su peculiar canto, siempre afinado y fiel al ritmo, pero ya se atrevía a interactuar más con el público en medio de las canciones, a dejar que acabasen la estrofa o que repitiesen una nota, más allá de los discursos entre pieza y pieza, que gestionó con maestría, pues nunca habló en medio de las más apasionadas.

 

Cerró el repaso al disco con “Contamíname”, convertido en himno desde que Víctor Manuel y Ana Belén la interpretasen en 1994 (Premio Ondas a la mejor interpretación), con el que el público movió los hombros, giró los cuellos y acompañó con palmas, mientras las luces por fin cobraban protagonismo con sus cambios de dirección y Pedro Guerra levantaba el dedo índice como una estrella de rock.

 

Luego llegaron otros diez clásicos de su repertorio: “Daniela” (de su disco Raíz, 1999), “Pasa” (Tan cerca de mí, 1997), “Debajo del puente” (1997), “La maestra” (El Mono Espabilado, 2011) o “La lluvia nunca vuelve hacia arriba” (también de Raíz), con la que acabó el concierto en medio de la fiesta, ya que los 600 se habían puesto en pie y aplaudían al compás, bailaban, cantaban y pedían más.

 

Pedro Guerra solo bebió agua dos veces a lo largo de todo el concierto, las mismas veces que tuvo que salir tras los amagos de cierre para calmar la euforia de los presentes, y se deshizo en agradecimientos a todo el mundo, especialmente a su madre, presente esta noche, y a su pareja. EFE

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