FRANCISCO SANCHO
Cuando tuve noticia del fallecimiento de Juan Ramírez pensé que nos había dejado un gran amigo. Y ello, porque si algo tenemos claro los que lo tratamos es cuanto hizo por el fútbol base en nuestro Telde: muchas fueron las horas de su tiempo libre las que dedicó a su promoción. Consiguió con ello que cada año unos cuarenta colaborásemos y más de trescientos jóvenes practicasen el fútbol anualmente. De ahí estas líneas a modo de homenaje, en la que aporto algunos recuerdos que de él me quedan.
Hay una anécdota que se remonta a su juventud. Una importante lesión en una pierna provocó su pronto retiro de la práctica del fútbol; pero no lo alejó de la cooperación con este deporte, por lo que, si no actuaba como delegado de algún filial, se ocupaba en el entrenamiento o en aquello en lo que pudiera contribuir a la competición.
Con tales antecedentes, y a los veintipocos años que por entonces tenía, participó como entrenador de uno de los equipos en un partido, y se sorprendió de que los suplentes que lo acompañaban en el banquillo se reían con frecuencia cada vez que se levantaba a dar instrucciones a los jugadores. Les preguntó por el motivo de sus risas y acabaron confesando que los dos calcetines que llevaba puestos eran de diferente color. Tras comprobar Juan que así era, improvisó una explicación:
– ¿Es que no saben Vds. que por la lesión que tuve el médico me prescribió que tenía que llevar calcetines distintos?
Convencidos por una explicación tan peregrina como falsa, el hecho tuvo una repercusión inesperada: a partir de entonces los calcetines que Juan se calzaba fueron siempre de distinto color.
Otra anécdota tuvo lugar entre nosotros dos: era yo por entonces vocal de cultura del Club Faycán cuando me hizo no sé qué encargo, que cumplí.
Cuando le entregué el escrito encomendado, pronunció dos palabras:
– Sancho, gracias.
A lo que le respondí:
– Curro, Jiménez.
Reímos los dos.
Y concluyo este breve homenaje con un chiste que él me contó: Eran dos forofos del fútbol que se preguntaban si en el cielo habría fútbol. Por más que intentaron averiguarlo no consiguieron saberlo, así que pactaron que el primero de ellos que muriera se aparecería al otro para decirle si había o no fútbol en el más allá.
Pasó el tiempo y murió uno de ellos. Pocos días más tarde se le apareció a su amigo:
– Vengo a cumplir lo pactado. Allá arriba hay fútbol – le dijo.
– ¿De veras? – preguntó.
– Sí. Por cierto: para el domingo estás convocado...
Vayan estos recuerdos en homenaje a una persona que supo despertar la estima de cuantos lo conocimos.
Un fuerte abrazo, Juan.
Francisco Sancho Soriano es vecino de Telde y catedrático de Filosofía jubilado con más de 30 años de actividad docente desarrollados en el municipio.






























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