Una hoguera por San Juan, el Barranco Real y el Puente de Telde
Por Jesús Ruiz Mesa
Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.Un San Juan mas en Telde celebramos, de los muchos que nuestros antepasados en otros tiempos con esperanzas festejaron, contemplando el barranco, el cielo, las viejas piedras y las losas que cubrían los templos. Esperaron ansiosamente a que la noche envolviera el paisaje para encender la hoguera y quemar los malos presagios, pasados y presentes y saltar, volar, aunque desde la imaginación se pudiera, saltar sobre las llamas para purificar el cuerpo y el alma. Ante ti, encrucijada de caminos, sobre el puente de los siete ojos que el ingeniero Juan de León y Castillo imaginara y realidad hiciera para abrir caminos y acortar distancias, desde donde Telde nos recibe entre palmeras y eucaliptos, con la bienvenida del abrazo de sus gentes. Gestado de ancestral leyenda, de vieja historia y defendida cuna, fundación primera, me abres tus puertas, fijo mi mirada en el entorno, páginas de un libro por tus avatares escrito, Cendro, Tara, San Juan, San Francisco, Llanos de Jaraquemada, callejones de Berbería, San Gregorio y límites de la gran urbe que a los vientos sureños y desde la cumbre al mar se extiende.
La hoguera está preparada, lenta cae la tarde sobre el horizonte. En las medianías y en la costa se divisan nubes de fogatas lejanas. El olor a quema de rastrojos, madera, ramas y viejos despojos inunda el aire. La hoguera ya está encendida, el crepitar de los materiales amontonados llega con estertores del calor que provocan. Largas e infernales llamaradas colorean las sombras y en la penumbra las formas se magnifican.
Algo mágico en el ambiente se respira, los cuerpos expectantes ante tal espectáculo, inmóviles, asomados al barranco, parece que ejecutan rituales danzas y sus cantos ahogados por el fragor del dantesco incendio, evocan cultos de vernáculos ritos y costumbres que nuestros antepasados sobre el Tagoror olvidado para nosotros en su recuerdo dejaron.
Tiempo de solsticio, de renovación y cambio, tiempo de cosecha, estío y en sus manos nuestros primeros pobladores invocaron el beñesmen. Venid a mí y depositad el mal augurio, el pesar de las dolencias y las malas energías, el mal de ojo escondido, la ira, la envidia, el insulto, la mala conciencia y la humillación en el corazón atenazado. Quemad en mis profundidades la pesadumbre, las dudas y temores, rencores, egoísmos y malos sueños, arrojad en mi lecho vuestras miserias y pecados, la carga que sobre las espaldas lleváis sin remisión, descansad y bailad en torno a mí, contemplad como la lumbre reduce a cenizas lo que eterno parecía, como el ave fénix que en nuestras cumbres convertido en agradecido árbol resurge y reverdea de su encostrado y abrasado cuerpo.
Entren en la nueva casa, mi cósmica estancia entre vosotros permanece. Esta noche de vital letargo soy el fuego de un futuro nuevo, soy el fuego creador de un renacimiento humano, soy vuestro purificador espíritu que limpios os devuelve a la senda, desterrad la inquietud del que por mí la destrucción crea. Soy un universo de soles en la noche de los tiempos, el origen de la vida, soy luz, calor y con el agua, mi antagónico elemento, la tierra y el viento la esencia de la propia Naturaleza. Vuestras ofrendas, votos y oraciones ofreced, en el crisol del gánigo al cielo elevadas, en fugaces lenguas suben hasta la montaña sagrada y en el almogarén de los tiempos para su testimonio son depositadas. Cuerpos y almas ya purificadas con energías renovadas sigamos nuestros destinos recogiendo lo mejor de cada cosecha.
Celebremos el vínculo festivo de la noche de San Juan bendito en Telde, que su anuncio nos lleve de la mano e ilumine con la antorcha de la fe y la esperanza hacia un mundo de perdón, paz, comprensión y solidaridad.
Felicidades a los juanitos y juanitas, feliz noche de San Juan a la ciudadanía, cantemos en torno a la gran pira o pequeña fogata que cada día prendemos en nuestras almas, la de nuestras vidas: "Noche de San Juan bendito, alumbrada por hogueras, ecos de las caracolas rodando por las laderas, la bruja por esta noche no tendrá que cabalgar, que le quemaron la escoba que barría en el pajar".































































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