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Sábado, 04 de Abril de 2026

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Imagen de la autora del reportaje Marisol Ayala (Foto TA) Imagen de la autora del reportaje Marisol Ayala (Foto TA)

La historia de amor que vinculó a Mercedes Sosa con Canarias

TA ofrece un reportaje de la periodista Marisol Ayala

ainhoa1 Martes, 12 de Mayo de 2015 Tiempo de lectura:

MARISOL AYALA

Hoy les voy a contar una historia de amor que la mayoría desconoce. Lo prometí hace unas semanas y una vez que sus protagonistas me han dado permiso, allá va.

 

Empiezo. Hace nada he vuelto a ver el video de aquella boda y cuesta recomponerse cuando reparas en la alegría que refleja la madrina, Mercedes Sosa, de alguna manera la madre de la novia, la querida María Miñano que mira feliz a Blas, el novio, un canario tenaz y discreto que ha vivido intensamente teniendo como alas el amor por María y la admiración a Mercedes. La primera pregunta que se harán ustedes es la misma que me hice yo cuando hace diez años, creo, conocí la historia: ¿Cómo se conocieron los novios viviendo ella en Buenos Aires y él en Las Palmas?, ¿Qué paso para que Blas acabara tan cerca de La Negra, en su casa de Buenos Aires, a su lado?, una vida que con el tiempo, tras la muerte de Mercedes, se volvió dolorosa para nuestro querido amigo. Hay ausencias que se clavan como una daga y la de Mercedes es para ambos un dolor especial.

 

No tengo los datos muy precisos pero si conozco los detalles de la historia porque con Blas y María he hablado mucho de esos años en los que alguien propició su encuentro. Diré en primer lugar que Blas ha sido siempre un rendido admirador de La Negra y que justo por eso -y porque no se le pone nada por delante cuando su corazón marca los pasos- desde que se enteró que podría ver a Mercedes en el teatro Pérez Galdos -en 1996- no lo dudó. Al término de esa actuación la vio a un metro de distancia, firmando discos. Ese día Blas fue el tipo más feliz del mundo. “En ese momento es cuando por primera vez veo a María –con la que se casaría siete años después- y pensé”, cuenta, “qué mujer más linda…”.

 

Seguidor de Mercedes Sosa, de su voz y de su compromiso, cuando en el 2000 supo que actuaría de nuevo en Gran Canaria, en el Alfredo Kraus, se acercó a su entorno porque tuvo claro que era su momento. En un breve encuentro casi casual con Mercedes ella le dice que al día siguiente tendría una rueda de prensa en el hotel, que acudiera. Se hospedaba en el Hotel Reina Isabel. En ese encuentro Mercedes le da su teléfono y su e-mail que como lo estaba estrenando le parecía una maravilla para comunicarse, cuenta Blas. Blas y Mercedes comienzan a tener comunicaciones por teléfono y correo. Mercedes le dice también a Blas que vaya al concierto de ese día en el Kraus y él acude. Lo hace con la certeza de que al terminar atenderá a sus admiradores pero ella estaba cansada y al finalizar su actuación sale en coche por el garaje con lo cual la posibilidad de abordarla era imposible. Bueno, imposible para cualquiera que no sea Blas. Sin pensarlo dos veces él y otros fervientes admiradores se plantan delante del coche cuando éste salía de aparcamiento y tuvo que parar: “En el coche estaba además de Mercedes, María, la que más sería tarde mi mujer. A veces recordamos aquella escena y nos reímos”.

 

En el auditorio Blas alucina con el poderío de Mercedes. Estamos en el 2000. Y Mercedes le dice “el año que viene volveré”. En esa gira actúa en Teror a donde Blas también acude.

 

En esas fechas Blas comienza a mantener con La Negra una relación de mucha complicidad a pesar de la distancia, de admirador a admirada. Para su sorpresa un día recibe una llamada de Mercedes desde Buenos Aires: “Cumplía 70 años, quería celebrarlo y quería que yo estuviera allí. Me dijo: “te vienes y te quedas en mi casa. Te mando el pasaje para que la invitación sea completa”, le aclara. Al llegar a Buenos Aires Mercedes no duda en introducirlo en su familia, en su círculo más cercano. Y es ahí, en ese viaje a Buenos Aires cuando María y Blas inician una relación de amistad que dos años después se saldaría con su boda, boda en la que, si algo faltaba para que fuera especial, la Gran Mercedes Sosa cantó “Somos novios” en honor a los enamorados.

 

María es peruana y entra en la vida de Mercedes por una recomendación. Alguien le habla a Mercedes de una mujer peruana, legal y buena gente. Un día María contó con cariño que la primera vez que pisó la casa de Mercedes ella le aclaró honestamente: “Señora yo no sé hacer de comer” y para su sorpresa Mercedes le contestó sin darle importancia un sabio “ya aprenderás”. Y aprendió, claro, pero la mujer que le enseñaría fue la anciana mamá de Mercedes, Doña Enma, por la que la cantante sentía adoración. Ella le regaló los secretos de su cocina que tanto le gustaban a su hija, especialmente las empanadas de Tucumán, lugar de nacimiento de la artista.

 

De la boda ambos tienen recuerdos únicos. “Éramos como hijos para ellas, de hecho cuando ya estaba enferma y yo trabajaba en Las Palmas me llamaba me decía con una voz que no olvidaré jamás, “Blasito, véngase para acá. Saque su pasaje”. Y el corría a ver a su mujer y a Mercedes con las que vivió sus últimos días. La ayudó a combatir su enfermedad y acompañó a María en los cuidados especiales que requería”. Entre los miles de los relatos tiernos que Blas ha contado a sus amigos sobre la personalidad y la generosidad de Mercedes destaco la manera en la que ambos, María y él, le trituraban la fruta para que pudiera comérsela sin dificultad.

 

Blas y María son dos personas maravillosas separadas por la distancia ya que ella tiene su actividad empresarial en Buenos Aires y Blas en Las Palmas. Cada vez que puede ella viaja a la isla donde sus amigos le damos cariño y acogida. Todo.

 

La dureza del exilio

La primera actuación de Mercedes Sosa en Las Palmas de Gran Canaria tuvo lugar en el 1980 –algunos sitúan esa fecha en 1982- en el Teatro Pérez Galdós; por entonces cansada de su duro exilio en Madrid perseguida por Videla y enferma de soledad tras sufrir una dura depresión y temiendo por su vida, Mercedes decide sacar fuerzas de donde no tenía y se marcha a vivir a Italia. Desde allí inició unas giras y precisamente una de esas giras la trajo a Gran Canaria y Tenerife, conciertos que repetiría en El Hornillo de Telde. Luego en 1996, 2000, 2001 y 2008, cantaría de nuevo en las islas.
En fin, una historia que muy pocos conocen.

 

Marisol Ayala es periodista. Artículo publicado en su Blog.

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