FRANCISCO SANCHO
Cuando vi – y oí – por televisión el pasado día 20 que se avecinaba una gran marea, particularmente enorme en Galicia, me llamó la atención el pronóstico de que el fenómeno se repetirá el año 2033 y sobre estas mismas fechas. Como es sabido, las mareas son provocadas por la Luna, de un tamaño casi una cincuentésima parte de la Tierra, y, en menor grado, por el Sol, 1.3 millones de veces mayor que nuestro planeta.
Pese a la menor masa lunar, la atracción de nuestro satélite repercute sobre el mar el triple que la del Sol a causa de que su distancia a la Tierra es “sólo” de unos 384.400 km., mientras que la del Sol es del orden de 150 millones de kilómetros.
Fácilmente se infiere que cuando el Sol y la Luna se encuentran alineados con la Tierra, como sucede durante los eclipses, se producen unas mareas más vivas de lo habitual. Y cuando coincide la alineación con una mayor cercanía de la Luna la intensidad de aquéllas aumenta, llegando a su tope cuando concurre, además, la máxima proximidad del Sol.
Suele aceptarse, desde que Kepler formuló la primera de sus leyes que las órbitas de los planetas en torno al Sol son elipses y el Sol se encuentra en uno de los focos; pero ya Newton detectó en la observación del planeta Mercurio, sin que encontrase explicación a ello, que su trayectoria no es elíptica, sino algo así como una elipse cuyos ejes girasen.
La explicación de este giro orbital la ha proporcionado, siglos después, Albert Einstein, dentro de su Teoría de la Relatividad Generalizada.
Esto les ocurre también a todos los demás planetas, si bien más lentamente. La Tierra, como uno más, no escapa a este comportamiento, tardando 26.000 años en cada ciclo de su traslación alrededor del Sol.
Y lo que menos suele tenerse en cuenta: también este movimiento se da en la trayectoria lunar en su giro alrededor de la Tierra, sólo que su duración es mucho menor: 18 años.
La aportación de este dato nos explica por qué la reciente marea gigantesca se repetirá dentro de ese plazo, es decir, en las cercanías del equinoccio de primavera 2033.
Francisco Sancho Soriano es catedrático de Filosofía y profesor jubilado.



























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