GAUMET FLORIDO
Reconozco que este papa me está reconciliando en parte, aunque solo sea en parte, con la jerarquía de la iglesia católica, que es mi iglesia, pero no puedo compartir su último golpe de efecto. No, Francisco, ni siquiera cuando alguien menta a la madre de uno es justificable darle un puñetazo. Y menos puede hacerlo el Papa, el máximo representante en la Tierra de la doctrina del pon la otra mejilla.
Ni un puñetazo ni mucho menos la salvajada criminal que cometió la pareja de desalmados asesinos, ignorantes y fanáticos que mató días atrás a 12 personas del semanario satírico francés Charlie Hebdo. No hay nada que justifique la violencia y menos por unas viñetas, sean o no de nuestro gusto. Así las cosas, mi condena más firme a esos bestias y mi solidaridad sin fisuras con la revista, con sus redactores y con las familias de las víctimas. Dicho eso, no puedo ocultar que entiendo lo que en el fondo quiso apuntar el Papa.
Aunque he nacido en un Estado de derecho, con todas sus imperfecciones, y aunque soy periodista y como del derecho a la libertad de expresión y a la libertad de información, creo que tampoco estaría de más que los periodistas hiciésemos un ejercicio de autocrítica y valorásemos la necesidad de evitar contenidos que puedan herir la sensibilidad de ciertos colectivos.
Lo que para nosotros, en la cultura occidental, es un simple ejercicio de humor crítico, para decenas de miles de musulmanes decentes, personas sensatas, es una ofensa y una falta de respeto. A veces el necesario ejercicio de la convivencia en un mundo tan diverso condiciona la extensión de nuestras propias libertades.
Gaumet Florido Medina es periodista y redactor de Canarias7 en Telde.
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