TELDEACTUALIDAD
Telde.- La Sección Segunda de la Audiencia de Las Palmas ha hecho pública la sentencia en la que condena a 13 años de prisión al vecino del barrio teldense de La Higuera Canaria, Juan Ramón Monzón, como autor de un delito de tentativa de asesinato. El hombre estaba acusado de haber puesto veneno en el puré para intentar matar a su esposa.
El fallo considera probado que el 15 de julio de 2013 introdujo veneno en la comida que tenía en la nevera su esposa, Dolores Suárez, a sabiendas de que se lo iba a tomar. Ella sólo ingirió tres cucharadas y aún así entró en coma. Salvó su vida gracias a la rápida intervención de los servicios de urgencia salvó su vida.
La Justicia estipula también en la condena que el hombre deberá indemnizar a la víctima con 40.000 euros y pagar las costas procesales. Además le prohíbe acercarse o comunicarse con ella durante un periodo de 23 años. La pena se ve incrementada por el agravante de parentesco.
Esta sentencia puede aún ser recurrida en el plazo de cinco días.
Insecticida granulado
La sentencia da por probado que era sabido por toda la familia, incluido su marido con el que llevaba más de 20 años, que ella llevaba un régimen alimenticio, que suponía que cocinara, únicamente para ella, puré, que preparaba para varios días y almacenaba en la nevera.
Por ello, el acusado, conocedor de que sólo ella iba a ingerirlo, “con el propósito de acabar con su vida”, molió insecticida granulado, basado en el principio activo denominado Aldicarb, usado para la agricultura y altamente tóxico, y, en una hora no determinada del día 15 de julio de 2013, lo vertió dentro del puré que Dolores guardaba en la nevera.
Ese mismo día, sobre las 21.30 horas, la mujer calentó una parte del puré y sólo comió tres cucharadas porque al masticar sintió como si tuviera tierra o semillas. Inmediatamente comenzó a marearse y acudió a casa de una vecina.
Una vez allí, la víctima comenzó a vomitar, presentaba diarrea y parecía salir espuma de su boca, procediendo los servicios sanitarios, tras presentarse en el domicilio de su vecina, a su traslado al Centro de Salud de El Calero, consiguiendo los sanitarios recuperar a la perjudicada mediante el suministro de antropina. Posteriormente fue necesario el traslado en una ambulancia medicalizada hasta el Hospital Insular, donde ingresó en la Unidad de Vigilancia Intensiva, diagnosticándole un cuadro de intoxicación, posiblemente por veneno.
Para poder sanar de la intoxicación, necesitó de intervención médica en el servicio de vigilancia intensiva del Hospital Insular. Tardó en curar 150 días de los que 7 estuvo hospitalizada, necesitando el resto de días periódica asistencia y tratamiento médico rehabilitador, estando la totalidad del período incapacitada para realizar sus actividades habituales. Se ha curado, pero le ha dejado secuelas.
Mala relación entre ambos
Durante el juicio los testigos reconocieron la mala relación que tenían entre sí, incluso llegaron a asegurar que el hombre creía que su mujer le era infiel.
Rebaja de la pena en un solo grado
La sentencia especifica que la pena se ha visto rebajada sólo en un solo grado, ya que la máxima condena para este tipo de delitos es de 15 años. Los jueces entienden que el hombre ejecutó todos los actos precisos para acabar con la vida de Dolores, ya que escogió un veneno muy potente, de elevada toxicidad, cuyo color, negro, se confundía con el del puré de espinacas que la víctima había preparado. Además, como afirmaron los peritos, el pesticida estaba granulado, considerando que el añadido al puré había sido molido, para, de esta forma, impedir que el mismo fuera detectado por Dolores.
El condenado dijo en el juicio que otra persona pudo envenenarla
El vecino del barrio teldense de La Higuera Canaria negó durante el juicio la pasada semana que echara carbamato (insecticida) en el potaje de la mujer con la que llevaba casi un cuarto de siglo conviviendo, y sugirió que había sido otro miembro de su familia.
Cuando su abogado defensor, Pedro Sánchez, le preguntó si alguien más que él tenía acceso al cuarto de aperos donde habitualmente guardaba el carbamato, respondió: “Mire, esa pregunta llevaba yo esperándola mucho tiempo; mucha gente tenía acceso al cuarto. No sé quien lo hizo, pero espero una investigación a fondo, de dónde ha salido todo esto”.
Admitió que en la época en la que Dolores S. S. fue envenenada sus relaciones estaban muy deterioradas. Dijo que ya ni se hablaban, y cuando la fiscal preguntó si ella trabajaba respondió con ironía: “Ella dice que trabajaba. Yo, como no lo vi, no lo puedo decir”. Minutos después de esta afirmación, uno de sus hijos declaraba que su padre había ido a espiar a su madre en el trabajo.
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