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La nevada 'apresa' a socios de El Casino de Telde

TA ofrece reportaje gráfico y crónica de la excursión por las presas y cumbre de la Isla

cojeda Domingo, 16 de Febrero de 2014 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD
Telde.- Cada año, llegado el invierno, un grupo de socios de El Casino de Telde efectúa un paseo por las presas de la Isla. En esta ocasión, les acompañó la segunda nevada de 2014 durante parte de su recorrido. TA ofrece reportaje gráfico y crónica de Jesús Ruiz Mesa.
 
Las sorpresas de la belleza natural de Gran Canaria en condiciones meteorológicas adversas
por Jesús Ruiz Mesa
El espectáculo paisajístico que se nos presenta en esta jornada, a este grupo de teldenses de la Ruta de las Presas, que anualmente hacen un recorrido por rutas emblemáticas de las Presas de Gran Canaria, este 15 de febrero se inicia la salida a las 09:00 desde el Parque de San Juan, y ya el cielo tomaba el tono plomizo de lluvia y fuertes bajadas de temperatura.

Excursión programada por las carreteras de la isla sobre los valles que estamos cruzando por el municipio de Agüimes, donde realizamos una primera parada para reponer fuerzas con un exquisito bocadillo de pata, bien “calientito”, una cervecita o un refresco, y guagua, a coger millas, carretera y manta, sobre todo manta por el intenso frío que nos aguardaba a medida que íbamos subiendo hacia la cumbre del macizo central, por los bellísimos caminos de nuestra isla madre. El termómetro, el viento racheado, muy frío, y el frente nuboso que se desplazaba de norte a suroeste nos anunciaba los curiosos fenómenos atmosféricos que nos iban a sorprender, en todos los aspectos, el físico, el mental, el espiritual y la grandeza de la naturaleza de nuestra climatología en sus peculiaridades más sorpresivas.

Cruzamos Temisas que se nos presentaba soleada orientada al suroeste, con un manto de arbusto bajo alfombrado en verde, resultado de la fuerza tabaibas, veroles, balos, pitas, cornicales, tajinaste blanco, vinagreras, que tapizaban las laderas de los barrancos, escarpados caprichosos de nuestra propia geología en este entorno de un efecto óptico de estampa natural muy bella. Bajando a la presa de La Sorrueda, ciertamente, con un nivel de agua muy bajo, en un extraordinario paisaje abrigado por la espectacular Caldera de Tirajana, en esta vertiente a un paso de la fortaleza de Ansite, que nos saluda con un esplendoroso arco iris, acompañándonos desde las últimas curvas de Temisas que quedaban atrás, y en dirección a Santa Lucia, Rosiana, Tunte, El Ingenio, San Bartolomé de Tirajana, que nos aparece de nuevo pasada la Cruz Grande. Sobre las cumbres, densas nubes bien cargadas de agua, se agarraban a las crestas rocosas dejando entrever, intermitentemente, a nuestra derecha, al otro lado de las laderas, la majestuosa mole de Risco Blanco.

Indicadores que a medida que avanzábamos y ascendíamos se manifestaron de acuerdo a lo anunciado, aire, viento racheado, frío, mucho frío, rachas de viento con granizo, lluvia a manta, una veces caía fina lluvia que te calaba hasta los huesos, de repente fuertes trombas de agua que impactaban contra los cristales de las ventanas de la guagua, en forma de granizo impresionante, precioso arco iris, niebla, y por fin nieve. Una nevada que recordaremos durante mucho tiempo por la inoportunidad de haber escogido este sábado de febrero, ruta que nos vimos obligados a cambiar por tráfico, en dirección a la cumbre desde Tejeda, debido precisamente a las complicaciones de conducir con los accesos a los niveles más altos de la cumbre de Tejeda, intransitables por la nieve caída.

En fin, menos rayos y truenos, tuvimos toda esa suerte de fenómenos climatológicos, supimos capear el temporal y apreciar in situ la sorpresa que sobre la piel de la isla, muchas veces lo he relatado, descubrimos el grupo de teldenses de la Ruta de las presas, que no dejábamos de exclamar y de admirarnos de la intensa belleza que presenciamos en nuestro tour invernal. Y mientras, porque no fue posible parar en muchos de los puntos que teníamos previsto, degustando buen chicharrón de oreja de cerdo y otros manjares que el amigo Matías Jiménez nos preparó para la ocasión.

Iniciamos la bajada a la presa de Chira dejando a ambos lados de la carretera verdes pinares y la imposibilidad de ver las alturas que bordean esta parte de la cumbre a nuestras espaldas, cruzamos Cercados de Araña, el tiempo no arreció, la lluvia que caía no nos permitió recorrer el perímetro y entorno de la presa, aunque presentaba un nivel de agua medio, no llegaba a los niveles que en otras ocasiones por esta época hemos podido ver, los surcos de los cercados próximos bien empapados. De regreso de Chira tomamos dirección Ayacata, bellísimo centro que hasta hace unos días presentaba un blanco floreado de los almendreros en flor, flores que ya se habían desprendido de sus ramas y hojas por el agua caída y los vientos. Paradójicamente, el blanco de la flor del almendro, un poco más arriba, se cambiaba por el de la nieve. Carretera bordeada de turistas, visitantes, deportistas, senderistas bien pertrechados para soportar el frío que a partir de aquí se hacía más patente, sobre los cuerpos que se escondían bajo gorros, bufandas, botas, chubasqueros, poco menos que la vestimenta apresky de las clásicas y conocidas estaciones de sky y alta montaña, como pudimos comprobar poco después.

Bordeando esta lado de la cumbre, pasando al pie de los inmensos farallones que bordean, como catedrales, esculturas naturales que la propia geología, erosión y el tiempo han labrado sobre el basalto que se elevan convertidos en fantasmagóricas formas, iniciamos el ascenso a Tejeda, y en el lateral del camino que da a los acantilados del valle inmensas torrenteras de agua caían desplazándose bajo los puentes o cruzando de un lado a otro, para desembocar al fondo del barranco, que así se podrá ver en estos días sucesivos, con las posibilidades de que corran en estas profundidades de los hermosos fondos de barranco que rodean esta caldera de Tejeda, si persisten las lluvias.

En un restaurante de la entrada a Tejeda hicimos la gran parada para reponer fuerzas, con un almuerzo de confraternización, variada oferta gastronómica, suculenta y caliente comida, como el potaje de berros con gofio, regado con buen vino, que muchos nos metimos entre pecho y espalda, y entre plato y plato, brindis por la buena compaña, la buena marcha de la aventura hasta este punto geográfico, sin parar de observar las sorpresas que bajo esta bruma cumbrera no cesaban. Por ejemplo, la tremenda granizada que dejó el patio, mesas y sillas del restaurante de una capa de blanco granizado cristalizado, que acabo en las palmas de las manos de los comensales, posar para la foto de rigor y testimoniar lo que estábamos presenciando, el discurrir de los torrentes que entre las bajadas, escaleras, patios y sobre las techumbres de las casas caían sin cesar.

De hecho en todo el camino hacia la vertiente norte alfombrada de un intenso verde, cubierto de nieve, pinos por cuyo tronco y ramas discurría el agua que no paraba de caer, pudimos ver verdaderas cascadas y tremendos saltos de agua, que discurrían con fuerza entre las profundas grietas y resquebrajaduras de las altas laderas que caen desde los altos de Tejeda, Artenara, Tamadaba, pinos de Gáldar, bajando por Juncalillo, Fagajesto, Caideros, Gáldar, para tomar la autovía en dirección norte-sur en nuestro regreso a Telde.

Parada en Juncalillo, envuelto en una espesa bruma, para echarnos un café calentito, una tortilla de carnaval con miel, ir reposando la experiencia que a medida que descendíamos, dejábamos atrás, y entre risas, bromas, chascarrillos, chistes, algún que otro canto a capela, pasamos a disfrutar de otro paisaje encantador, la bajada por Fagajesto a encontrarnos con Gáldar y su montaña, tras la que se extendía un horizonte de encrespado mar que llegaba a la costa norteña con un fuerte oleaje, que, igualmente, se extendía por todo el litoral capitalino y en dirección sureste.

Una inolvidable experiencia excursionista, aunque las perspectivas climatológicas, quizás no fueran las más adecuadas, siempre se pensó en interrumpir la ruta programada, como así sucedió por la seguridad del viaje. No llegamos a alcanzar la Cruz de Tejeda, y bajar por Valleseco, porque a estas alturas los accesos fueron cortados, en ambas direcciones debido a la cantidad de nieve acumulada, teniendo que girar hacia Artenara, para bajar por el Municipio de Gáldar. Posiblemente aumente en estos días la afluencia de visitantes que acceden a la cumbre para gozar de estas vistas, siempre con las máximas precauciones y respetar las señalizaciones, informaciones sobre la meteorología y sobre todo, precauciones al conducir sobre superficies viarias bajo estas condiciones de nieve y heladas.

Es la segunda vez en este invierno que se repiten las precipitaciones en forma de nieve sobre nuestras cumbres, originando, especialmente, un bello espectáculo de esta naturaleza. El anticiclón de las Azores se ha desplazado más al sur, provocando que lleguen hasta estas latitudes oscilaciones anormales y bruscos descensos de temperatura, debido a corrientes de chorro polares, muy frías, provocando fuertes vientos, y precipitaciones en forma de nieve en bajas cotas. Imágenes que nos llegan desde los informativos de las altas crecidas de ríos, pantanos, embalses, el violento y catastrófico efecto de estos fenómenos meteorológicos, por cambios en las altas capas de la atmósfera, avisos de los cada vez más seguros efectos del cambio climático por el efecto invernadero, pero que algunas imágenes dejan ver la realidad de la ficción de algunos guiones cinematográficos a que se refieren. El hecho es que en Europa, la costa este de Estados Unidos de América, las imágenes son devastadoras. Por ahora, continuemos con el encanto de nuestra interesante gira, como decíamos en otro tiempo, por el continente en miniatura que es nuestra isla, llena de emotivas sorpresas, con un grupo de gente, teldenses, con ganas de profundizar en la versatilidad de nuestros paisajes, esta vez, intensamente por todo lo relatado.

El agradecimiento a Fernando Santana Rivero que controló el tema en toda la ruta con sabiduría y experiencia en estas lides, así como la profesionalidad, saber hacer y tomar decisiones seguras en toda la ruta del conductor Pedro Ramos, de transportes La Pardilla, un excelente profesional y persona en toda regla.

Compañeros, un cordial saludo a cada uno por haber compartido este día. Amigos, teldenses, enhorabuena por la sabia decisión de emprender anualmente esta aventura desde nuestra ciudad, donde el Faycán y las torres de la Basílica de San Juan de Telde, nos despidieron y al regreso nos recibieron, desde nuestra memoria cargados de nuevas emociones para recordar, tocar y conocer la piel de nuestra isla. De vez en cuando es reconfortante, meterse en lo profundo de su cuerpo, de sus barrancos, subir a sus cumbres, sentir el latido de sus pueblos, de sus gentes, y divisar una de las naturalezas más bellas que, se lo puedo asegurar, existen en este mundo, por las diferencias paisajísticas y climatológicas que en tan corta dimensión podamos apreciar y disfrutar. Y si no juzguen por las imágenes, que esta vez no son de las más depuradas y coloristas, que hubiese deseado, por lo propio de las circunstancias en que fueron captadas. Tomen precauciones si suben a nuestras cumbres o acercarse al litoral. Hasta la próxima y buena suerte. Muchas gracias.
 
Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.
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