Algo de paranoia se vive en el Ayuntamiento de Telde. Y si no, lean lo que les vamos a contar y ya nos dirán si tenemos razón o no. Resulta que una concejala del aminorado Gobierno, a la que le ha tocado en suerte lidiar con Personal después de la última remodelación promovida por la Alcaldía, tras la espantada de Ciuca, temió que en su nuevo despacho en las oficinas municipales de San Juan hubiesen micrófonos espías.
Sin desmelenarse, la edila, a la que la Junta de Gobierno le endosó este martes más delegaciones y ella está tan a gusto con sus nuevas responsabilidades, llegó a reclamar que la oficina sanctasanctórum hasta el 27 de noviembre de Guillermo Reyes, el hombre fuerte de Ciuca que anda como ave sin nidar desde que ya no coordina, fuera inspeccionada por efectivos policiales para tener la certeza de que sus antiguos okupas no dejaron por allí artilugios ocultos de grabación.
La cosa no llegó a más porque sus propios compañeros de partido le hicieron ver que no había necesidad de revisar nada. Ciuca no es de fiar para el PP después de lo que va proclamando a los cuatro vientos Guillermo Reyes cuando aún no hace un mes que comían en el mismo plato, pero no hasta el extremo de creer que los hombres y mujeres de esta plataforma vayan colocando micrófonos a diestro y siniestro. Para enterarse de lo que ocurre en el Consistorio ya cuentan con sus propios correveidiles, que haberlos haylos, y no necesitan de artilugios tecnológicos.
Y es que el Gobierno no está para estas pequeñeces cuando lo que tiene por delante son asuntos de mayor calado, entre ellos buscar los apoyos políticos suficientes para no quedar en evidencia pública si llega a perder la votación plenaria sobre los presupuestos municipales para 2014.
Algún respaldo ya debe tener asegurado de ediles de la oposición porque, la verdad sea dicha, a la alcaldesa Castellano y a su séquito de concejales, no se les ven muy preocupados. Entre los que no tienen competencias de gobierno hay quien le ha cogido tanto gusto a merodear por la Alcaldía que llega a las reuniones de la Junta de Gobierno antes que los propios miembros del pacto bipartito. Allí se halla a plena satisfacción a juzgar por el tiempo que permanece de cháchara en la estancia de la Presidencia de la Corporación local, mientras espera el inicio de la sesión.
Y es que a lo mejor espera tener pronto su minuto de gloria, aun cuando para ello se tenga que renunciar a ideas y planteamientos que chocaban de frente con los que hasta hace apenas unas semanas eran sus enemigos políticos acérrimos. "Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras".




























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