AGUSTÍN ARENCIBIA
Se puede entender que cuando alguien se cría condicionado por el rencor hacia el adversario y con la venganza como motor vital, deriva en una importante distorsión de la percepción de la realidad. Así se construyen relatos que despiertan, como mínimo, el asombro. El diputado no electo Pablo Rodríguez y su injerencia en el debate interno, no resuelto, en una organización nacionalista a la que me digno pertenecer es ejemplo de esa perversión cognitiva agravada por la más absoluta subjetividad interesada.
De la cuestionable acción política del protagonista poco hay ya que decir que no se sepa; que con los dos ediles obtenidos prefirió en 2011 sostener a un Partido Popular que ya había enseñado sus dientes neoliberales con sus voraces políticas contra los más débiles, con su ausencia total de proyecto social e infectado de corrupción hasta las cejas, es un hecho incontestable.
Que Pablo Rodríguez fue clave para que volvieran a las Casas Consistoriales de Telde los protagonistas de prácticas que todos queremos olvidar, ya no es una apreciación particular, es un hecho tan claro y objetivo como que en números, presentados públicamente hace unos días, el 2011-2015 puede suponer el remate definitivo a la institución municipal.
Con su política de cartón piedra 2.0 contribuyó decisivamente en nuestra ciudad al abandono de políticas para la reactivación del empleo, a la falta de soluciones contra la pobreza, a la desidia frente a la dinamización económica del municipio… dejándonos como herencia su nepotismo más rancio en Gestel, la farsa de Telde Ciudad Europea del Deporte con clubes abandonados e instalaciones completamente deterioradas, el sórdido avance del PGO con una inexplicable expansión urbanística que no obedece precisamente al interés general, un Plan de Ajuste que supuso la asfixia económica de la ciudadanía y los empresarios, y, para aderezarlo todo, con un endeudamiento injustificado que ha arrasado las arcas públicas incrementado en 44 millones de euros.
Lo de su intención última de querer borrar su nefasta gestión y su desgobierno raya el sonrojo, con una espectacular campaña electoral marcada por un narcisismo extremo, y una lista electoral determinada por el transfuguismo y el populismo más descarado, denotando sus particulares criterios y realizando un ejercicio excelso de nueva política y de ‘nacionalismo’. De poco le sirvió viendo los resultados. Siendo serios, tal visión de las cosas no puede más que enmarcarse en la bufonada que define su posición política.
Nueva Canarias no nació para enfrentarse a nadie. Tener que explicarle a un diputado tal cuestión es motivo suficiente para replantearnos un sistema que permite que tengamos representantes públicos con semejante capacidad. En ninguna hemeroteca consta intención de esa índole, aunque eso sí, tras muchos intentos de acercamiento algo ha quedado refrendado, y es que con ATI poco o nada se puede hacer. Su insularismo recalcitrante, su deriva neoliberal en contra del estado social y su folclórico nacionalismo apoltronado sobre una ley electoral canaria antidemocrática e injusta que no quieren cambiar, justifica suficientemente el que desde nuestra libertad decidamos no compartir ningún proyecto de futuro con quien nos ha engañado de forma recurrente.
Concurrimos a donde haya que concurrir, y lícito será que lo hagamos con quienes decidamos, y, por supuesto, con quienes estén dispuestos a compartir objetivos siempre con el interés del pueblo como premisa innegociable. Con la CC que se presenta genuflexa ante su majestad, presumiendo de representar a todos los canarios siendo la tercera fuerza en número de votos, pocos anhelos nos quedan que compartir. Ni los desmanes sobre nuestro REF, ni la financiación autonómica que ATI y el Partido Popular han pactado, ni los graves desequilibrios que ha causado entre las dos islas mayores, ni mucho menos que se pretenda que nos sumemos al austericidio que aboque al desempleo y a la pobreza más absoluta a los canarios.
Así que, desde el respeto más absoluto, no aceptamos lecciones de quien tanto daño ha causado cuidando sólo sus propios intereses.
Agustín J. Arencibia Martín es miembro de las Ejecutivas nacional y local de Nueva Canarias.

























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