Amigos, les comunico que en la tarde del sábado 22 de Agosto lo pasé muy bien en la Iglesia de la Concepción de Jinámar celebrando mis 50 años de la primera misa. Puedo decir que, aunque Jinámar no me vio nacer, sí me vio crecer a partir de los 3 años siendo ese el lugar donde poco a poco me sentí llamado a ser cura.
Oye, les aseguro que crecí entre piconeras cazando conejos y pájaros junto a plantaciones de algodón, higueras, naranjos, y parrales rodeado de millo y de tomateros y huyendo siempre de las terribles y quemonas tabaibas de las que tanto habla el padre Báez en sus escritos deseando quemarlas a todas por su efecto dañino…
Oye, les digo que aun hoy recuerdo aquel tiempo en que yo me acercaba a la gran Sima de Jinámar donde muchas veces tiré piedras escuchando su retumbar cuando iban llegando al fondo…
Sí, puedo decir que aquella sima tuvo y tiene todavía historia por ser el lugar donde en la época franquista se arrojó a personas sólo por tener ideas diferentes.
Te cuento que aun recuerdo aquella vez que, siendo yo pequeño, encontré una llave de casa en el borde de la misma Sima, no dudando que aquella misteriosa llave era de alguna persona lanzada en aquel agujero lleno de maldiciones. Es por ello que en la misa del sábado anuncié que en noviembre fijaremos una fecha para en el lugar celebrar la santa misa por todos los caídos en aquel infierno.
Amigos, les confieso que fue algo grande celebrar el sábado 22 con muchos amigos el 50 aniversario de mi primera misa que canté en el año 1965. De verdad que todavía recuerdo al párroco D. José Pérez Mendoza, aquel gran hombre de Valleseco que me llevó al seminario.
Te puedo decir que el pueblo de Jinámar tiene historia para escribir un buen rato, no sólo por ser llamada en el 36 Rusia la Chica, sino por sus tierras donde destacaba siempre la finca del Conde y otras como la finca de Juan Ascanio, la finca de Luis Navarro, la finca de Luis de la guardia, el Cortijo de S. Ignacio, y la finca de Gallego donde, antes del año 40, había en el lugar un cuartel de aviación…
Amigo lector, ayer recé con gusto por el cura D. José Pérez Mendoza y di gracias a Dios porque fue él quien me llevó al seminario. De verdad que él era un todo terreno formando a mucha gente en la escuela que había montado junto a la Iglesia. También tengo recuerdos buenos del profe Sr. Manzano y del gran Panchito Torres que vivía en Lomo Pelado, aquel que habilitó la cocina de su casa para hacer una escuela donde cabíamos unos 20 pequeños que íbamos de mañana a aprender su sabiduría admirando siempre el arte que tenia de fumar con su histórica cachimba enseñándonos con paciencia a sumar, restar, multiplicar y a escribir.
Amigos, les digo que aun recuerdo nombres célebres de Jinámar como Juanito el pastor, Pepito María el taxista, Juanito fleitas, Pancho el burro, Tomasito el panadero, Pablo Marichal, el amigo Mudo que tocaba las campanas, Manolito el chícharo, aquel que vendía picón, Salvadorito el Barbero, Juanito el guardia, Alfredo el sastre, Pepe Fleitas y a los hermanos Riveros que con su bar alegraban bien de mañana a muchos bebedores...
Desde este espacio agradezco a todos los amigos que el sábado estuvieron en la misa aniversario de bodas de oro rezando por mi y felicitándome por los 50 años de sacerdocio animándome a seguir remando en la vida sacerdotal hasta que Dios Padre me llame a gozar con El para siempre.
Francisco Martel es sacerdote y párroco.

























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