Llevo unos cuantos días en estas dos últimas semanas viendo las etapas de alta montaña del Tour de Francia, que hoy tendrá como justo ganador (es su segundo Tour) al británico de 30 años Chris Froome, del equipo Sky, a pesar de los aprietos a los que sometió en la última etapa de montaña, que acabó en el Alpe D'Huez, el colombiano de 25 años Nairo Quintana, enrolado en el equipo MoviStar, que acabará hoy segundo de la general en la meta de los Campos Elíseos, separados tan sólo por 1 minuto y 12 segundos después de estar luchando como titanes durante 21 días por todo tipo de carreteras, recorriendo 3.656 kilómetros, de los doce etapas fueron de media y alta montaña, con nada menos que 2.280 kilómetros. El podio lo completará merecidamente el español Alejandro Valverde, también del equipo Movistar.
Siento admiración y respeto por esos titanes de la bicicleta, capaces de practicar un deporte tan sacrificado porque, salvo dos días de descanso (el lunes 13 de julio y el lunes y el martes 21 de julio), no se han bajado de la bicicleta durante veinticuatro horas seguidas.
Ese respeto y admiración que siento por los ciclistas que hoy acabarán el Tour de Francia en los Campos Elíseos, y por los que abandonaron la ronda francesa, casi siempre como consecuencia de caídas, se transforma en desprecio, rechazo e indignación contra todos los sinvergüenzas políticos, funcionarios y empresarios metidos en la corrupción.
El pasado miércoles 22 de julio se hacía público que el Magistrado-juez Eloy Velazco, titular del Juzgado Central de Instrucción Nº 6 de la Audiencia Nacional, en las Diligencias Previas Nº 85/2015, conocidas como “caso Púnica”, dictó el Auto de la misma fecha por que acordaba el levantamiento del secreto de la causa principal, dejando una parte de la instrucción en una Pieza Separada, que aún nos deparará más sorpresas por la detención e imputación de más sinvergüenzas que se dedican a la vida pública.
Ese levantamiento del secreto de las actuaciones judiciales nos ha permitido ir enterándonos de los pormenores de la investigación a través de los medios de prensa, que publican distintos detalles de las conversaciones y otras pruebas que señalan la podredumbre personal de estos noventa y dos sinvergüenzas que hasta el momento están imputados. Aparecerán más muy pronto. Todos ellos estaban movidos por el pelotazo y el enriquecimiento cogiendo atajos ilegales.
El sumario del caso Púnica es una compleja red de negocios de distinta índole que fueron pagados con dinero público y basados en los delitos de tráfico de influencias, el cohecho, la prevaricación y la malversación de fondos público.
La presunción de inocencia establecida en el artículo 24.2 de nuestra Constitución protege a estos indecentes y nos prohíbe llamarles delincuentes, chorizos o ladrones, porque aún no han sido condenados por ningún tribunal y que la sentencia que les condene sea firme y no admita más recursos.
Las grabaciones telefónicas a los que fueron sometidos los sospechosos de esta trama, empresarios, funcionarios y políticos de esta trama corrupta, nos ha permitido enterarnos que la mayoría eran políticos del PP, pero también aparecen políticos del PSOE, lo que demuestra que la indignidad de la corrupción no tiene siglas.
Desde el levantamiento del secreto del sumario y durante los próximos días y semanas nos seguiremos enterando de distintos detalles de la mierda de la corrupción de este caso Púnica.
Entre las muchas sorpresas conocidas hasta ahora está la que afecta a la Comunidad de Valencia. Resulta escandaloso que con tantos políticos del PP de esta Comunidad imputados, acusados o condenados por corrupción, que pertenecían a muchas administraciones públicas de ese territorio, hasta hace escasamente unos meses se pudiera estar hablando de financiar ilegalmente la campaña electoral del PP del pasado 24 de mayo en esa Comunidad Valenciana. Se entiende así que los ciudadanos acabaran hastiados del PP y les echaran del Gobierno de la Comunidad y del Ayuntamiento de Valencia, entre otras administraciones.
Resumiendo, no existe mayor antagonismo al rechazo de la corrupción de este país que el respeto y la admiración que podemos sentir por los ciclistas que hoy acaban el Tour de Francia, por poner un ejemplo.
Ismael Rodríguez es abogado y articulista de TELDEACTUALIDAD.


























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