A nadie le espanta estas cifras. 580.000 personas bajo el umbral de la pobreza en Canarias según la memoria de Cáritas del 2014. El perfil del demandante es una mujer de cuarenta años con hijos a cargo. De los catorce mil personas atendidas sólo en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, 61% son mujeres y 52% hombres entre 30 y 49 años, es decir, en plena edad laboral. Sin embargo, las grandes fortunas son cada vez más grandes y los ricos cada vez más ricos.
Añade la secretaria de organización de Cáritas, Fátima Díaz, que el turismo, industria casi única en el territorio, se muestra como ineficaz para solucionar los problemas económicos en las islas. El dudoso beneficio del turismo, que tanto nos venden los interesados, es sólo sinónimo de riqueza para unos pocos. Los canarios trabajan de camareros o dependientas, y son cada vez más pobres, con turismo y sin él.
En cambio, los grandes lobby turísticos sí que han aumentado su riqueza. 
Continúa Cáritas en su memoria que trabajar en la situaciones de explotación y precariedad que existe hoy en día no ayuda a salir de esta situación social deplorable. El 64 por ciento de los atendidos no tiene formación. No obstante, el tener formación no implica conseguir un empleo ni que este te garantice el salir de la miseria.
 Mientras el Gobierno se empeña en convencernos de que la situación económica ha mejorado y el desempleo ha descendido. La secretaria de organización de Cáritas lo dice bien claro: hay que erradicar la idea equívoca de que el desarrollo social y el de las personas está ligado al crecimiento económico. A veces, como sucede en Canarias, es casi siempre lo contrario.

Lo peor de todo que en dos meses y medio las ayudas de emergencias se agotarán. El soporte de las familias está llegando a su fin. La pobreza, la precariedad laboral y la desigualdad son ahora mismo nuestras grandes bestias negras. Mientras, el Gobierno entrante en Las Palmas se plantea abrir comedores escolares durante el verano para dar de comer a niños hambrientos. Una tirita minúscula para una herida sangrante.
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.


























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