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El fin de un ciclo político (I)

cojeda Domingo, 26 de Abril de 2015 Tiempo de lectura:

Los que ya somos mayores pero que en nuestra juventud vivimos con alegría el final del franquismo y la llegada de la democracia, somos plenamente conscientes de que nos encontramos al final de un largo ciclo político que nació con la aprobación de la Constitución de 1978.

 

Con la muerte del dictador Franco (20-11-1975), las Cortes Franquistas se hicieron un harakiri, porque con la Ley 1/1977, de 4 de enero, para la Reforma Política, que fue aprobada el 18 de noviembre de 1976 con el apoyo de 435 de los 531 procuradores (81 % a favor) y sometida posteriormente al Referéndum del 15 de diciembre de 1976 (con una participación del 77 % del censo y un 94,17 % de votos a favor), aceptaron disolverse para proceder a la elección de unas Cortes Constituyentes. El principal promotor de la Transición fue el ya fallecido ex presidente Adolfo Suárez, que también cumplió con su compromiso legalizando al PCE.

 

Con todos los partidos legalizados, el 15 de junio de 1977 se celebraron Elecciones Generales, y, sorprendente, la derecha franquista no arrasó. La UCD ganó con 165 diputados, PSOE 118, PCE 20 y AP 16.

 

Estas serían las Cortes Constituyentes, que tenían como objetivo la redacción de una nueva Constitución, su ratificación por la ciudadanía a través de un referéndum y la posterior disolución.

 

La Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas del Congreso de los Diputados nombró una Ponencia de siete diputados, que elaboró un anteproyecto de Constitución. Estas siete personas, conocidas como los “Padres de la Constitución” fueron: por la UCD, Gabriel Cisneros, José Pedro Pérez-Llorca y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón; por el PSOE, Gregorio Peces-Barba; por el PSUC (PC), Jordi Solé Tura y por el Pacte Democràtic per Catalunya, Miquel Roca i Junyent.

 

Aprobado el texto constitucional por el Congreso el 21 de julio de 1978. A continuación, se procedió al examen del texto del Congreso por la Comisión Constitucional del Senado, y el Pleno del mismo órgano. La discrepancia entre el texto aprobado por el Congreso y el aprobado por el Senado hizo necesaria la intervención de una Comisión Mixta Congreso-Senado, que elaboró un texto definitivo. Este fue votado y aprobado el 31 de octubre de 1978 en el Congreso.

 

Sometido a Referéndum, fue ratificada el día 6 de diciembre de 1978, siendo así la única constitución de la historia de España que ha sido refrendada y aprobada por el pueblo español mediante referéndum. La Constitución fue sancionada el día 27 de diciembre por el entonces rey Juan Carlos I, y publicado en el BOE el 29 de diciembre (se evitó el día 28 por coincidir con el día de los Santos Inocentes, tradicionalmente dedicado a las bromas).

 

Parecía que con la entrada en vigor de la Constitución se acababa el ciclo político del franquismo, pero los hechos que sucedieron en los siguientes dos o tres años se mostraron en demostrarnos que no fue así.

 

En las Elecciones Generales celebradas el 1 de marzo de 1979 volvió a ganar la UCD (168 diputados). Pero la UCD, más que un partido político, era una asociación de distintas y diferentes familias del tardo-franquismo, que acabó por desmoronarse y forzar la dimisión de Adolfo Suárez. Las traiciones y deslealtades que sufrió fueron muchas.

 

En el Pleno del Congreso de los Diputados que se celebraba el día 23 de febrero de 1981, para elegir a quien sería su sucesor, Leopoldo Calvo Sotelo, el Teniente Coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, que junto con los Guardias Civiles que le acompañaban, fueron los arietes de los que realmente estaban detrás de ese golpe contra la democracia.

 

Se superó el golpe de Estado, pero a los ciudadanos nos vendieron una versión de los hechos sucedidos en esas fechas que no se corresponden con la realidad.

 

Esta es la respuesta de la periodista Pilar Urbano, autora de 'La gran desmemoria', libro dedicado a Adolfo Suárez, a una pregunta que le hizo el periodista Miguel Ángel Mellado el 30 de abril de 2014, y que fue publicada en el periódico El Mundo:

 

Pregunta: “O sea, que Suárez acusa al Rey de promover el golpe de Armada”.

Respuesta: “Para Suárez está clarísimo ya en ese momento que la Operación Armada nace en Zarzuela y que el alma es el Rey: que don Juan Carlos es el muñidor para que Armada sea el presidente de un gobierno de concentración. Incluso que el mismo Rey conocía el Gobierno que el golpista tenía preparado. Un Gobierno en el que, entre otros, Felipe González iba de vicepresidente. En el transcurso de esa conversación con tono elevadísimo, Suárez alaba el comportamiento digno del «pobre Guti, un anciano, cuatro huesos», y critica, en cambio, al «otro», «a gatas debajo del escaño», refiriéndose al presidente a punto de ser investido, Calvo-Sotelo. Pero el clímax de la pelea verbal se alcanza cuando Adolfo advierte al Rey lo siguiente: «Quiero revocar mi dimisión. Traigo un estudio jurídico constitucional del proceso...». Y saca el folio del bolsillo y lo despliega ante el Rey. Le anuncia que piensa hacer depuraciones en el Ejército, llegando hasta donde haya que llegar. «Me estás amenazando, so cabrón? ¿Te atreves a hablarme de responsabilidades a mí? ¿Tú... a mí? Mira -le dice el jefe del Estado-, ni tú puedes retirar ya la dimisión ni yo voy a echarme atrás en la propuesta de Leopoldo. ¿Todavía no te has enterado de que ha sido a ti a quien le han dado el golpe? A ti, a tu política, a tu falta de política, a tu pésima gestión. ¿Responsabilidades? ¡Tú eres el auténtico responsable de que hayamos llegado a esto!». El rifirrafe entre los dos continúa y se despeña hasta el punto de que don Juan Carlos le dice: «O te vas tú o me voy yo», no sin recordarle que no podrá formar ningún gobierno de unidad «porque nadie va a querer ir contigo... Políticamente estás muerto. No revoques tu dimisión. No intentes volver. Tienes que saber poner punto y final a tu propia historia». Viéndolo así, en pie, con el uniforme de capitán general y al otro lado de la mesa, Suárez se da cuenta, según él mismo contaba después, de que ese señor imponente que tiene delante es el Rey. «Junto los talones, doy un cabezazo, paso al usted y le presento mis excusas: "Disculpe, Señor, me he excedido"». Larky, el perro, esta vez no atacó al indignado visitante”.

 

http://www.elmundo.es/cronica/2014/03/29/53369a7ae2704e2e078b456e.html

 

Ismael Rodríguez es abogado y articulista de TELDEACTUALIDAD.

 

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