Amigos de Teldeactualidad, les aseguro que me mosquean algunos cristianos cuando me dicen que nunca tienen dudas en el camino de la Fe. De verdad que hay algún cabezudo que olvida que estamos todos de camino con noches y días y que la duda es parte del camino del creer en Dios. No se asusten cuando les digo que yo mismo camino a veces a oscuras y que le digo al Maestro también: ¿Dónde estás que no te veo? ¿Me puedes decir por qué este enfermo no recibe visitas en este Hospital Negrín?
Oye, yo creo que la fe es como una llama sacudida muchas veces por el viento que parece que la apaga en las noches de la vida donde caminar sin Fe es caminar sin brújula y sin poder hacer frente a los terremotos que nos van llegando en la familia que se rompe, en enfermedad que entra sin avisar, en las dudas que quieren convivir con nosotros más de la cuenta.
Oye, te aseguro que me hace bien el estar con personas de Fe, con gente que lo ha pasado mal cayendo en la misma miseria… Cómo recuerdo con frecuencia al amigo Lucas cuando nos visitaba en el Seminario de Tafira y se ponía junto al Santísimo rezando abiertamente al Señor y diciéndole: Maestro, ¿dónde estás que no te veo? Dime porqué mi Iglesia se enrolla tanto y se aleja de los pobres, cosa que tu nunca tu hacías? Oye, te confieso que a diario en el Hospìtal Negrín oigo preguntas muy fuertes sobre el Dios que parece estar ausente. Sí, te aseguro que a pesar de los caminos oscuros yo sigo creyendo que el Resucitado rompió los esquemas humanos y nos dejó el suyo cuando nos dijo que El era el camino, a verdad y la vida. Tu sabrás que la enfermedad siempre provoca y nos hace caminar por caminos nuevos.
Amigo lector, relee el evangelio de estos domingos lentamente para que veas hasta el gran morrudo Tomás envuelto en noche oscura y cómo el buen Jesús le ayuda a salir de su incredulidad. Te cuento que todavía recuerdo la discusión que mantuve con un psiquiatra hace años por querer él impedirme el ver y charlar con un enfermo psíquico. De verdad que me di cuenta que yo ese día estaba delante de un pobre hombre lleno de conocimientos psíquicos de la persona, pero seco en el terreno del valor de la Fe en el ser humano.
De verdad que el verdadero médico para mí es aquel que respeta los distintos campos de la persona humana, cosa que si no lo hicieran, serían para mí unos deficientes que necesitarían hacer algunos cursillos para entrar en materia.
Francisco Martel es párroco y sacerdote.


























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