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2014, un año para olvidar. 2015, el año del cambio

cojeda Domingo, 28 de Diciembre de 2014 Tiempo de lectura:

Afortunadamente quedan tres días para acabar un año en el que los ciudadanos por fin acabamos mostrando públicamente nuestro hartazgo e indignación contra los recortes sociales y laborales, el incremento de la pobreza, los desahucios, el paro, los contratos basura, los privilegios de unos pocos, las puertas giratorias y, especialmente, la corrupción de la clase política y, de forma particular, la del PP y PSOE.
 
Durante los últimos treinta y dos años han gobernado este país el PSOE (en seis ocasiones) y el PP (en otras tres). Se han repartido el país y el poder como si fuera un patrimonio exclusivo de esos dos únicos partidos. Es lo que conocemos como el bipartidismo y la alternancia. A ambos partidos les ha venido bien este juego político, pero no así a los ciudadanos, especialmente desde el año 2010 hasta la fecha.
 
Negar que en algún momento se gestionara bien, sería injusto; lo mismo que lo sería negar que las únicas leyes de calado social se hicieron con el PSOE gobernando. Pero hasta ahí.
 
Los gobiernos del PP se han caracterizado por privatizar todo lo que ha caído en sus manos. Además, los gobiernos del PP representan y canalizan siempre las políticas económicas de las grandes empresas, de los sectores financieros y de los grandes patrimonios. En el apartado ideológico, los gobiernos del PP recogen la herencia del franquismo y del sector político y religioso más reaccionario de este país.
 
Cuando gobernó el PSOE se apartó políticamente de esas políticas reaccionarias. Sin embargo, desgraciadamente para los ciudadanos, cada vez el PSOE se ha asemejado más al PP en las políticas económicas, hasta el punto de que muchas de las leyes con transfondo económico la podían haber apadrinado de la misma manera tanto el PP como el PSOE.
 
Pero ese parecido o semejanza de los dos grandes partidos se ha llevado también al terreno de la corrupción y de las corruptelas.
 
Empezando por estas últimas, podemos recordar que entre los titulares de las tarjetas opacas de Caja Madrid, que saquearon durante años el dinero de los depositarios de la entidad financiera, había un gran número de militantes y ex altos cargos del PP y PSOE. En los órganos de las grandes empresas energéticas del país (eléctricas, petroleras, gasistas y renovables) están sentados hasta cuarenta y dos ex altos cargos del PP y PSOE, incluyendo a los ex Presidentes del Gobierno Felipe González y José María Aznar. No debería escandalizarnos si no fuera que muchas de estas empresas han sido privatizadas por ellos y han sido beneficiadas por incentivos y exenciones fiscales acordadas por los gobiernos del PP y PSOE.
 
Cuando hablamos de corrupción, hablamos principalmente de la corrupción del PP y del PSOE. Entre los dos partidos se reparten más del ochenta por ciento de los mil quinientos casos judiciales de corrupción política que se investigan o enjuician en los juzgados de todo el país.
 
Desgraciadamente para los ciudadanos, esa corrupción se ha instalado en todos los estamentos del país, incluyendo a la Casa Real. Y de ahí para abajo, en todos los poderes del Estado.
 
El reciente discurso del Rey Felipe VI fue más que una realidad, una “carta a los Reyes Magos”, porque como todo el mundo sabe, el Rey no tiene ningún poder ejecutivo y todo lo que dijo quedó en un brindis al sol y en una manifestación de buenas intenciones, porque esperar que los propios actores de la corrupción, PP y PSOE, se regeneren y hagan majo y limpio es mucho más difícil e improbable que alguien, que ni siquiera tiene una mísera participación, sea el ganador del primer premio del próximo sorteo de la Lotería del Niño.
 
De otro lado, el discurso optimista de Mariano Rajoy, que ahora repiten su claque y los medios de prensa afín, de que el 2015 es el año de la recuperación, vista la realidad de la calle, es una nueva versión del cuento de “Alicia en el país de las maravillas”. Mientras no se potencie el consumo y se ayude a los autónomos y a las pequeñas y medianas empresas, en este país nos seguiremos repartiendo las miserias de la precariedad.
 
Lo expuesto hasta el momento es el triste resumen de un año 2014, que ha servido para que los ciudadanos abramos los ojos, y que lo que antes eran las palabras de desaprobación individual de millones de personas, disconformes con lo que venía sucediendo en el país, ahora se haya convertido en un grito colectivo de “¡basta ya!”.
 
Ese rechazo y descontento colectivo se canalizó en las elecciones europeas del pasado 25 de mayo en un apoyo a Podemos, que contó con el respaldo de un 7% del electorado.
 
De mayo hasta la fecha, Podemos está creciendo constantemente con una subida mensual de un 3% en apoyos de los ciudadanos y ya se ha colocado como primera fuerza política del país en intención de votos. Las encuestas que se vienen publicando confirman la consolidación de Podemos como primera fuerza política, con casi un 30% en intención de votos de los ciudadanos.
 
Lo más probable es que Podemos siga creciendo y las diferencias con los dos grandes partidos, PP y PSOE, se sigan incrementando. Frente al crecimiento de Podemos, los que se benefician realmente del status actual, gobierne el PP o gobierne el PSOE, se han apresurado a salir de las madrigueras para pedir a ambos partidos que se coaliguen después de las próximas Elecciones Generales de 2015, para impedir con ello que la victoria de Podemos nos lleve al poder.
 
Esa alianza del PP y PSOE sería un matrimonio de conveniencia, y para que el mismo se produzca es necesario que los dos posibles contrayentes den el “si” de conformidad. El PP está rogando esa alianza, y el PSOE, por la boca pequeña, dice que “no” por el momento.
 
Pero ese matrimonio ya está pactado, como se hace entre las familias adineradas o en los países árabes. PP y PSOE llevan ya un tiempo cortejándose mutuamente. Acabarían en matrimonio, más por conveniencia que por amor y por mucho que duela a sus votantes (más a los del PSOE que a los del PP), en 2015 veremos a Mariano Rajoy y a Pedro Sánchez durmiendo en la misma cama, salvo que los ciudadanos lo impidamos votando masivamente a Podemos.
 
Es posible frustrar ese matrimonio de conveniencia porque Podemos crecemos a una media de casi un 3% mensual en intención de votos. Para los millones de ciudadanos hartos de PP y PSOE, 2015 será el año del cambio.
 
Ismael Rodríguez es abogado y articulista de TELDEACTUALIDAD.
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