Los numerosos casos de asesinatos de mujeres acaecidos en estos días no hace más que corroborar un hecho constatable: que la igualdad entre hombres y mujeres está aún muy lejos de hacerse realidad.
Digámoslo claro, el machismo estructural de una sociedad patriarcal como la nuestra, no se corresponde con un estado social y de derecho. Las leyes, en este caso, van por delante de una sociedad que aún no ha alcanzado su mayoría de edad. No se puede estar hablando de justicia, democracia o bienestar, por poner al caso, si la igualdad entre los ciudadanos, independientes de su sexo, no es real.
El micromachismo o el machismo encubierto abarca todas las esferas, no sólo a las clases más desfavorecidas sino que se encuentra en todos los estadios sociales. A nadie extraña las estadísticas que confirman que siendo las mujeres las que acceden mayoritariamente a la universidad y obtienen mayores títulos superiores , sean por el contrario, las que sufren el mayor desempleo.
Sólo hay que detenerse y observar el panorama político y comprobar que continua siendo esencialmente masculino. La cuestión por lo tanto no es la educación, sino permitir el acceso a las mujeres a cuotas de poder, y no me refiero a cabezas visibles, que quedan muy bien para la foto y para las campañas electorales, sino acceder a los puestos de dirección o a cargos intermedios.
Habría que preguntarse porqué, dada estas condiciones, en época de crisis el desempleo es esencialmente femenino, siendo la mujer la que ha vuelto mayoritariamente al hogar. La mujer, tradicionalmente, ejerció las funciones de cuidadora y responsable de la carga familiar, pues se creía que por razón de su sexo estaba más preparada al cuidado del hogar o de la familia. Hoy en día sabemos que este prejuicio sexista sólo sirvió a una ideología patriarcal que ahorraba de esta forma los costes que suponía pagar a un trabajador dentro del hogar. Lo que en un principio fue una necesidad histórica se convirtió en un axioma falaz del que aún no hemos despegado y del que no se cuestionan las verdaderas raíces y los intereses a los que sirve.
No es fácil ver el problema cuando no se vive en él, hace falta mayor amplitud de miras y generosidad. En nada ayudan las políticas igualitarias cuando las sociedad sigue estancada en el atavismo y la ignorancia. El sexismo y el machismo sigue formando parte de estamentos supuestamente democráticos. El hecho mismo de que la Real Academia defina el feminismo como “Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres” no es sino una prueba más de ello. El patriarcado triunfa de nuevo. Probablemente algunas de las escasas académicas protestó y se añadió como segunda acepción la definición correcta “Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres”
Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua Castellana y Literatura.
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