Sor Encarnación Arrizurrieta. Hija de la Caridad. Navarra. Toda una vida dedicada en Cristo, al servicio de los más pobres en tierras canarias. Ha emprendido en el Espíritu, senderos de plenitud hacia el corazón lleno de ternura del Padre. Alta, delgada, de inconfundible sonrisa, de palabra amable y dulce mirada; transparentaba desde su sencillez y candor el misterio de un interior encendido, pletórico y saciado de Presencia de Alguien de quien vivió enamorada toda su vida en su vocación Vicenciana: El Señor.
La tierra y los cielos canarios, son testigos de su inconfundible humildad, de su noble y generosa entrega durante muchos años y en distintos menesteres que le llevó la obediencia, en la atención a tantos niños y muchachos en el Internado de San Antonio, Tejeda, isla de La Graciosa, Lomo Apolinario etc. Y en sus últimos tiempos, dibujaba y pintaba unas hermosas “oraciones- bendiciones” propias de las almas santas que ya no buscan sino los senderos del Amado pregonándolo entre jóvenes, matrimonios, ancianos, hogares de acogida, vecinos cercanos a su casa, antiguos alumnos del Internado de San Antonio, Comunidad de Hermanas…. A todos regalaba con su sonrisa, la hermosa sorpresa de su tarea misionera en sus últimos esfuerzos, de su labor por el Reino.
Los Cristianos en estas fechas, recordamos el Sí de María, a hacer la voluntad de Dios. El Hijo de Dios expresó su Sí en ese gran misterio de Encarnarse en Jesús de Nazaret que nos regala la enseñanza de la Alegría del Evangelio con el testimonio de su palabra y de su vida entregada para rescatarnos en la Cruz y Resurrección, y hoy, su Espíritu, acompaña a su Pueblo por los senderos de la historia, donde todos, expresamos una alabanza de praxis y de vida en designios de eternidad.
Sor Encarnación dijo sí al Dios que le llamó a tan alta vocación de servirle en los pobres desde muy temprana edad. Su Sí de vida, se adhiera de forma “encarnada” en los débiles de la tierra, en las sendas, no solo en lo que ha constituido su carisma, sino en su intensa vida de oración - relacional con el Cristo-Enamorado; ella, sin decirlo, expresaba con su dulce mirada, su palabra tierna, inocente y sencilla, sus gestos imperceptibles, su delicada presencia….aquello que dijo Pablo: “Ya no soy yo, sino Cristo que vive en mí.”
Muchos niños de ayer, (hombres hoy) y de diversos lugares de la geografía canaria, que recibieron en momentos de dificultad histórica, los beneplácitos de sus gestos de caridad en atención diversas, le recordarán con gran ternura en lo profundo de sus almas y de igual manera, que aquellas Hermanas de la Caridad, sus compañeras con las que ha secundado el camino de San Vicente de Paúl, no tanto por ser “maestras “ sino por ser auténticas Testigos; que como el Señor, nos regaló su vida como polvo de harina, para ser hostia de amor, en el altar de la Vida.
Francisco Peña es vecino de La Garita.
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