En estos días el parlamento de España se reúne en sesión para consensuar el reconocimiento al Estado palestino. La comisaría europea de Relaciones exteriores dice que se propone ayudar a crear el estado palestino -Estado observador en la ONU- antes de cinco años y Suecia es el primer gobierno en reconocerlo. Al tiempo que hay un acercamiento internacional hacia el gobierno de Abbas, que no a Hamás, después de la invasión de la franja de Gaza y que como conocemos arrasó por todo incluidos seres humanos inocentes que son los que se llevan la peor parte. Casas, colegios, hospitales, mercados, plantas eléctricas... Todo en un mes de sangre y plomo fundido en sus corazones.
En esta parte del mundo nadie olvida ni perdona. Es demasiada historia reciente de vejaciones de una y otra parte, con un foco de conflicto permanente situado en el monte Moriah, que no es otro que el muro del templo, la explanada de la mezquita y los santos lugares católicos. El mapa de una extensión poco menor que un campo de futbol, está parcelada por religiones y no por etnias o culturas. Y este es el principal problema: la mezquita, controlada por Jordania, defendida por musulmanes árabes; el muro de las lamentaciones defendida por israelitas fuertemente armados y los santos lugares del catolicismo defendida por ortodoxos, monjes o frailes y el vaticano con una parte de responsabilidad
Jerusalén, ciudad incómoda por múltiples motivos, la seguridad es la norma se supervivencia: controles a los coches, inspecciones en las calles y callejones y si quieres acceder a la explanada también controles árabes y prohibiéndote la entrada si va a comenzar el rezo o está celebrándose.
Los asesinatos de los judíos en las calles de Jerusalén apuntan a una respuesta israelí que veremos pronto y el temor es casi una voz en alto, algunos analistas de la prensa israelí, ven en el horizonte la tercera Intifada. Si esto ocurre una vez más, es que nadie se pone de acuerdo: por un lado la autoridad Palestina y por otro Hamas. De una parte se pide cordura y de otra venganza, pues la venganza es un derecho cultural que parece mover a estos pueblos a saldar sus cuentas con la misma literalidad y el mismo entusiasmo que emana del libro de los libros, ese que usan los que se matan.
Historia común durante siglos en los mismos pastos, en los mismos valles, en las montañas o en las riberas del Jordan, en la costa mediterránea, la misma aguar para los dos pueblos y el mismo sol.
Desde mi punto de vista, el afianzamiento del Estado islámico, que ya actúa como tal con moneda, leyes y una liquidez económica que ya quisieran muchos países del mundo. Esta cantidad enorme de capital viene de los países árabes que juegan a dos bandas y también de los estados de occidente que hipócritamente venden armas a los islamistas. Estos se han retratado con decapitaciones masivas de soldados y civiles y han colgado en la red sus hazañas. El punto en el que ahora están las cosas puede ser el de no retorno.
Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.88