En las últimas elecciones europeas los partidos a los que otros partidos llaman xenófobos, racistas, fascistas o ultraderechistas, ganaron terreno en muchos países del norte de Europa. Los dirigentes de estos grupos revuelven la política a ver qué pescan y en el más reciente arrastre de la red trajeron hasta la orilla muchísimos pescados de todo tipo: desencantados, parados, oprimidos, acomplejados o simplemente intransigentes.
En Madrid y Alemania y Francia, se suceden los ataques a personas que no piensan igual o que no caminan con el mismo paso o que hablan de otra forma, por no decir que son de otro color. Alguien de entre los portavoces de lo que debe ser la democracia, llamó la atención sobre lo que sospechosamente se cierne sobre Europa, donde ven de nuevo el devenir del fascismo.
Evidentemente los grupos extremistas cumplen con los requisitos para entrar en el juego de las urnas y han sido sancionados por los padres de la democracia, que no son otros que los partidos socialdemócratas y demócratas cristianos. Lo que queda fuera de ese arco, de ese registro de las ideas, es sospechoso de perfidia al orden establecido.
Con la irrupción de Podemos, con la barrida en las europeas y con miras más altas en cuanto a política nacional, ha puesto nervioso a más de uno y están gritando por las esquinas lo malo que es el ideario del movimiento, los turbios intereses que lo mueven, las subvenciones de países donde el diablo tiene cuernos y huele a azufre y la no tan clara procedencia de muchos de sus integrantes: algo así de que no son de familia conocida.
En España los partidos hegemónicos, los que se perpetúan en el poder, como debe ser en un estado moderno, aunque con realeza que mantener, han manifestado su negativa a pactar o iniciar conversaciones con los líderes de Podemos. Y muchos medios de comunicación se han dado a la tarea de desprestigiar a los miembros de esta corriente desde sus múltiples opinadores y en algunos casos, desde su línea editorial.
En el punto de mira están sus apariciones en la TV Iraní de habla hispana y en las asesorías a la revolución venezolana, así como en sus actuaciones en las movilizaciones que han levantado a parte del estado del letargo político. Pero Podemos también tiene su talón de Aquiles y al ver el panorama político patrio ha optado por una prudente distancia de las municipales, no vaya a colárseles personal sensible de no respetar las reglas del juego, porque tal como está el país de empresario de guante blanco y de políticos mirando para otro lado, es peligrosa la coladera.
Sin ir más lejos en Canarias, la sola mención de la reforma de la constitución provoca una incomodidad tan grande que no paran de rascarse: el presidente del tribunal Superior de Justicia de Canarias jurando defender la constitución, como si fuera un bastión o un libro escrito por dioses, porque en vez de defender está el ayudar a comprenderla y en su caso aplicarla, pero desde la razón o la fuerza de las urnas. Con el programa político bajo sospecha y con sus militantes vigilados, a ver si pueden con ellos o caemos en la cuenta de que todo está pactado por los que no pueden.
Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.
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