El triunfo del Frente Popular, en febrero de 1936, y el estallido de la Guerra Civil, supuso una radicalización política en España. La supuesta neutralidad de Gran Bretaña ha quedado en evidencia por las memorias del primer ministro Winston Churchill, al afirmar que no podía apoyar a la II República al estar controlada por unos revolucionarios, que de ser él español se lo podían matar.
La intervención de los servicios secretos británicos en el "visto bueno" a la contratación del avión Dragón Rapide, evidencia la hipocresía de la supuesta neutralidad.
Es evidente que en las zonas que permanecieron leales a la II República, donde las colectividades anarcosindicalistas, controladas por la CNT, impusieron el comunismo libertario, se desarrolló un sistema económico poco apegado a la ley del mercado, lejos de la ambición capitalista, suplantando las pesetas por monedas con valor en panes.
Resulta chocante apreciar que muchas colectividades anarquistas fueron aplastadas por el PCE, siguiendo las directrices de Stalin, antes incluso que se produjera la victoria de los golpistas. Desde la II Internacional, con el enfrentamiento entre Bakunin y Marx, perduraban los dos caminos para llegar al comunismo, mediante la dictadura del proletariado marxista, y por la vía directa anarquista o comunista libertaria.
Felipe Enrique Martín Santiago es profesor e historiador.
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