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Hablar mal no es 'hablar canario'

Cristina Martes, 15 de Julio de 2014 Tiempo de lectura:

Últimamente estoy observando, no con cierta dosis de estupor y con mucha malaleche, como cada vez son más los populacheros, sobre todo con ínfulas de artistas o creyéndose fieles paladines de la cultura canaria, que utilizan su influencia social para inocular su ignorancia, que apesta a oportunismo, al resto de la sociedad canaria.
 
Miren ustedes, personajillos emponzoñadores de anticultura, querer incluir en léxico tradicional canario, junto con otras lindezas barriobajeras y de mal gusto, locuciones como ´polla boba´ o ´bobomierda´ es -y queriendo ser benevolente con ustedes- una falta de respeto a la memoria de nuestros antepasados. Porque, personajillos emponzoñadores, nuestros mayores podían ser más pobres que las ratas, incluso analfabetos, pero lo que de sobra tenían era educación y respeto. Sí, incultos personajillos, nuestros antepasados, aún sin ser ´papeleros ni plumarios´, eran personas de honor, donde sus palabras tenían el valor de una firma, para que de sus labios salieran semejantes exabruptos.
 
Es cierto que el habla tradicional canaria goza de una serie de singularidades debido, entre otras, a sus abundantes arcaísmos, consecuencias del aislamiento que durante mucho tiempo mantuvimos con el resto de España; al predominio de la transmisión verbal, que produjo alteraciones en el signo lingüístico - tanto en el significante como en el significado de las palabras- y a la influencia de la emigración canaria a Sudamérica, principalmente a Cuba y Venezuela. Pero por ello nuestro léxico tradicional no se ha convertido en un lenguaje soez y de mal gusto, como ustedes quieren transformarlo.
 
Por último, lingüistas de pacotillas, aquí les dejo una anécdota que nos ocurrió a mi compadre Pancho y a mí una tarde en el café de Juanita, la concuña de Anoñito "paz canse". Para escribirla he consultado los manuales "Contribución al Léxico de Gran Canaria", de Francisco Guerra Navarro -Pancho Guerra- y Léxico de Gran Canaria", de Luis Y Agustín Millares, apartándome de esta forma de un léxico barriobajero, que nada tiene que ver con nuestra tradicional forma de hablar.
 
Ahí más allá estábamos mi compadre Pancho "el comechoso" y un servidor de ustedes echándonos unos piscos en ca´ Juanita, la concuña de Antoñito paz canse, cuando de repente entraron en el cafetín unos vagañetes con las cabezas más ajorrás que un padrastro y que querían hacernos abacorar diciéndonos que nosotros dos no sabíamos como hablaban nuestros abuelos.
 
Pero, como ustedes saben que con estas cosas no me gusta cargar trasero, no dejé que aquellos pendularios* nos cogieran la camella. Ansina que sin detencia, porque el que agarra el gajo no coge la breva, les solté que cuándo aónde tenía que asomar ningún arranclín enjillado y de pocas, con cara de cigarrón berberisco, a decirnos que no sabíamos cómo hablaban nuestros abuelos.
 
Cuándo le estaba soltando los tiempos, uno de aquellos pirganudos quiso baldonearnos llamándonos bobomierda. Me puse tan enchapado y rabasquiento que si mi compadre Pancho no abicó al verme fue porque no estaba matungo, porque si no se va pa´ las plataneras. Pero, en lugar de abatatarme, me fui pa´ donde estaba aquel bardago y, con los ojos como saifia de vivero lo agarré por el gañote para jincarle dos trompás bien pegadas, pero como me di cuenta de que no me tocaba ni para pescado, y además estaba la perica en puerta, lo solté para que se marchara.
 
Cuando arrancaron la penca, mi compadre Pancho, que había estado más mudo que un pájaro en muda, me dijo: compadre, pa ´otra vez no se descubra que está entre puertas, ansina que vamos a echarle tierra por ensimba al asunto.
 
Cuando acabó todo, la pobre Juanita, que parece una frutita de aire, con la garganta cosida por el disgusto, me dijo: ¡Aimería! Josenito, jínquese otro pisco, que lo convido yo.
 
Si se lo digo lo engaño, pero como aquel día me eché la camisa por fuera no me acuerdo si al final mi mujer le hizo caso a mi suegra, que me da cuero como quien lava, y me mandó dormir en el catre de viento que tengo en el pajero."
 
* Como ejemplo de lo comentado anteriormente, la palabra ´pendulario´ es una deformación del vocablo perdulario, que según la RAE tiene las siguientes acepciones: Que pierde las cosas frecuentemente, sumamente descuidado en sus intereses o vicioso incorregible.
 
José Juan Sosa Rodríguez es psicólogo y vecino de Telde.
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