Conocer la historia es una cuestión que nos incumbe a todos, no solo a los eruditos, porque sabiendo de dónde venimos podemos entender el presente, lo que, además, es fundamental para poder imaginarnos con más luz lo que cabe esperar del futuro.
Bentejuí y Tenesor Semidán pretendieron lo mismo para su pueblo: la libertad, pero, finalmente,la buscaron por caminos diferentes, el primero optaba por seguir luchando, y, el segundo, visto que la guerra más pronto que tarde acabaría con el exterminio o la esclavitud y la deportación de los canarios, eligió la opción de un pacto con los Reyes Católicos.
Ambos representan lo mejor de nuestra Historia y merecen todo nuestro respeto y admiración. Héroe, el primero y hombre de Estado, el segundo, además de guerrero como Bentejuí, que había hecho mucho daño a las tropas castellanas, como reconoció Pedro de Vera.
Gracias a la tenacidad de Bentejuí y su determinación de resistencia, pudo Tenesor Semidán encontrar receptividad en los Reyes Católicos para lograr el mejor tratado de anexión a Castilla y Aragón posible, puesto que los Reyes Católicos tampoco estaban en condiciones de seguir gastando sumas ingentes en una guerra de conquista que ya duraba en su fase definitiva seis años, y que tuvieron que simultanear con los esfuerzos económicos que requería la reconquista del reino Nazarí.
Antes habían intentado sin éxito la conquista los Franceses, los Señores Andaluces y los Portugueses, siendo sistemáticamente rechazados por los valerosos naturales y por ellos los normandos dieron a esta isla de Canaria el calificativo de “Grand”, pasando a ser llamada hasta hoy como “la Gran Canaria”.
Bentejuí desconfiaba de los europeos, y el tiempo le ha dado en parte la razón, pero si todos los Canarios hubiesen seguido su camino, habríamos dejado de existir como pueblo, que pese a todo logró sobrevivir, con mayor o menor mestizaje, conservando sus derechos -de los que más adelante nos ocuparemos- por el pragmatismo del Tenesor Semidán, quien luego sería “Fernando Guanarteme”.
Tenesor Semidán también desconfiaba de los europeos, pero para evitar mayores males a su pueblo, obligado a refugiarse en lo más agreste de la isla por el acoso de las tropas invasoras, diezmado por aquella guerra injusta, desigual y por el hambre, intentó pactar directamente con los soberanos de aquellos soldados europeos, muchos de ellos lo peor de cada casa, delincuentes enrolados en la guerra de conquista de Canarias a través de cartas perdón de los Reyes Católicos de toda clase de delitos -salvo los de falsificación de moneda y otros delitos “fiscales”-.
Sabía Tenesor Semidan que unos Guayres de Telde habían estado pactando con los Reyes Católicos en Calatayud el 30 de mayo de 1481 la libertad personal y de comercio de los canarios, y los mismos derechos para los indígenas que los que tenían los castellanos, si se abrazaban al cristianismo y consentían la anexión de la isla, sin más condiciones. Sin embargo, semejante pacto le pareció insuficiente a Tenesor y a la inmensa mayoría de los indígenas, como lo evidencia el que la guerra continuase conociendo los periodos de mayor virulencia.
Insuficiente les pareció sin duda porque ya eran conocedores los indígenas de las desventajas de ese territorio insular respecto a las ricas tierras peninsulares y por ello se propuso conseguir personalmente un mejor tratado para su pueblo, y así precipitada su previa decisión por el secuestro de Abenchara su esposa, encinta, por soldados del fuerte que el capitán Alonso Fernández de Lugo había levantado en Agaete, negoció su entrega para trasladarse a la corte que por entonces, principios de 1483, se encontraba en Córdoba a donde había sido llevada Abenchara.
Ya en tierras peninsulares recorrió a pie buena parte de Andalucía, comprobando en sus campos y ciudades el enorme poderío de los Reyes Católicos propio de una monarquía europea de los albores del renacimiento, que contrastaba sobremanera con la sociedad indígena todavía en un estadio cultural propio del neolítico.
Con paso firme y semblante decidido, despertó curiosidad y admiración entre las gentes que acercaban a los bordes del camino atraídos por tan singular comitiva.
Tenesor Semidán, desde muy joven, sabía que en aquel mundo de los poderosos europeos, la personalidad jurídica, la capacidad de pactar, de alcanzar acuerdos, se adquiría a través del bautismo; a los no creyentes no se les consideraba personas, sino “mercancía”, que se podía adquirir en buena guerra para su venta como esclavos.
Lo establecía así tanto el derecho interno como el derecho internacional; sabía incluso por boca de sus mayores que los europeos que intentaban desde 1402 ocupar la isla invocaban el derecho que les había otorgado el Papa, el “dominus orbis”, la autoridad internacional de referencia en el S.XV, algo así como la ONU de aquellos tiempos, que tenía la facultad jurídica de atribuir a los príncipes cristianos los derechos de conquista de tierras de gentiles e infieles a condición de traerlos a la verdadera fe, al cristianismo. Obviamente, si antes de que la conquista de un territorio concreto se hubiese producido, la autoridad de la tierra a conquistar se convertía al cristianismo a través del bautismo, su representante conseguiría simultáneamente personalidad jurídica a los ojos del derecho internacional de la época, decayendo la vigencia de la bula papal que legitimara la conquista o al menos limitando sus efectos, al tiempo que quedaba facultado jurídicamente para alcanzar acuerdos o pactos con fuerza de obligar entre los representantes de las dos entidades políticas de las dos monarquías la europea – Reyes Católicos - y la Canaria, -Tenesor Semidan, Guanarteme de Galdar y Regente de Telde a la sazón-.
Así las cosas, lo primero que hizo Tenesor Semidán en presencia de los Reyes Católicos fue pedir el bautismo y cuando el Rey Católico le preguntó como quería llamarse dijo sin titubear: como tú, Fernando –como para dejar claro que no era menos-, y, además decidió prescindir del apellido de su linaje o estirpe Semidán para conservar el de su rango de Guanarteme. Ante tan inequívoca actitud, el Rey Católico hizo que el Cardenal Pedro González de Mendoza, primado de España, bautizase a Tenesor Semidán como Fernando Guanarteme, -antes, como ahora, los Cardenales primados bautizaban a las personas de la realeza- y dicen también las crónicas –las crónicas de los vencedores- que el mismo Rey Católico ordenó que se proporcionase al neófito o catecumenado ropas de grana y seda, que son las vestimentas propias de la realeza y lo alojó en los AlcázaresReales de Córdoba como correspondía a su rango real.
De tal manera, ganada la capacidad de celebrar un Tratado Internacional entre las dos entidades políticas, -el primero y único en la historia acordado entre una monarquía europea, en el renacimiento y una monarquía indígena, -más antigua que la monarquía europea porque existía ya cuando la península no era más que un solar poblado por tribus iberas y celtas mal avenidas- así lo hicieron sus representantes comenzando por unos primeros acuerdos complementados por otros en los años sucesivos y que culminaron, luego de fallecidos los protagonistas iniciales, en 1528, constituyendo un cuerpo normativo que, sin ningún complejo, podemos denominar los “pactos de la anexión”, iniciados en esta isla pero que con el tiempo se hicieron extensivos a todo el archipiélago.
Fue ese el camino elegido por Fernando Guanarteme para acabar con aquella guerra cruel e injusta, para salvar a su pueblo y a su isla que por desigualdad de fuerzas no podría nunca ganarse a los europeos. Desechó la rendición o la capitulación y optó por emprender un largo viaje para celebrar el mejor tratado que las circunstancias permitían que garantizara la vida, la libertad y las franquezas de su tierra y de su gente. No fue fácil convencer a los suyos, –aquí fue renuente Bentejuí y en Tenerife Bencomo y otros Menceyes del norte- fue duro y, como sucede en procesos afines no consiguió la unanimidad en su propósito por lo que hubo episodios de violencia y testimonios de heroicidad, como años más tarde también sucedería en Tenerife con Bentor, hijo de Bencomo.
Del alcance de los pactos de la anexión, de los documentos que los prueban y de su eficacia actual nos ocuparemos en el siguiente artículo.
Normando Moreno Santana es abogado y autor del libro La conquista de Tamarant (Gran Canaria) desde la perspectiva del derecho los pactos de la anexión y Guayedra, editado por el Museo Canario, en la colección Viera y Clavijo y publicado recientemente.
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