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Este Pablo no es Iglesias

cojeda Jueves, 03 de Julio de 2014 Tiempo de lectura:

Hay quien ya le ha puesto fundamento y argumento a las razones por las que algunas organizaciones políticas de nuevo cuño tuvieron unos resultados francamente espectaculares en las pasadas elecciones europeas y otras recibieron su primer K.O. electoral severo.
 
Crisis económicas haberlas las ha habido en otros tiempos y la alternancia siempre había dejado las ¿soluciones? sobre las dos caras de la misma moneda electoral con que cuenta el sistema desde 1979. Lo nuevo en la sociología política española y canaria es algo que, los encargados de suavizar los epítetos políticos y económicos, llaman ahora, finamente, desafecto, pero que en un lenguaje más coloquial y real, todos reconocemos como una explosiva mezcla entre hartazgo, indiferencia, resentimiento, repulsa y cada vez más hostil estado de ánimo y opinión de la ciudadanía hacia una clase que, instalada en la política, pretende salvarnos la vida a costa de acabar con todo lo que la sostenía digna.
 
La gente se ha terminado de cansar de palabras, promesas, mensajes, compromisos que a la vuelta de la noche electoral se convierten en lo contrario. Se hartó de oportunistas sin fundamento, programa ni más argumento que estar en un gobierno por estar o para que simplemente no esté otro, pero sin nada que de verdad aporte algo nuevo, ni al aire. Se escaldó de quienes, en un ejercicio que sería sólo grotesco de no insultar también la inteligencia de los sufridos ciudadanos/as, son capaces de hablar de crear empleo que al final queda en el de su grupito de asesores; de presumir de diálogo pero que se esconden (tras sus tablets y blogs 2.0) de unos contribuyentes que ni comen y empleados que no cobran. Aquellos y aquellas que han sufrido, pagado, llorado y rebelado esta crisis en cuerpo y alma, ya no están por soportar ni sus plasmas ni sus banderas de quita y pon, estrelladas ayer, emperradas hoy y lo que toque mañana, si es para mantener su statu quo y un sentido del ego que no entiende ni entenderá nunca lo del interés general.
 
Creo sinceramente que la política de la puesta en escena, del circo, de la publicity bien pagada, del arropamiento con los más famosos y populares de cada tribu, es una forma de hacer política que tiene sus días contados, porque también el dinero es poco y los limosneros demasiados. Las soluciones y propuestas a los problemas de verdad son imperiosa necesidad pero no son su prioridad.
 
“Abrirse paso” en la política, como en la vida, no puede ser a cualquier coste, empeñando ideales y dignidad, rodeándose de lobos y corderos según para qué, proyectándose como inmaculados y sin despeinarse si quiera pactando con todo lo que precisamente es estandarte de corrupción, soberbia, austericidio y hasta transfuguismo por amor…a la poltrona.
 
Sólo si viviera en Madrid y tuviera que elegir a su alcalde tal vez votaría a Pablo Iglesías, pero hasta en eso resulta honesto este otro personaje. El Pablo de Madrid reconoce que para detentar esa responsabilidad no se siente capacitado. Hay quien va por la vida con otro talante y talento, pero ese otro Pablo… no es Iglesias.
 
José Carlos Martín Puig es sociólogo.
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