En la oficina de prensa del estado Vaticano las solicitudes para entrevistar al papa Francisco han aumentado exponencialmente después del último encuentro con el periodista de origen judío Henrique Cymerman. En la entrevista emitida por televisión y reproducida por medios de todo el mundo, el papa entra en temas que hasta hace muy poco tiempo –se cumple un año de su elección- no estaban en el guión de las cuestiones que se le hacen llegar antes de la cita.
Con un excelente humor y hablador, el papa contestó de manera precisa al periodista entrando en los temas que este había preparado, no por ello menos importante, y se notaba que la entrevista estaba consensuada, pero así y todo se despachó bien.
En el transcurso de su conversación se pusieron sobre la mesa entre otros, tres o cuatro problemas a los que el papa quiso dar respuestas contundentes.
La pobrezas es la pobreza en todos los tiempos y en todos lo lugares; no implica una hermenéutica testaferra de restos de escolástica anquilosada donde se hacia pivotar la pobreza de la biblia con aquella otra pobreza de espíritu: el pobre es el que no tiene ni para comer ni vestir ni dormir y como el ser humano sigue siendo presuntuoso y egoísta a los pobres los tendremos siempre con nosotros.
Dejó absolutamente claro que aquel que no ve en su cristianismo el judaísmo latente y manifiesto, no puede considerarse creyente cristiano, pues el judaísmo es el padre la madre y el hermano mayor del cristianismo. Ir a las fuentes judías es ir a las fuentes cristianas.
Dio un respiro a la política de la que dijo que persigue el bien común y que es un desempeño al que todos los cristianos están llamados, no en vano la acción de los profetas y la del mismo Jesús fue y tiene que ser política.
Y también habló de los separatismo, las independencias o las secesiones; aunque el periodista le preguntó por Cataluña, él no la mencionó y dejó caer que había que estudiar y analizar caso por caso, que no es lo mismo independencia que secesión. (En este punto tendrá que preguntarles a la iglesia particular catalana y a sus obispos, que están por la independencia).
Y por último y no menos importante, el papel del Vaticano –que no de la iglesia- en la segunda guerra mundial con respecto al nazismo. Después de dejar bien claro que fue un horror insuperable hasta el momento y preguntado por Pío XII, dijo que se pudo equivocar, como es posible que se hayan equivocado otros y nombró a los aliados que sabían de la carga que llevaban los trenes de la muerte, hacia dónde iban y lo que les esperaba a todos lo seres humanos que iban hacinados hacia los campos de exterminio: acerca de este nudo gordiano dijo que era un enigma que las potencias que combatían el nazismo no bombardearon las líneas férreas que durante cientos de kilómetros iban hacia la muerte segura de millones de personas. El titular del papa quedaba de esta manera: En estos momentos mueren más cristianos a causa de su credo que en lo primeros cuatro siglos de la Iglesia.
Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.
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