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La guerra que no fue

Cristina Miércoles, 18 de Junio de 2014 Tiempo de lectura:

Shiítas, sunnitas, wahabies, cristianos maronitas, coptos, siriacos,...detrás de estos adjetivos se refugian muchos pueblos con un credo particular, que intentan convivir en un mismo territorio con diferentes concepciones religiosas y culturales. Lo que ocurre es que la norma de convivencia de la mayoría es de origen religiosa y pasar este dato por alto, ya sea desde la sociología o la propia antropología, lleva a un análisis sesgado y poco real de lo que está ocurriendo con una guerra que va a cumplir quince años y que podría ser de aniquilación total en los próximos meses.
 
Los recientes acuerdos de los grupos de resistencia palestina al unificar el control del territorio y las acciones de gobierno, han puesto en máxima alerta al gobierno israelí, que ha respondido con la construcción de nuevas colonias en Cisjordania y Jerusalén. Pero ahí no ha quedado el asunto: han desaparecido tres jóvenes judíos y el gobierno de Netanyahu ha culpado inmediatamente a los palestinos: huelga decir que se confirmé o no el secuestro y su autoría, el ejercito israelí será implacable con los palestinos y éstos a su vez intentarán sembrar de obuses el sur de Israel en un ejercicio más simbólico que efectivo.
 
En Irak la rápida avanzada de los yihadistas desde el norte al calor de la guerra de Siria, con una inusitada barbarie, ha obligado a clérigos radicales a pedir contención a los milicianos de dios, pero ya se sabe que dios conoce a los suyos y permite que se maten antes de reunirse con él.
 
Esta guerra latente entra en una etapa decisiva por el control del petróleo, esta vez en el norte, en el Kurdistán, donde los kurdos quieren establecer un estado soberano que abarque regiones de Siria, Irán, Turquía e Irak a la vez que controlar el flujo de crudo. En este orden de cosas, la guerra de Irak que los aliados occidentales empezaron hace más de una década desde premisas falsas, dejando un gobierno títere y abandonando al país a su suerte, después de controlar los pozos y refinerías del sur, va a obligar a los EEUU a intervenir por enésima ves en una nueva batalla de las muchas que se libran en esta intermitente sangría y degradación humana.
 
Demasiados frentes abiertos para el gendarme del mundo, que sin el apoyo de los gobiernos y los grupos tribales, se encuentra en una posición muy onerosa para sus intereses, que son los de las democracias occidentales. Estas democracias son las que han exportado e intentado imponer su sistema de valores a una comunidad de cientos de millones, sin entender que lo que ha costado cientos de años de reflexión política y en otro contexto, no se puede instaurar ni por las almas ni por las armas.
 
Creo que tengo también que mencionar Siria, Afganistán, la peligrosa deriva pakistaní y toda África, si exceptuamos algunas democracias del sur del continente, como puntos donde el incendio puede descontrolarse y carbonizar los más elementales derechos humanos imponiendo los inhumanos.
 
Desde mi punto de vista se han equivocado. La historia reciente ha demostrado que la guerra de Irak fue un acto soberbio y poco razonado; que a la primavera árabe le hizo falta extender su lucha a todos los sectores populares y no solo a los iluminados, y que si les enseñas y le das la caña para pescar, no te cabrees si no comparten el pescado: el método ha sido el correcto, pues sacan pescado, aunque no sea del agrado de la minorías.
 
A la que si ha llegado la primavera es a la guerra congelada que empieza a gotear con los primeros calores, porque es también preocupante la partición del mundo que se está fraguando y la correlación de fuerzas económicas que producirá una mayor catástrofe humanitaria, que es posible, donde los millones de refugiados, desplazados e inmigrantes muertos de hambre y sed intentarán alcanzar aquello que les predican en sus pueblos: la democracia y la sociedad de bienestar de la que nosotros somos hacedores y que en estos momentos estamos perdiendo. Y China, Rusia, Europa y EEUU a lo suyo o sea la rapiña, hasta que no quede ningún pueblo del planeta verdaderamente soberano para tomar sus propias decisiones y vivir en paz…si los dejan.
 
Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.
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