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Eutanasia

Cristina Jueves, 12 de Junio de 2014 Tiempo de lectura:

La mayor parcialidad es la de no pronunciarse. La peor ignorancia es la de no querer hacer. La peor mentira es la de no exponerse. [1]  La cuestión de la eutanasia no es un tema nuevo. El término tiene su origen en el griego significando muerte, indolora, feliz (Eu=bien, más thanatos=muerte) [2] El diccionario Webster amplía la definición diciendo que eutanasia es “una muerte fácil e indolora, o un acto o método de causar la muerte sin dolor para poner fin al sufrimiento”. Desde hace muchos años, ésta idea es defendida por algunos como una manera de ocuparse de las víctimas de enfermedades incurables. [3]
 
Hipócrates hace referencia a la eutanasia (no por su nombre sino el concepto y en sentido negativo) en el Juramento Hipocrático, el cuál fue escrito entre 400 y 300 años a.C. El mismo dice: Juramento hipocrático
 
Juro por Apolo, médico, por Asclepios, y por Higía y Panacea, y por todos los dioses y diosas del Olimpo, tomándolos por testigos, cumplir este juramento según mi capacidad y mi conciencia:
 
Tendré al que me enseñó este arte en la misma estimación que a mis padres, compartiré mis bienes con él y, si lo necesitara, le ayudaré con mis bienes. Consideraré a sus hijos como si fueran mis hermanos y, si desean aprender el arte médico, se lo enseñaré sin exigirles nada en pago. A mis hijos, a los hijos de mi maestro y a los que se obligaran con el juramento que manda la ley de la Medicina, y a nadie más, les enseñaré los preceptos, las lecciones y la práctica.
 
Aplicaré mis tratamientos para beneficio de los enfermos, según mi capacidad y buen juicio, y me abstendré de hacerles daño o injusticia. A nadie, aunque me lo pidiera, daré un veneno ni a nadie le sugeriré que lo tome. Del mismo modo, nunca proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo.
 
Viviré y ejerceré siempre mi arte en pureza y santidad. No practicaré la cirugía en los que sufren de cálculos, antes bien dejaré esa operación a los que se dedican a ella. Siempre que entrare en una casa, lo haré para bien del enfermo. Me abstendré de toda mala acción o injusticia y, en particular, de tener relaciones eróticas con mujeres o con hombres, ya sean libres o esclavos.
 
Guardaré silencio sobre lo que, en mi consulta o fuera de ella, vea u oiga, que se refiera a la vida de los hombres y que no deba ser divulgado. Mantendré en secreto todo lo que pudiera ser vergonzoso si lo supiera la gente.
 
Si fuera fiel a este juramento y no lo violara, que se me conceda gozar de mi vida y de mi arte, y ser honrado para siempre entre los hombres. Si lo quebrantara y jurara en falso, que me suceda lo contrario.” [4]
 
¿No sé, si debemos ponerle el cóctel? Este es uno de los dilemas más frecuentes de los familiares al pie de la cama del enfermo. Estos planteamientos surgen en momentos de gran crisis, cuando están agotados, impotentes porque la situación de su pariente ya sea repentina o crónica les desborda. Es cuando la realidad ha sobrepasado todo lo que habían podido imaginar. Además, la ayuda o apoyo que reciben del hospital e instituciones en la mayoría de los casos, no es suficiente como para mitigar el sufrimiento tanto del paciente como de su entorno, así como, la confusión que se genera, sobre todo, si no están bien informados. ¡A propósito! ¿Qué es el famoso cóctel que tanto se menciona en los hospitales? ¿Será eutanasia encubierta? ¿Está aprobado por ley? ¿El que pone la inyección es el responsable final? ¿El que lo propone? ¿El que lo ordena? ¿Quién?
 
Ante este cuadro familiar que se reproduce con más frecuencia de la que muchos imaginan, hay personas, influencias siempre dispuestas a inclinar la balanza en contra de la vida, independientemente de las circunstancias que rodeen el drama familiar. A estos individuos les llamo, prebostes de la muerte digna, que no toman en consideración otros medios de procurar alivio o consuelo al paciente. En su lugar proponen la muerte, un final rápido y económico para la institución, que ahorra en medicamentos y a cambio obtiene una cama libre.
 
Cada vez con más frecuencia nos topamos con representantes del mundo de la medicina carentes de una empatía auténtica. Pues al profesional sanitario al que me refiero no es “un médico humano y reflexivo que sucumbe, con miedo y temblando, a la presión y los deseos bien calibrados de un paciente o familiar que le es muy conocido, y para el que verdaderamente no hay otra salida.” [5] Se trata de sujetos con otros valores, principios e intereses, con un sentido estricto e inflexible de las bondades de la gestión hospitalaria pura y dura. ¡Ahorro a toda costa! Además de querer imponer sus creencias a los pobres ignorantes que no conocen nada sobre el milagro de la vida. La opinión del pobre ignorante no cuenta. ¿Qué sabe un analfabeto o un campurrio?
 
Aunque no todos los casos son iguales, quiero hacer mención de uno reciente. Se trata de un paciente con una grave lesión cerebral que recuperó cierta consciencia mediante electrodos implantados en el cerebro. [6] Un hombre que llevaba seis años dormido se ha recuperado de manera tal, que actualmente mastica, juega a las cartas, avisa si le duele algo e incluso es capaz de recitar un texto memorizado. Me pregunto, ¿si en otro lugar, lo hubiesen despachado en tres meses? Quizás incinerado y entregado a los familiares en un tarro gris. Para algunos esto hubiese sido una muerte digna, sin embargo, la paciencia de una familia, su perseverancia y tenacidad han logrado recuperar a un joven de treinta y ocho años, que estaba prácticamente desahuciado.
 
¿Cuándo es la eutanasia piadosa? La eutanasia entraña un sinnúmero de complicaciones éticas, morales y escenarios infinitos que deben estudiarse con minuciosidad. Por ejemplo, el caso de un paciente que sufre un cáncer de hígado y cuyos hijos están deseosos por heredar. ¿A quien debe hacerle caso el médico?
 
Hoy día existen tratamientos que evitan el crecimiento de los tumores del hígado, ofreciéndole al paciente cuatro o cinco años adicionales con calidad de vida. Sin embargo, el tratamiento es costoso para la seguridad social, pudiendo estar en aproximadamente 1000€ mensuales, una inyección que se aplica directamente al órgano vital.
 
Ciertamente, esto no significaría nada para una persona con recursos. No obstante, una persona pobre y neófita en las cuestiones sanitarias dependería del consejo experto de un individuo que tiene en sus manos la vida del paciente. En ese momento, por un instante, ese médico es dios. Aunque no sabemos si, ¿de la vida o de la muerte? Por otro lado, ¿existe una diferencia ética entre matar y dejar morir? ¿Qué es calidad de vida para el médico? ¿Qué es calidad de vida para un paciente y sus familiares? ¿Qué es calidad de vida para la Justicia? ¿Considera usted que su postura con respecto a la eutanasia, es producto de una convicción o una opinión? ¿Es la enfermedad una tortura para el que la sufre, o una oportunidad de aprendizaje del ser humano en situación extrema? ¿El hecho de ser donante, puede influir en que un equipo de urgencia se emplee a fondo o no, en caso de accidente grave?
 
 
Finalmente, cada cuál es responsable de su templo, su cuerpo y de su propium o consciencia y la voluntad con respecto a su destino debe ser exclusiva de él. Sin embargo, para los que no están de acuerdo, deben tener la opción de vivir “su vida” dolorosa o no, con limitaciones o no, hasta el último suspiro sin que un salvador iluminado, cierre la cortina en mitad de la noche y le inyecte una dosis masiva de morfina.
 
[1] Charles Péguy, (1873 1914) Escritor, poeta y ensayista francés, considerado uno de los principales escritores católicos modernos.
 
[2] González Hermosos (1988) “Lección de Bioética: La eutanasia.Universidad de La Laguna. Secretariado de Publicaciones. Delegación de Pastoral Sanitaria de la Diócesis de Tenerife. Serie Informes Nº 23, Página 15.
 
[3] Webster’s New Collage Dictionary (1979) G & C Merriam Company, Springfield, Massachusetts. Página 391. [4] Centro de Documentación Bioética (2002) Creación: Escuela Hipocrática (s. V aC) Lengua original: Griego Traducción castellana: Gonzalo Herranz. Copyright de la traducción castellana: Gonzalo Herranz. Comprobado el 10 de julio de 2002
 
[5] Gaylin,W. et al.: (1992) “Los médicos no deben matar” en Baird, R.m: & Rosenbaum, S.E.: Eutanasia: “Los Dilemas Morales. Ediciones Martínez Roca S.A., Pág 27.
 
[6] Espino, I.: Despertar el Cerebro mediante electrodos. Una técnica consigue que un hombre que llevaba seis años “dormido” responda y coma. http://www.elmundo.es/elmundosalud/2007/08/01/neurociencia/1185993868.html
 
Michael A. Galascio Sánchez es licenciado en Ciencias Políticas.
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