El pasado día cinco asistí, en la sede de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, a un hecho histórico para la democracia en nuestra región, la firma del Pacto por la Democracia en Canarias, impulsado por el foro cívico Demócratas Para El Cambio.
Un pacto que aglutino a una docena de formaciones políticas que apostaron por la más esencial medida de regeneración democrática: la Reforma de la Ley Electoral Canaria, que en la actualidad es la más injusta de todas las regiones de Europa. Un pacto de consenso que quedo abierto a otras formaciones políticas.
Es histórico por aglutinar a formaciones políticas democráticas con proyectos políticos diferentes o muy diferentes en algunos casos, y que antepusieron la mejora de la calidad democrática por encima de otros intereses partidistas o identitarios desde el respeto a las reglas de juego de nuestro estado de derecho.
No es un hecho baladí, y es muy representativo, el nerviosismo que subyace del Tripartidismo Canario (PP-PSOE-CC) que se resiste a la voluntad popular de la mejora de una ley que representa la mejora de la calidad de nuestra democracia, llevando a cabo una reforma demandada por la inmensa mayoría de los ciudadanos o al menos de aquellos que buscamos que el voto sea proporcional y justo.
El Tripartidismo Canario tiene difícil argumentar su ausencia, en especial un PP que "iba a firmar" inicialmente ese documento. La "conveniente amnesia" de este tripartidismo (sería recomendable que por respecto a los electores se suprima de un programa electoral algo de lo que se jactan y que al final no piensan cumplir), hace que sea casi imposible (por no decir una utopía) que esta reforma se lleve a buen puerto.
La fórmula para que esta reforma se lleve a cabo, pasa inexorablemente por que los electores en las próximas elecciones apuesten por aquellos que sí creemos que es necesario regenerar la democracia desde los cimientos, por la transparencia y por la participación ciudadana, como medidas indispensables para devolver la credibilidad a las instituciones, las cuales viven sus horas más bajas debido a quienes se aferran a ellas y solo buscan continuidad en vez de reformarlas desde las herramientas que nuestro estado de derecho nos da.
Carlos Gustavo Rivero Quintana es ciudadano de Telde y miembro de UPyD.
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