Se habla mucho últimamente, en especial en los círculos económicos y empresariales, del futuro acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea, una entente cordiale que podría suponer un mazazo a los productores agrícolas y ganaderos de las islas, sobre todo a los cultivos de tomate y plátano, poca resistencia pueden ofrecer los agricultores canarios a los latifundistas norteamericanos que tienen un acceso más amplio a las economías de escala y a las producciones en masa.
Los motivos que mueven la proliferación de este tratado se pueden resumir de la siguiente manera; en los últimos años, en los que en Europa y Estados Unidos han atravesado una crisis económica a causa del estallido de la burbuja financiera, ha habido un país que, de manera silenciosa, ha ido escalando posiciones en el ranking económico mundial, ese país no es otro que la República Popular de China, que en este tiempo ha comprado deudas soberanas de las potencias occidentales (sí, la deuda española también, sólo en 2.011 compraron seis mil millones de euros) y acaparado los mercados de materias primas en África y América del Sur.
Es decir, el objetivo de este tratado es balancear la tendencia del fiel de poderes económicos que se está decantando a pasos agigantados hacia el monstruo asiático, y es algo que debería preocuparnos a todas y todos, ya que es un modelo económico que, poco a poco y gracias a las actuales reformas liberales, se está imponiendo, no hay más que recordar aquella elegía del propietario de Mercadona a los trabajadores chinos de los que teníamos que aprender los vagos españoles.
China es todo un ejemplo de crecimiento económico, eso es indudable si nos atenemos a los datos macroeconómicos, pero hay datos que demuestran que ese modelo sería el tiro de gracia al sistema de bienestar que tanto nos ha costado a los europeos, si no, fíjense en esta comparativa: Europa tiene un Producto Interior Bruto de 9.577.099 € y una Renta Per Cápita de 28.700 €, por su parte China tiene un PIB de 6.401.333€ y una RPC de 4.728 € (si bien es cierto que en el caso europeo la RPC sólo ha crecido un 0,7% y en el chino un 20%). Es decir, la economía crece pero no hay una correspondencia directa del potencial económico con el nivel de vida de los empleados, la relación entre la riqueza del país y el poder adquisitivo de los trabajadores no van de la mano, a lo que hay que añadir que en China hay que trabajar de media veinte meses para disfrutar de unos días de vacaciones.
China también es la nueva potencia colonial mundial, en especial en África, donde controlan las minas y las construcciones manu militari, al más puro estilo británico de la época del imperialismo del siglo diecinueve, menospreciando y tiranizando a la población indígena, de este modo controlan el proceso de producción económico desde el origen.
Pues éste es, a mi juicio, el leit motiv del tan cacareado Tratado Comercial USA-EU, un intento de crear un frente común de lucha contra el coloso asiático formado por China y los cuatro tigres asiáticos (Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán). Europa envejece y Washington pierde peso específico a nivel mundial en detrimento de Beijing, donde se sigue un régimen comunista férreo pero se permite un crecimiento de economía capitalista aal más puro estilo Yankee.
Hugo Roig Montesdeoca es empresario, escritor y militante del PSC-PSOE Telde y coordinador adjunto y profesor titular del Programa de Alta Dirección de la Harvard Business School, Harvard Managementor.
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