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Votar o no votar hoy

cojeda Domingo, 25 de Mayo de 2014 Tiempo de lectura:

Hemos sido convocados a las urnas 500 millones de europeos para designar el próximo Parlamento Europeo, que, por primera vez, contará con un presidente elegido por el propio Parlamento y no por la Comisión Europea.
 
Al Parlamento Europeo votamos cada cinco años y la tendencia de los últimos años dice que los españoles nos sentimos poco inclinados a votar en estas elecciones. La estimación de voto vuelve a quedar por debajo del 50%, como ya ocurrió en 2009. Sólo cuando han coincidido con Elecciones Locales, que son cada cuatro años, el porcentaje de voto ha sido decente.
 
El rechazo que sentimos los españoles hacia nuestra clase política no constituye un buen aliciente para animarnos a acercarnos hoy a las urnas. Probablemente pueden existir tantos detractores contra estas Elecciones al Parlamento Europeo como defensores de las mismas. Lo que si es cierto es que a la gran mayoría de los ciudadanos estas elecciones no les “dice nada”.
 
En un artículo publicado por Carlos Almira en el periódico digital www.elcotidiano.es del pasado 14 de marzo, enumeraba las siguientes diez razones para no votar en las Elecciones al Parlamento Europeo que celebramos hoy:
 
1) El voto, en un sistema político no democrático, no cumple la función de expresar la soberanía popular sino la de legitimar al poder establecido, aun cuando el procedimiento electoral sea limpio y abierto.
 
2) En un sistema político no democrático el voto no obliga a los gobernantes a cumplir con la voluntad de la mayoría, expresada en las urnas, a desarrollar unas políticas u otras.
 
3) En un sistema político plebiscitario no democrático, los gobernados carecen de instrumentos legales y pacíficos para cambiar al gobierno, por ejemplo cuando éste no cumple el programa electoral con el que ha ganado las elecciones.
 
4) En un sistema político no democrático los gobernantes no son iguales que los gobernados ante las leyes, aunque éstas sea formalmente las mismas, porque no existe una división de poderes o ésta es una ficción tan imperfecta, que reserva para aquéllos amplios espacios de impunidad.
 
5) El voto, en un sistema político no democrático, fomenta en la sociedad civil una cultura política y unos valores contrarios a la democracia, y que obstaculizan su advenimiento.
 
6) En un sistema político no democrático el ciudadano no elige a los gobernantes, sino que se limita a ratificar a los candidatos elegidos previamente por otros, ya sea la cúpula de un partido, ya los afiliados mediante un procedimiento plebiscitario.
 
7) Por lo anterior, en tal sistema el voto no obliga al candidato a cumplir con sus electores sino con la organización que lo ha seleccionado, a la que se debe (por ejemplo, en la disciplina de voto).
 
8) Los Estados europeos que presentan candidatos a las presentes elecciones no tienen, hoy por hoy, sistemas democráticos: son Estados de Partidos con diferentes grados de desarrollo plebiscitario. No cumplen con los requisitos mínimos de una democracia, a saber: a) la elección por los gobernados de los gobernantes, y su capacidad real para influir en sus políticas y para removerlos por medios legales y pacíficos; b) la división e independencia efectiva de los tres poderes del Estado (en especial del Poder Judicial), y la consiguiente igualdad de gobernados y gobernantes ante las Leyes, base del Estado de Derecho; c) la promoción de una cultura y unos valores democráticos en la sociedad civil.
 
9) Como consecuencia de lo anterior, las actuales normas, funcionamiento e instituciones de la Unión Europea no son democráticas sino oligárquicas. Cada voto, sea del signo que sea, legitima y refuerza esta realidad, tanto a nivel europeo como al nivel de los Estados miembros.
 
10) Por todo esto, y en pro de una cultura, unos valores y una práctica democrática, que pudieran abrirse paso algún día tanto en España como en Europa, creo que no debo votar esta vez a ninguna de las opciones que se presentan, ni depositar mi voto en blanco. Si hay algo de verdad en estas reflexiones, un no voto activo será plenamente coherente con una crítica razonable y constructiva de la realidad, realidad a la que no contribuye a sostener.
 
En otro artículo, de sentido contrario al anterior, suscrito bajo las iniciales PGL y publicado en el periódico digital www.teinteresa.es, desglosa las siguientes diez razones por las que debemos acudir hoy a las urnas:
 
1. Porque cada vez más, las decisiones que afectan a los españoles se toman en Bruselas y no en Madrid. Lo hemos visto durante la crisis, cuando buena parte de las decisiones en materia económica y social llegaban desde Europa. Entonces vimos que la capacidad de decidir de los países era francamente limitada y reclamábamos poder influir en nuestras políticas. En estas elecciones tenemos realmente la oportunidad de hacerlo.
 
2. Las elecciones europeas van a decidir, por primera vez, el nombre del presidente del Parlamento. Si hasta ahora era el Consejo Europeo, esto es, los jefes de estado y de Gobierno de los países miembros, los que escogían al presidente de la Comisión Europea, a partir de estas elecciones los ciudadanos van a tener una influencia casi directa en su elección. Además, los ciudadanos ya no sólo votan a unas siglas, sino que tienen la oportunidad de votar por una persona concreta, con un ideario y un programa determinado. Un candidato que ya está previamente designado por los principales partidos. En definitiva, lo que vamos a decidir en estas elecciones es quién va a gobernar en Europa los próximos cinco años.
 
3. El presidente de la Comisión Europea no tendrá una potestad ejecutiva comparable a la que gozan los presidentes del Gobierno de los países miembros, pero su personalidad va a tener una gran influencia en las políticas que se adopten desde Europa, toda vez que este presidente va a tener además una mayoría de su color en el Parlamento Europeo. Esta alianza entre presidente de la Comisión y Parlamento Europeo va a tener una gran repercusión en la política europea y va a afectar sin duda y mucho, a los ciudadanos europeos.
 
4. Porque el Parlamento Europeo ha ganado competencias tras el Tratado de Lisboa y se ha convertido en un órgano de toma de decisiones, al menos compartidas con el Consejo Europeo, de modo que al elegir a sus miembros estamos decidiendo la dirección o la inclinación política de la principal institución europea. Entre otras cosas, el Parlamento tendrá voz propia en la elaboración de los presupuestos que decidirán, entre otras cosas, las ayudas que llegan a los distintos sectores productivos susceptibles de recibirlas, así como otras decisiones políticas que antes resolvía de forma individual el Consejo Europeo. Además, el Parlamento incrementará su labor de control sobre la Comisión.
 
5. Porque se van a dirimir asuntos que nos interesan directamente, como la cuestión fronteriza y la presión migratoria, que países como España o Italia vivimos directamente. La Unión Europea tiene un papel relevante en temas fronterizos y de control de la inmigración y lo tendrá aún más en el futuro. El enfoque de estas políticas puede variar según se apueste por un partido socialdemócrata o por uno de corte más conservador o liberal.
 
6. Porque entre las propuestas legislativas que aún están sobre la mesa del Parlamento se incluyen cuestiones como el mecanismo único de resolución bancaria, la unión bancaria, la garantía de depósitos bancarios, el paquete de las telecomunicaciones, las inspecciones de salud animal y alimentaria, los derechos de los trabajadores desplazados, la protección de datos, la seguridad de los productos, los servicios portuarios, el paquete ferroviario y las normas del ‘cielo único’ europeo. Asimismo, el Parlamento todavía tiene que votar los textos finales sobre sanciones penales por manipulación de mercado, las emisiones de CO2 de los coches, la directiva sobre los mercados de instrumentos financieros y la directiva del tabaco, entre otros. Los informes sobre la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI) y los programas de vigilancia de la Agencia Nacional de Seguridad de EEUU también estarán en la agenda del Parlamento de los próximos meses.
 
7. Porque los partidos españoles merecen un voto de apoyo o de castigo que les sirva para evaluar su actuación en estos dos años largos de legislatura – desde las generales de noviembre de 2011 –. En este sentido, los socialistas desean frenar su caída en picado con una victoria que los posicione de cara a las municipales, mientras que los populares desean que los votantes refrenden su gestión, para lo cual les bastaría con una victoria mínima, dado el desgaste lógico del ejercicio de Gobierno. Si tal y como esperan, los datos económicos van respondiendo, podrán empezar a dar buenas noticias en el tramo final de la legislatura en forma de bajadas de impuestos, creación de empleo, etc... Según la encuesta de Metroscopia, el PSOE sigue por delante en intención de voto y ya le saca más de tres puntos de ventaja al PP para llegar al 29%. El PP se quedaría en el 25,7%, lo mismo que la suma de IU (14%) y UPyD (8,5%), que romperían de algún modo el bipartidismo imperante.
 
8. Porque las opciones eurófobas están creciendo y pueden formar una fuerza importante en el Parlamento. Esto es perfectamente legítimo pero no dejaría de ser preocupante que los partidos que quieren menos Europa se alzasen como una de sus principales fuerzas políticas. Además, habría que tener en cuenta que muchas de estas fuerzas eurófobas están representadas por partidos de ultraderecha como la Alianza Europea de Movimientos Nacionales, que aglutina partidos como el Frente Popular, aunque también los hay escorados a la izquierda, como el Partido Pirata. Esto hace más necesaria que nunca la respuesta de los ciudadanos que creen en Europa y que deben servir como cortafuegos de estos movimientos, aunque no estén muy presentes en España. Es normal que haya divergencias sobre el modelo de Europa que cada uno quiere, pero habría que dejar claro de partida si queremos o no queremos Europa.
 
9. Porque estas elecciones son el comienzo de una tendencia que evolucionará hacia un mayor espacio político europeo. Porque caminamos hacia un futuro en el cual el Gobierno europeo se parecerá cada vez más a un Gobierno nacional y acabaremos conociendo a los candidatos futuros como hoy conocemos a nuestros presidentes regionales y al presidente del Gobierno español. Y porque a pesar de esto, las elecciones europeas respetan las tradiciones electorales de cada Estado miembro. Por ejemplo, cada país decide si utiliza un sistema de listas abiertas o cerradas o un umbral específico, siempre que éste no sea superior al 5 por ciento.
 
10. Debemos votar porque el voto es un derecho conquistado, pero también un deber, al menos un deber cívico. Es una oportunidad de expresarnos en democracia y en democracia es preferible el voto en blanco a la abstención, puesto que el voto define un comportamiento individual, en cierto modo, un desencanto meditado, mientras que la abstención es indefinible y sólo se puede interpretar dentro de la totalidad de abstenciones en función de su cantidad. Además, de acuerdo con el respeto a las normas tradicionales de cada país, el voto es un deber y no sólo un derecho en Bélgica, Chipre, Grecia y Luxemburgo, donde es obligatorio.
 
Pueden ser tan válidas las razones de unos como de otros para votar o no votar hoy. Yo si votaré, primero porque es un derecho (diría que el único que nos queda) para decidir con mi voto a quien quiero apoyar y, de paso, mostrar mi rechazo contra los que no quiero ver ni en pintura, especialmente viendo cómo está este país. Y en segundo lugar, porque votar me legitima para mostrar mi opinión. Si me abstuviera en las elecciones estaría dando por bueno lo que decidan el resto por mi, y eso es lo último que estaría dispuesto a hacer.
 
Ismael Rodríguez es abogado y articulista de TELDEACTUALIDAD.
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