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Show must go on

Dojeda Jueves, 15 de Mayo de 2014 Tiempo de lectura:

Las maquinarias de los partidos políticos españoles, de forma perentoria, se han visto obligadas a suspender hace unos días los actos de campaña electoral por el tremendo asesinato de la Presidenta de la Diputación leonesa, doña Isabel Carrasco, en un acto tan vil como inhumano, que sólo puede llevar aparejada la repulsa sin paliativos. Sin embargo, el tiempo perdido se va recuperando, como tendremos oportunidad de comprobar esta noche con el debate entre los dos candidatos de las fuerzas mayoritarias.
 
Pero en las calles no se siente el fervor por la cita electoral marcada en los calendarios, ni los alicientes para salir de casa a depositar el voto en las urnas parecen suficientes, más bien al contrario. Veremos los índices de participación finales, pero las expectativas no son muy halagüeñas. Ese será el signo de la desafección rampante, el triunfo palmario de un “laissez-faire” dañino para una democracia viciada y claudicante.
 
Los partidos, empero, mantienen su pulso interesado y ajustan los mensajes a lo que se espera de ellos, cada cual con su hoja de clichés a cuestas y frases de argumentario ya elaboradas de antemano, sin necesidad de acercarse lo más mínimo al sentir de sus votantes posibles y potenciales. Los programas políticos brillan por su ausencia, y las farolas, aunque en menor medida que en otras convocatorias, son testigos de unos carteles anticuados que muy poco tienen que ofrecer a los electores, salvo una cara seguramente retocada con ayuda informática. En el campo contrario, las organizaciones que priorizan sus objetivos pactando con las bases y con la gente de a pie son minoritarias, a tenor de lo que dicen las encuestas recientes. (Otro tema que aquí no trataremos sería el cuestionamiento de un sistema que basa su funcionamiento en la realización de encuestas, o sea, creando estados de opinión ficticios, precocinados.)
 
A pesar de ser un eslogan repetido hasta la saciedad, el decir que nos jugamos mucho con las próximas elecciones no resulta en esta ocasión una fórmula innecesaria, sino que verdaderamente es mucho lo que está en juego, en los propios cimientos de nuestra realidad –Canarias, aquí, apuesta el doble sobre el tapete–. Europa como centro de nuestras preocupaciones, pero también como fuente de nuestro derecho, modelo de nuestro comportamiento cultural, y benefactor de nuestra situación material. Los contingentes de euro-escépticos pueden contarse quizá por centenares de miles, pero los beneficios evidentes generados por todo el conglomerado de la Unión Europea no deben llevarnos a engaño: somos lo que somos gracias a Europa, para mal y, sobre todo, para bien.
 
No obstante, esta predisposición positiva no obvia que han sido y son muchos los impedimentos de la construcción europea, en primer lugar el considerar el estado-nación como unidad prioritaria de análisis, sin raigambre con otros países o entes internacionales, como si se valieran por sí solos.
 
Aparte de esto, ¿sabemos cómo funciona el Europarlamento? ¿Quiénes conforman la Comisión Europea, y cuáles son sus competencias? ¿En qué consiste el Consejo de Europa? ¿Qué país preside hoy la Unión Europea, y para qué sirve que la presida? No cabe duda de que la gente en general tiene pocas nociones sobre éstas y otras preguntas. Y ello porque el proceso de integración europea se ha basado más en el fortalecimiento de las cuestiones económicas, que en incidir sobre la trascendencia de las instituciones comunitarias y del propio sistema democrático de la Unión. En este sentido, el proyecto “EuropeIn, Bruselas quiere escucharnos” (@europeIn) intenta paliar este déficit acercándose a las Redes Sociales.
 
La importancia de esta fecha, repetimos, no puede significar simplemente añadir el adjetivo “europeo” a cualquier asunto, sino que realmente debe estructurarse un debate de amplio calado, una verdadera intención de afrontar el reto de Europa con todas sus consecuencias. ¿Continuarán las políticas restrictivas en materia económica y de demografía? ¿Seremos capaces de vertebrar de una vez por todas un sentimiento cohesionador para las mujeres y hombres de Europa? Los años de conservadurismo internacional nos han demostrado que queda muchísimo aún por hacer en estas materias; pero lo peor de todo es que la socialdemocracia no ha conseguido construir una alternativa fiable y claramente diferente.
 
Así, por mucho que se empeñe Valenciano –con palestina al cuello inclusive– en aparentar ser progresista, la similitud a fin de cuentas con el azul popular es más que clara, como bien nos demostraron en 2011 al cambiar el artículo 135 de la Constitución Española, presionados por el Banco Central Europeo y los mercados financieros. Que Frau Merkel se haya convertido en la nueva Dama de Hierro del espectro continental, en ejemplo venerado por sus vástagos, no habla tampoco a favor del estado actual de las cosas, con las soberanías mermadas, la capacidad de actuación sojuzgada y las posibilidades de un desarrollo individual y territorial con perspectivas de solidaridad y equidad, en entredicho. Las personas, a último remedio, sólo pueden esperar que sea la mujer barbuda quien remueva alguna conciencia, y no sólo en lo que a discriminación de sexos se refiere.
 
Europa no es un artificio, es el lugar común donde se asientan nuestros valores éticos, nuestro estilo de vida, la relación con otros conciudadanos –como muy bien saben los Erasmus de cualquier parte–, el bienestar y la convivencia de las diversas comunidades. Ojalá las próximas elecciones marcaran un hito y un punto de arranque para la búsqueda de una concienciación europeísta, que pusiera a las personas en el centro mismo de las decisiones. Pero no nos hagamos demasiadas ilusiones. Seguramente se trabaja más por el europeísmo por medio de la Champions League y de Eurovisión. Tal vez por eso mismo los comicios sean en mayo, para aprovechar los focos del espectáculo.
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