A ti, dadora de vida, que te arriesgas con este gesto a perder la tuya. Cada vez que lo haces sentencias la tuya. Te ofrezco estas emotivas palabras, que nacen desde lo más profundo de mí ser.
A ti que das sin recibir nada a cambio, que te quitas de la boca ese trozo de pan, esa cucharada si sabes que los otros lo necesitan más que tú; que has hecho de esta frase una realidad “En la mesa de Francisco donde comen cuatro, comen cinco”.
A ti, alma del hogar que de un lugar llamado casa o vivienda lo transformas en un cálido, dulce hogar; que haces que los que vivan en él, sean estrellas, brillando con luz propia.
A ti que eres el refugio del fuerte, del débil que con tu sonrisa, tu palabra, un beso o abrazo a todos conmueve.
A ti cuidadora del bienestar de los tuyos, del saber ser, del saber estar, del saber esperar que das ejemplaridad.
A ti que sin ser economista,” de cuatro pesetas sacas un duro”. Intentas equilibrar la balanza, llegar al final de mes y aún sin saber cómo, ahorrar y guardar para el mañana. Pero sabiendo que el sustento básico: la comida, la ropa, las medicinas del enfermo, la educación es lo primordial.
A ti abogada, que defiendes los derechos e intereses de los tuyos, que intercedes entre dos y que haces de” abogado del diablo” si piensas que con ello esclareces la verdad.
A ti que haces de mediadora, que pones paz entre los hermanos, que con tus sabias palabras convences, persuades al más remiso oponente.
A ti enfermera ó médica, que sin saber nada de medicina remedias todos los males físicos o del alma.
A ti que eres limpiadora de mocos, de lágrimas, que con un pañuelo o paño quitas las telarañas, los jirones, los pensamientos inadecuados, y nos dejas más reluciente que una patena.
A ti trabajadora como él que más y que no recibes ni un mínimo salario, si estás en el hogar, o te pagan menos por tu condición, pero sabes que tu recompensa es que eres la sal de la vida.
A ti que hoy ya no estás o sigues lo que otras te enseñaron, sabrás que sin ti nada es igual.
A ti
Madre querida.
Trabajadora hasta la saciedad.
Donde quieras que estés.
Allí brillarás.
Irradiarás alegría, calor y paz.
Madre querida.
Dadora hasta la eternidad.
Donde quieras que vivas.
Allí reinarás.
Gobernarás con luz, amor y bondad.
Esto va por todas las mujeres, trabajadoras, madres. En especial por aquellas que ya no están y tanto se hacen notar.
A ti mamá y hermana que tanto dieron y nada pidieron.
Feliz día del trabajador/a y de la madre
Ana María Florido Ramos es maestra y vecina de Telde.
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