Sabemos que la eternidad no existe. .A lo largo de los años lo que perdura es el recuerdo y la obra que en vida puedas dejar. Ayer fue un triste día para las letras hispanas. Los que amamos, nos recreamos y sobamos ciento de veces, ese libro que nos regalaron, adquiriste o sacaste de la biblioteca pública, se ha quedado huérfano de un “encantador” de las letras.
Gabriel García Márquez, se nos ha ido, y, con él su personal e intransferible forma de relatar lo vivido, de escudriñar en este proceloso mundo y saber transmitir, como nadie, sus creencias y vivencias, convirtiéndolas en riqueza de nuestra lengua.
Un Nazareno nacido en el siglo XX, al otro lado del Atlántico, que eligió las letras para contar al mundo, lo vivido y su personal visión de lo que acontecía. Narrador por excelencia “Gago”, supo compaginar una vida de estrecheces, un periodismo que idolatraba, nadando con su peculiar estilo entre una sociedad aduladora, mucha de ella, falsa y reticente con sus ideas sociales y políticas, a las que siempre supo mantener en la distancia. Reacio a la aduladora e hipócrita sociedad que le rodeaba, supo mantener, hasta sus últimos días de lucidez, su compromiso con los débiles y la justicia social.
Acérrimo enemigo de la hipocresía. Hoy, Gago, si pudiese escuchar las palabras de nuestro “ínclito” Ministro de Educación sr. Wert, que ha venido a decir que: “La deuda de la literatura en español con García Márquez es inmensa”, seguro que le respondería: “Y su deuda, con los miles de estudiantes y universitarios españoles a los que aboca a la frustración, por no poder asumir las costosas tasas académicas y carecer de las becas de las que disfrutaban, hasta no hace mucho tiempo”. Ese era Gabriel García Márquez.
Gago, lo que seguro hubiese rechazado sería una medalla de ese otro Ministro que se la impone a un madero con un rostro y manos talladas, como buen Judas, que dice ser seguidor de aquel otro bienaventurado que supo leer la voluntad de su pueblo y transmitirles su visión de la Igualdad y la Solidaridad.
Allí, donde estés, admirado maestro de las letras, este humilde escribidor te tendrá en el recuerdo hasta el final de sus días.
Antonio Ortega Santana fue concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Telde.
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