¿Hay alguien qué entienda de manera eficaz la primavera árabe, la primavera de la iglesia, los brotes verdes de la economía, los crímenes contra la humanidad que siguen cometiéndose impunemente, la primavera ucraniana o la más templada de Crimea? Son solo informaciones de un lado y otro del planeta donde parece que se reaviva la lucha económica en todos los frentes sin tener encuentra, como casi siempre, a los que hacen la guerra a pie.
En Libia han dejado tal desbarajuste que el petróleo que se extrae y embarca tiene que pasar por el filtro de las tribus de esa parte del país y pagar un impuesto revolucionario. Ya ven en Egipto cada día atentados sembrando el terror en las calles, y el gobierno salido de las urnas democráticamente es anulado y perseguido por la elite militar, tan laica como la turca y que no permite la permeabilidad de las leyes islámicas en su constitución.
En Ruanda se habla del aniversario de aquella barbarie que costó millones de muertos y muertas y todavía andan buscando a los responsables.
Pero lo preocupante es la nueva colonización de los poderes económicos en muchas partes del mundo, especialmente en África donde los señores de la guerra, las clases dirigentes y ladronas y los ejércitos privados de las grandes compañías explotadoras de recursos naturales, nos hace temer que las guerras como antaño, se desplacen a las colonias y se sumerjan en una batalla de baja intensidad, sin usar hombres o niños para matar, pero sí todo ese sofisticado material que hay que pobrar de vez en cuando en regiones de miseria y marginalidad.
Sin movernos del continente tenemos el problema de Sudán, el de Mali, el de Nigeria y los más que frecuentes ataques entre cristianos y musulmanes con unas cifras que deberían hacer reflexionar a más de un espabilado de la ONU.
Nos desplazamos a Oriente. Israel sigue con su intransigencia con respecto a la hoja de ruta de paz diseñada por los EEUU y cada vez que se sienta a la mesa es porque ha usurpado otra porción de Palestina a los árabes. El momento actual de Israel es uno de los más difíciles por los que ha pasado desde su proclamación como estado: al sur Egipto y al Qaeda; al sureste Gaza y Hamas; al norte Líbano y Hezbolá y Siria quien no perdona los Altos del Golán y por último y el que quita el sueño al gobierno israelí : Irán después de que Obama se negara a bombardear las centrales de enriquecimiento de uranio, está intentando por todos los medios una mayor marginación del estado persa y estrangularlo económicamente.
Y como hecho consumado la Crimea rusa, la porción de tierra que Rusia anhelaba para proteger su flanco sur. Y en todos estos problemas, cuando miles de personas siguen sufriendo, la ONU sigue con su abultada burocracia mirando para otro lado, o por lo menos lo que acuerdan no se lleva a cabo, porque hasta en la ONU mandan los que tienen capital para aplazar o obstaculizar las resoluciones, que harían, de ponerse en práctica, un poco más habitable este espacio sufriente.
Sergio Domínguez-Jaén es escritor y poeta.
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