Hoy la tristeza embarga a todos los españoles de bien, que vivieron la transición democrática, después de cuarenta largos años de dictadura. Los que por concepto ideológico aspirábamos, ante todo disponer total y libremente de libertad de pensamiento y Formación, se nos abrió una puerta, que sin ser un amplio ventanal, sí que supuso un salto cuantitativo de los españoles, en su afán de acabar con el aislamiento político y social que vivíamos.
Adolfo Suárez lo hizo posible, arriesgando su vida, pues no hay que olvidar, que el inmovilismo militar se conjuró, junto a los poderes fácticos de la época, intentaron en más de una ocasión acabar con su vida. La ETA que veía peligrar su lucha armada, dejando un reguero de asesinatos, sin precedente. Los GRAPOS, otro fenómeno socio-político de difícil catalogación, hicieron de su vida, allá por 1978, un auténtico calvario. Su mayor frustración fue verse ninguneado y torpedeado desde sus mismas filas políticas, que le llevaron a dimitir; pero que nos dejó un legado para la historia el 23 de Febrero de 1981, enfrentándose al golpista Tejero, en el Congreso de los Diputados.
Pero su altura de miras, su empatía, su afán de consensuar con los que hasta pocas fechas atrás eran “enemigos” de España, hicieron posible que consiguiera sentar en torno a una mesa a derechas e izquierdas y a los nostálgicos del dictador. Algo que ni los más optimistas, fuera de nuestras fronteras, aventuraban una salida airosa de aquella mesa, calificada en su día por un tabloide francés, como la reunión de tiros y troyanos. Adolfo Suárez, lo hizo posible, con diálogo y renuncias Ya había sido un mérito la legalización del PCE, pero sacar adelante una Carta Magna, ambiguamente calculada, ante comensales de tan dispares ideologías, hizo grande a ese avilés que hoy, con la misma sencillez que entró en nuestro hogares, hace 38 años, se nos ha ido, desgraciadamente, sin saber que los españoles de bien, sin condición ideológica y pensamiento, tenemos con su persona, una deuda impagable.
Se, que no a todos les duele por igual, la desaparición de la figura del hombre que devolvió a los españoles sus libertades primarias. Las generales de la democracia llegarían a partir de 1982; pero su legado político no tiene precio, y, es por ello, que ideológicamente, podría estar en las antípodas políticas; pero, no es cierto. D. Adolfo Suárez González, fue un español que supo supervivir en un triste periodo de nuestra historia reciente, que vistió la camisa azul, pero que su corazón y pensamiento estaba más cerca de una España Social, aunque discrepaba de las posiciones ideológicas socialistas en favor del divorcio y el derecho a decidir de la mujer, por sus profundas convicciones cristianas, llevándole a ser un fuerte opositor a estos irrenunciables derechos de la izquierda social.
Hoy los españoles de bien, estamos de luto Otros han seguido su ruta, como si nada hubiese ocurrido. Una vez más el sadismo en política se ha puesto de manifiesto.
Antonio Ortega Santana fue concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Telde.
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