Los deportes del motor son de los más caros entre las actividades deportivas y, en la actual crisis económica que vive este país, cuesta mucho encontrar patrocinadores a cualquiera de nuestros deportistas del motor, sea cual sea la especialidad en la que compita.
Hay poquitas Comunidades Autónomas que puedan estar a la altura de Canarias en la práctica del automovilismo no profesional, donde el seguimiento de la afición sea tan numeroso y donde el respaldo de los cientos de miles de aficionados sea tan demostrable como sucede en nuestras islas.
Un buen ejemplo lo hemos podido vivir este pasado fin de semana con motivo de la celebración de la trigésima edición del Rallye de la Villa de Santa Brígida.
A priori, el diseño de este rallye fue el de dar la alternativa a los nuevos pilotos que se iniciaban en la competición; y sin que haya perdido esa filosofía inicial, el Rallye de Santa Brígida se ha convertido en el aperitivo de lo que es la gran fiesta del deporte del motor en Canarias. Me estoy refiriendo al Rallye Islas Canarias – El Corte Inglés.
El diseño de la última edición vivida del Rallye de Santa Brígida se hizo pensando en la celebración de una prueba en la noche del viernes, y el grueso de la competición se llevaría a cabo durante la jornada del sábado.
El tramo de velocidad del viernes es el conocido como “Higuera Canaria – La Atalaya”, de poco más de ocho kilómetros. Esta prueba de velocidad ya se había programado en alguna ocasión y llegado el momento de celebrarse, tuvo que ser suspendida por exceso de aficionados.
En la última edición del Rallye de Santa Brígida, y coincidiendo con la efemérides de que se trataba de la trigésima edición, de nuevo se programó dentro del rutómetro que el tramo “Higuera Canaria – La Atalaya” se celebrara a partir de las nueve de la noche del pasado viernes.
Puedo asegurar que los temores de una nueva suspensión estaban en la mente de mucha gente, y entre ellos, en la mente de algunos pilotos, copilotos y medios de prensa. La razón de una posible suspensión sería que el público tan numeroso y que se colocara en puntos peligrosos para la competición, y que llegado el momento de la celebración del tramo, motivara una nueva suspensión.
Ante esa eventualidad, desde cinco horas antes de la celebración del tramo de velocidad, la organización, que corrió a cargo de la propia Federación de Automovilismo de Las Palmas, movilizó un dispositivo en la previsión de una avalancha de aficionados.
Fui testigo presencial de ese dispositivo formado por comisarios de ruta, Guardia Civil y Protección Civil. El despliegue de medios fue muy numeroso a la espera de la llegada de los aficionados que, desde tempranas horas, fueron llenando los aledaños a la carretera y, de forma especial, los mejores lugares desde los que presenciar el paso de los vehículos de competición. Entre los aficionados, como siempre, había gente de todas las edades. Pude ver casos de familias en las que asistieron miembros de tres generaciones, formadas por abuelos, hijos y nietos.
Una hora antes de que se celebrara la prueba, el acceso de vehículos se cerró a cal y canto; y media hora antes de que comenzara la carrera, también se impidió el acceso a pie de los espectadores al tramo, porque ya no cabía más gente. Hasta tal punto se llenó, que pude presenciar la salida de espectadores del tramo porque los miembros de la organización les obligaron a hacerlo al no tener espacio donde ubicarse sin suponer un riesgo de seguridad para la carrera.
Nunca antes había visto echar a espectadores de a pie de un tramo de velocidad y nunca antes había visto impedir el acceso a pie de un espectador a un tramo de velocidad de un rallye.
Cuando acabó la prueba, sobre las diez de la noche, la salida a pie de los espectadores, por la cantidad de los mismos, que llenaban los dos carriles de la carretera, fue lo más parecido a una masiva romería a Teror en la víspera de la festividad de la Virgen del Pino. Lo de la caravana de coches, ni la menciono, porque fue de locos.
Soy fiel a lo que pude presenciar y con ello me atrevo a afirmar que la afición de los canarios a los deportes del motor no tiene parangón en cualquier otra Comunidad Autónoma de este país. Y sólo estábamos en un rallye que es el aperitivo de la fiesta del automovilismo canario, el Rallye Islas Canarias – El Corte Inglés que viviremos en esta isla dentro de dos semanas.
Si los políticos que gobiernan en Canarias no ven esta realidad es que son políticamente ciegos. Canarias es tierra de rallyes.
Ismael Rodríguez es abogado y articulista de TELDEACTUALIDAD.
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