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Ucrania y su soberanía

cojeda Martes, 11 de Marzo de 2014 Tiempo de lectura:

La llamada URSS hasta la disolución de los pueblos que componían la Unión Soviética, fue una de las mayores potencias del mundo en todos los aspectos, pero primaba el militar y estratégico con armas de destrucción masiva, el pacto de Varsovia y la lanzaderas de misiles en toda Asia y Europa oriental, apuntando evidentemente a todo Occidente.
 
Ese era el estado de la Unión en el apogeo de la guerra fría. Amenazas de uno y otro mundo: el que se creía libre y democrático, con sus botas en África, America Latina y el Atlántico con la OTAN y el apoyo europeo, y el otro mundo que también se creía libre y más democrático que ninguno con un sistema de soviets que decía, procuraba una democracia directa.
 
Las guerras de baja intensidad de estos dos imperios dejaron en el camino ruina y desolación y a punto estuvo el mundo de saltar por los aires en varias ocasiones, una de las más sonadas fue la crisis de los misiles en Cuba.
 
La debacle del sistema comunista internacionalista, llegó en la década de los años 1980 y continuó hasta que las repúblicas que estructuraban y daban sentido al imperio eslavo, empiezan a declarar, una veces sin negociar con la antigua patria, su independencia y su soberanía territorial. Una de ellas fue Ucrania, apetecida por todos durante la Primera y la segunda Guerra Mundial, por su producción de cereales, siendo el granero del país y tierra de promisión para Hitler que veía en la enorme región su banco de alimentos y en la península de Crimea su salvación energética. Pero este país, agrícola, industrial y ganadero, necesita importar la mayor parte de la materia energética que consume, lo que la ha hecho durante todo su trayecto de libertad dependiente de Rusia.
 
Lo que empezó con protestas de la oposición en Kiev, se porgado rápidamente a otras ciudades. La represión ha sido violentísima, muchos muertos y destrucción a la espera de que los que intentan atraer su riqueza convengan en parar este ignominioso vasallaje.
 
Se la juega Europa y sus trasvases de petróleo y gas -Rusia es el mayor poseedor de reservas de gas del mundo- se la juega Rusia con sus bases y la poderosa flota de guerra -Sebastopol alberga la flota rusa del mar Negro bajo un contrato eufemísticamente llamado de arrendamiento- y su control de la parte oriental de Europa y se la juega el mundo, porque si pensábamos que estaba casi todo dicho -es decir la no injerencia en los asuntos internos de los países vecinos-, la inviolabilidad de las fronteras, el respeto a los derechos humanos y la salvaguarda de la cultura y la lengua y religión propias, erramos en el análisis, como ya se hiciera con la llamada primavera árabe que ya va por su tercera estación invernal..
 
Toda esta historia reivindicativa ha sido fulminada en unas semanas y ya no basta con buenas palabras, ni con promesas de estabilización democrática, porque este inmenso país está caminando hacia una guerra civil donde, y aquí se retroalimenta la historia, los que la promueven están lejos: en los despachos, en las oficinas de las grandes corporaciones o infiltrados en la refriega. Donde hubo siempre queda, y la Federación Rusa ha enseñado los dientes de sus tanques, aviones y buques, porque no va a permitir que una hija de su carne se emancipe, aunque posea una constitución que la declara independiente y soberana.
 
Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.
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