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El 'espíritu de Juncalillo'

cojeda Domingo, 02 de Marzo de 2014 Tiempo de lectura:

Creo que los padres pueden influir en las aficiones de los hijos, aunque no siempre es así, si desde que son pequeños les hacemos partícipes de las nuestras. Con ello reconozco que varios de mis hermanos y yo mismo nos aficionamos al automovilismo porque mis padre puso su granito de arena desde que éramos niños.
 
Viviendo aún en un barrio de Las Palmas de Gran Canaria (Lomo Apolinario), a los hermanos que aún éramos niños, mi padre nos hizo partícipe como espectadores de las carreras que se corrían en una especie de circuito urbano en la zona de Miller Bajo. Allí corrían Fermín Monzón y Pepe Monzón, abuelo y padre respectivamente de Luis Monzón; José Ponce (padre de José Mª y Toñi Ponce); Robert Waid; Chicho Reyes; Jesús Benjumea; Diego Suárez, y un largo etcétera. También fuimos espectadores en las Subidas a Tafira y a Arucas.
 
Con la vaguedad que provoca el paso del tiempo, recuerdo estar, con toda la familia, como espectadores en el improvisado circuito urbano de la Avenida de las Escaleritas, donde se celebró el 12 de octubre de 1967 las “12 Horas de Resistencia Islas Afortunadas” que acabó en tragedia al producirse un terrible accidente que ocasionaba seis muertos y una veintena de heridos, algunos muy graves.
 
Estábamos en tiempo de Franco y el accidente acarreó la inmediata prohibición gubernativa y judicial de organizar competiciones automovilísticas en la isla de Gran Canaria, llevando aparejada tal medida la prohibición de hacer cualquier tipo de referencia a competiciones automovilísticas en los escasos medios de comunicación que existían en las isla: dos periódicos, tres emisoras de radio y televisión española. Esta censura tan férrea en plenitud de la dictadura franquista solo la rompió la Revista Sansofé, un semanario detrás del que estaba el partido comunista que acabó siendo clausurado por el Consejo de Ministros, después de sufrir varias multas económicas.
 
La afición al deporte automovilístico seguía existiendo y pilotos con ganas de seguir compitiendo también. Entre ellos están los valientes, entusiastas e incansables aficionados que no cejaron hasta constituir la Escudería Drago, el 24 de junio de 1971, y así organizados, mover hilos pasando interminables horas a las puertas de las autoridades franquistas hasta conseguir, por fin, la autorización para celebrar la “I Subida a Juncalillo”, que acabó celebrándose el 20 de febrero de 1972, casi cinco años después de la prohibición. En esta primera prueba en nuestra isla, de reanudación del automovilismo deportivo, participaron poco más de una veintena de corredores de las dos islas. Nada menos que once pilotos de la isla picuda acudieron a la cita de Juncalillo.
 
Desde esa primera edición, la Subida de Juncalillo se fue celebrando cada año hasta que por distintos motivos de calendarios, aparecía y desaparecía con la misma facilidad de los mismos, hasta que en el año 2003 se celebró la decimosexta edición y ahí desapareció definitivamente de las carreras de cada año.
 
Parte de las mismas personas (Juan José Alonso Prieto, Hilario Gómez del Rosario, etc.) que habían conseguido legalizar de nuevo el automovilismo en la isla de Gran Canaria, y a los que debemos tanto todos los aficionados, se propusieron el pasado año 2013 recuperar el ya conocido “Espíritu de Juncalillo”, que viene a aglutinar sentimientos de amistad entre los corredores de las islas, compañerismo, romanticismo y amor por este deporte, donde un abrazo entre compañeros y rivales sobre el asfalto tiene más valor que el tropeo que pueda ganar uno u otro.
 
Cuando tanto se ha hablado de la rivalidad entre islas o provincias, los aficionados al automovilismo de unas y otras damos siempre una elección a los políticos y a todos aquéllos que promueven esa división y rivalidad, inexistente. Ayer fue un placer para los grancanarios que asistimos a la nueve edición de la Subida de Juncalillo poder compartir con tantos aficionados venidos desde Tenerife el regalo que nos hicieron los corredores de aquí y los venidos de la isla hermana, cuyo Teide presidía gloriosamente la carrera, porque le veíamos casi al lado de Juncalillo. En la carrera celebrada ayer en el centro-norte de nuestra isla, el “Espíritu de Juncalillo” brilló en todo su esplendor.
 
Poniendo en comparación las aficiones de los dos deportes con más seguidores en Canarias, podemos asegurar que la rivalidad deportiva puede acabar incluso con enfrentamientos físicos y verbales entre aficionados fanáticos de uno y otro equipo de islas diferentes. Cuando se trata de aficionados al automovilismo, puedo asegurar que saltan de dónde se encuentren ubicados cuando un vehículo de competición se sale de la carretera o se accidente, presto inmediatamente a ayudar, con independencia de que el piloto sea de una isla o de otra, de la península o del extranjero. Entre los aficionados al automovilismo predomina el sentimiento de solidaridad y hermandad.
 
Ismael Rodríguez es abogado y articulista de TELDEACTUALIDAD.
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