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La carrera política de Gallardón

cojeda Domingo, 23 de Febrero de 2014 Tiempo de lectura:

Los españoles mayoritariamente y por tradición somos católicos. Prácticamente todos los católicos hemos bautizado a nuestros hijos en la Iglesia Católica, como un acto más de esa tradición. Nuestro comportamiento ha sido parte de nuestras tradiciones. Actuamos casi igual que como cuando conducimos un coche, cambiando las marchas de forma automática a medida que aceleramos o reducimos la velocidad, pero sin que tengamos nuestra mente concentrada expresamente en el acto de los cambios de marchas.
 
Con un automatismo similar, aunque con más ceremonia y pompa, solemos actuar la gran mayoría de los católicos de este país en nuestras relaciones con la Iglesia Católica, sin que ello signifique un concienzudo acto de fe. Son simples tradiciones.
 
Aunque cada vez son más los españoles que cambian de religión, aún un 70%, de los poco más de los 47 millones de habitantes, somos católicos. Por poner un ejemplo comparativo, en Alemania, con una población de 82 millones de habitantes, solo un 31% de la población son católicos, casi tantos (el 29,6%) como los que se declaran ateos y agnósticos.
 
De ese 70% de españoles católicos, sólo un 17% son practicantes de los que van a misma al menos un día a la semana. La gran mayoría del resto lo hacemos cuando cumplimos con un compromiso o hábito social: por ejemplo, con motivo de la muerte de alguien; algún bautizo, primera comunión o boda, y para de contar. Incluso entre los que van a misa los domingos y fiestas de guardar, una parte importante de ellos lo hacen más bien por motivos sociales, sin que la fe religiosa realmente les motive a ello como verdaderos cristianos, porque si se les observa bien comprobamos que de cristianos no tienen nada. Suelen ser de muchos golpes de pecho en la iglesia y cabrones de mierda fuera de ella, porque los valores de humildad, piedad y compasión brillan por su ausencia. Muchos ellos son personajes de doble moral.
 
Después de acotar tanto para saber quienes son los que están entre los verdaderos creyentes, aún podemos diferenciar entre los que están motivados realmente por una fe católica y aséptica, que merecen todos los respetos, y quienes han convertido esa fe en ideología y militancia política.
 
Ese último grupo es el que ha confundido fe religiosa con poder político y son los mismos que fueron cogidos de la mano con el PP, detrás de las pancartas, cuando gobernaba Zapatero y los conservadores estaban en la oposición. Al frente de ellos, en España, se encontraba el Cardenal Rouco Varela. Eran tiempos muy conservadores también en la jerarquía eclesiástica al máximo nivel. Muchos púlpitos de iglesias españolas se convirtieron en mítines político-religiosos y muchos curas y obispos se dedicaron a llenar guaguas enteras de militantes religiosos, que llevaban de unas provincias a otras (para que parecieran que eran muchos) con la finalidad de apoyar las manifestaciones del PP y del clero de la Iglesia católica contra la supresión de la religión como asignatura curricular, del matrimonio de homosexuales o del aborto; las visitas del Papa a España o las Jornadas Mundiales de la Juventud en Madrid.
 
El PP se frotaba las manos por el aliado que tenían (y tienen) en el Clero de la Iglesia católica, y los jerarcas eclesiásticos hicieron lo imposible para que volviera al Gobierno el PP, y así les devolviera los favores prestados. En cierta medida Rouco Varela y los suyos entraron a gobernar con la llegada del PP al Gobierno. A Rouco Varela y los suyos se les debe mucho de la carga ideológica de la Ley Wert de educación (la LOMCE), que eliminó la asignatura de “Educación para la Ciudadanía” e introdujo la asignatura de “Religión”; o también del actual Proyecto de Ley del Aborto que impulsa Gallardón, que nos retrotrae a más de tres décadas atrás y que cuenta con el rechazo del 80% de la población, entre ellos muchos militantes del propio PP.
 
Con ese escenario en la mente, de curas y PP cogidos de la mano, el partido del Gobierno se confundió. Creyó que todas las movilizaciones organizadas por la Iglesia católica, por aquí y por allá, eran respaldadas por distintos militantes católicos en cada una de las provincias, sin darse cuenta de que prácticamente casi siempre eran las mismas personas, a las que llevaban en guaguas de un sitio a otro con la finalidad de abultar y hacer número. Gráficamente, es lo mismo que hacen los partidos políticos en los mítines de las campañas electorales, que, para llenar aforos, llevan a sus militantes y simpatizantes de un lugar a otro.
 
Una vez conseguido el objetivo de volver a coger el poder los conservadores, una de las grandes sorpresas negativas del actual Gobierno del PP es Gallardón, Ministro de Justicia.
 
Durante años, siendo Presidente de la Comunidad de Madrid y Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón actuó como un “encantador de serpientes” de los electores del centro y del centro-izquierda de este país. Parecía y aparecía como la cara “más amable” y el personaje más moderado de la derecha española. Muchos simpatizantes del centro-izquierda no veían mal que si, llegado el momento, el PP volvía a gobernar, Gallardón fuera el Presidente del Gobierno. Entre la derecha que representaba Aznar y la imagen abierta que proyectaba Gallardón, no había color: Gallardón “parecía” un socialista al lado del ex presidente del Gobierno, un claro ejemplo de la derecha heredera del franquismo.
 
Pero una vez en el Gobierno, Gallardón nos ha dejado ver al verdadero personaje de la derecha más conservadora que supo ocultar durante muchos años. Hoy sabemos que es un “lobo en piel de cordero”.
 
Entre los “méritos” de Gallardón está organizar la justicia de manera que prácticamente haya desaparecido la división de poderes de un Estado de derecho. La justicia, que está dando muchas muestras de ello, está prácticamente controlada por el PP. Cuando, con sorpresa, vemos algunas sentencias que echan abajo determinadas medidas tomadas por el PP, es simplemente porque estos del PP son tan chusqueros a la hora de tomarlas, que se saltan los procedimientos y las leyes.
 
La Ley de Tasas es el mayor obstáculo que se ha hecho en España para que los pobres no puedan acudir a los juzgados a pedir justicia. Con Gallardón se consolida así, con mucha más nitidez, la justicia para ricos y la justicia para pobres.
 
El regalo de los Registros Civiles (actualmente gratuitos) a los Registradores de la Propiedad (que cobrarán por expedir certificaciones), es un expolio en toda regla contra los derechos e intereses de los ciudadanos a favor de unos pocos privilegiados, entre los que están el propio Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (Registrador de la Propiedad de Santa Pola, Alicante) y algunos familiares del propio Gallardón.
 
Con la reforma acelerada de la Ley Orgánica del Poder Judicial, Gallardón conseguirá limitar la capacidad de los tribunales españoles para investigar y enjuiciar crímenes de derecho internacional como genocidio, crímenes de guerra, de lesa humanidad, desaparición forzada, tortura, terrorismo, tráfico de personas, narcotráfico y violencia de género internacional, prostitución y corrupción de menores o incapaces, aun cuando se hubieran cometido fuera de España con independencia de si el agresor o la víctima son o no españoles. Todo eso se lo cargará Gallardón y el PP de un plumazo.
 
El Proyecto de Ley del Aborto, que tramita el PP por impulso de Gallardón, que tiene en contra a la Comunidad Internacional, a médicos y especialistas, a todos los colectivos de mujeres y al 80% de los españoles, saldrá adelante, si nadie lo remedia, con los votos de PP. Con la nueva Ley del Aborto, volveremos al pasado. Las hijas de los ricos viajarán a Londres a abortar y las mujeres sin recursos se pondrán en manos de “amañados” y morirán entre 300 y 400 mujeres desangradas cada año, como sucedía hace tres décadas. Los Obispos se pronuncian favorables a esa Ley y amenazan con excomulgar a quienes no la apoyen, pero no se pronuncian sobre los emigrantes ahogados recientemente en Ceuta, porque eso es una “cuestión política”. Los emigrantes negros ahogados no eran personas, para los Obispos, los fetos si.
 
Con estos “méritos”, la carrera política de Gallardón tiene los días contados. El que un día quiso e iba a ser el Presidente de este país, ha perdido todas las simpatías y apoyos que tenía, salvo los de Rouco Varela y su tropa.
 
Ismael Rodríguez es abogado y articulista de TELDEACTUALIDAD.
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