TELDEACTUALIDAD
Telde.- Yeray Santana Falcón, vecino de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ofrece una nueva entrega de su colaboración científica en TELDEACTUALIDAD. En esta ocasión, trata los primeros organismos vivos.
Vida mía
Yeray Santana Falcón
Volvemos al principio. No lo digo porque empiece a escribir los mismos textos, o porque sea Septiembre y las clases de los escolares -y no tan escolares- regresan, o porque la lluvia nos visite. Realmente lo digo porque quiero hablarles hoy de cómo empezó todo. Cuándo el planeta dejó de ser pobre y sin vida, y comenzó en él a brotar células con más o menos orden y sentido. Hablaremos de lo que, quizá, haya sido el momento más glorioso de la historia terrestre, la explosión cámbrica, y puede que al final nos haga reflexionar sobre cómo algunos son capaces de no ver en otros seres vivos a iguales.
Pero comencemos desde que no había nada sobre la Tierra, mucho antes de que nuestras islas o, incluso, nuestros continentes fueran lo que son hoy día. En esa época convulsa la Tierra era un lugar inhóspito, sin la distribución de gases en la atmósfera que hoy día poseemos y que nos hace posible vivir sobre ella, sin la opción para que seres vivos se desarrollaran. Sin embargo, los últimos descubrimientos hablan de la existencia de las primeras formas de vida hace unos 3500-3800 millones de años atrás. Se trataba de bacterias procariotas muy simples que han quedado retratadas en fósiles descubiertos hace relativamente poco tiempo. Sin embargo, estudios recientes apuntan a que un mundo de ARN (digamos que es información genética contenida en los ribosomas de las células) fue anterior a la existencia de formas de vida bacteriana pero sería meternos en un debate muy complejo y que sólo los genetistas comprenden. Lo que sí es seguro es que estas formas de vida tan simples evolucionaron hace unos 2 mil millones de años en organismos más complejos, eucariotas, aunque aún formados por una única célula. Aún les quedarían otros millones de años hasta evolucionar a organismo algo más complejos como las esponjas de las que se tiene constancia desde hace 760 millones de años.
No estuvieron solos mucho tiempo ya que unos 100 millones de años después (claro, poco tiempo en edad geológica) aparecen lo que se ha conocido como organismos ediácaros. Estos organismos vistos en fósiles encontrados en China representan un pequeño misterio (otro más), ya que, a pesar de haber sido bastante abundantes durante esa época no se conservan fósiles de ejemplares adultos, sólo de las primeras etapas de vida y se desconoce si se trataba de medusas, gusanos…
En cualquier caso, de repente (geológicamente hablando), los organismos empiezan a construirse caparazones y comienza el genial periodo del Cámbrico unos 542 millones de años atrás. Esta época se caracteriza por la gran cantidad de fósiles encontrados aunque, claro está, la formación de caparazones ha hecho posible esta circunstancia por lo que muchos paleontólogos argumentan que la evolución de muchos de estos organismos no se debido a una explosión de poca duración, sino a un proceso lento que no hemos sido capaces de observar al no quedar huellas de ello. Por otro lado, sin embargo, se ha observado estratos bien conservados encontrados en Canadá que no sólo se produjo una evolución de organismos con caparazón sino que también organismos blandos (por eso de que no tienen parte que los proteja) también sufrieron de una evolución durante este momento de la historia.
Muchos buscan explicación a este periodo, aunque hoy en dia no se tiene claro qué condicionó el advenimiento de vida. Por un lado puede que algo cambiase en las circunstancias físicas del entorno. Puede que un aumento en los niveles de oxígeno, quizá una mayor concentración de calcio en el océano que propició material para los caparazones, o incluso, se ha barajado la hipótesis de que pueda estar ligado al fenómeno conocido como “Snowballs Earth”. Este fue un periodo de grandes y constantes glaciaciones que cubrieron la Tierra y que, posiblemente, llenaran los océanos de nutrientes necesarios para el desarrollo de la vida al deshelarse los glaciares que cubrían la superficie. Sin embargo, el último de estos periodos fue anterior, y quizá sí que se pueda ligar con el Edicariano. Es éste periodo el que genera más interrogantes ya que ni se conoce mucho la evolución de los organismos hasta llegar a él, ni su posterior extinción. Las paleo-ciencias avanzas rápidamente y puede que en breve conozcamos lo ocurrido, pero por ahora podemos deleitarnos en pensar qué ocurrió, y que siga siendo un misterio.
Por otro lado, también se piensa en explicaciones biológicas, ligadas a la idea de que los animales cruzaron algún tipo de límite evolucionativo al comienzo del Cámbrico, lo que hizo posible su aumento en complejidad. De hecho, las esponjas eran sólo conglomerados de células, pero las medusas son ya organismos diploblastos, es decir que se diferencia en ellos la endodermis y la ectodermis. Estos organismos, en edad adulta, tienen tejidos individualizados (por ejemplo sistema nervioso), y poseen simetría radial. Más complejos aún, los organismos triblásticos poseen además una capa intermedia, la mesodermis y, además de tejidos individualizados más complejos, también poseen órganos específicos, además the simetría bilateral. Pues estos organismos, más complejos que los anteriores, fueron los que más “explotaron” en el periodo Cámbrico.
Aunque no parezca tan importante, la aparición de la simetría bilateral supuso un gran avance a los organismos ya que les permitía tener una zona delantera y un trasera, en contraposición con los organismos anteriores radiales. Con este avance, los organismos podían moverse direccionalmente y los órganos y tejidos fueron ocupando las zonas más idóneas. Los órganos sensoriales se colocaron en la zona delantera y obligó a organismos a desarrollar un “centro” que interpretase estos sentidos, el cerebro. Otra gran ventaja que tenían frente a animales radiales es que su forma posibilitaba la disposición de sistemas digestivos lineales (de boca a ano), mucho más eficiente que organismos anteriores.
Y aún estamos comenzando el Paleozoico. En esta misma era (luego vendrán las eras del Mesozoico y Cenozoico) aún le quedaría a la Tierra por ver la subdivisión de los invertebrados (Ordovícico), la llegada de los primeros animales de respiración aérea (la vida sale del mar en el Silúrico), la aparición de los anfibios (Devónicos), los primeros reptiles e insectos voladores del Carbonífero, y la gran extinción de la vida paleozoica ocurrida en el Pérmico, en la que desaparece el 70% de las especies terrestres, y más del 90% de las marinas.
Resulta evidente que tanta historia es imposible de condensar en un artículo -realmente, no se puede condensar siquiera en un libro o en una enciclopedia-, así que volveremos a ello posteriormente. Y también resulta evidente, al menos a mi me lo parece, que la evolución de las actuales formas de vida ha sido gracias a un arduo y largo proceso. La vida se ha ido abriendo paso gracias a (en contra de) las características ambientales concretas de cada periodo de la Tierra. Hoy día, sin ir más lejos, los que permanecen vivos en ella deben luchar diariamente por conseguir comida, cobijo, relación, y reproducción. Deben luchar contra las sequías, contra las lluvias torrenciales, contra los depredadores, contra la falta de alimento, contra los competidores (ya sean éstos de la misma especie o interespecíficos), contra la variabilidad estacional, contra la senescencia y la pérdida de habilidades, contra las enfermedades, las infecciones, etc. Deben luchar contra todo y se tienen a sí mismos y a las características heredadas tras millones de años de evolución para hacerle frente. Sin embargo, desde hace apenas 200 mil años (que no millones) otro organismo se ha empecinado en establecerse como la más dura lucha que deben afrontar; el homo sapiens. Nos hemos erigidos como dominadores del planeta; provocamos sequías, somos depredadores, robamos su espacio y su alimento, les provocamos enfermedades, infecciones. Los utilizamos para comer, trabajar, experimentar, y hasta para nuestra diversión. Son diana de actos vejatorios por nuestra parte, y les asesinamos de manera lúdica y pública. Los utilizamos como compañía, pero también como púgiles, como payasos de feria en acuarios, delfinarios, zoológicos, “safaris”, etc. Los cazamos por alimento, pero también por diversión o “postureo” (ahora que esta palabra está en boga de todos), y hasta los usamos como adorno en forma de abrigo, zapatos, o reloj. Hemos conseguido que todo nos pertenezca; “mi” playa de Melenara, “mi” isla de Gran Canaria, “mi” pinar, “mi” perro, “mi” selva tropical, “mi” territorio... La evolución tardó millones de años en ganar la partida y crear la biodiversidad actual. Nosotros, en ese camino infame y sinsentido de la propiedad, nos hemos quedado con la capacidad de provocar la extinción de su trabajo en un suspiro.
Curiosidad...A veces la ciencia también sirve para cosas mucho más mundanas de lo que creemos, como estudiar y mejorar las capacidades de no derretirse de un helado. Sí, ya estamos al final del verano y comeremos menos helado, pero dentro de unos años podremos disfrutar de nuestro cono de helado sin que se derrita gracias al estudio de unos investigadores de Edimburgo (Escocia). Ellos han descubierto una proteína con un comportamiento hidrofóbico que puede actuar como una fina película que mantendría estable el helado y que, de la misma manera, evitaría que se formasen trozos de cristales en el helado por tenerlo en el congelador. Y lo que es aún más prometedor, esta proteína (se le ha denominado BslA) procede de una bacteria que ya es usada en la industria alimentaria sin provocar los mismos efectos nocivos en la salud que los compuestos artificiales que hoy en día se usan en la mayoría de los helados. Y, además, permite reducir la cantidad de grasas y azúcares manteniendo la consistencia. Vamos, una maravilla!
Yeray Santana es doctorando por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.




























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