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Yeray Santana (Foto TA) Yeray Santana (Foto TA)

Para no oxidarse

TA ofrece un nuevo artículo de Yeray Santana

cojeda Domingo, 16 de Agosto de 2015 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Yeray Santana Falcón, ciudadano de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ofrece una nueva entrega de su colaboración científica en TELDEACTUALIDAD. En esta ocasión, trata sobre la importancia de los antioxidantes en la nutrición

 

Para no oxidarse

Yeray Santana Falcón

Siguiendo con la tendencia de estas últimas semanas de referirme a artículos escritos por este medio, voy a recordar aquél que escribí hace unos meses sobre nutrición. Lo voy a hacer a colación de un estudio reciente aparecido en una revista muy importante en la ciencia, el PNAS. En ese estudio, se ponía a prueba el efecto de los antioxidantes en el cuerpo.

 

En los años 60 se sugirió que el cuerpo generaba una serie de radicales libres a consecuencia de los denominados EROs (Especies Reactivas del Oxígeno). Cuando la energía, moléculas de ATP, es generada en las mitocondrias de las células se van a generar al mismo tiempo moléculas altamente inestables (los EROs) y enormemente reactivas que van a alterar el resto de los componentes celulares. Este proceso oxidativo va a afectar al ADN contenido en el interior de las mitocondrias, lo que hará disminuir su función de producción energética. Cuando el proceso de producción de ATP disminuye bastante la célula no es capaz de realizar su función y se produce la muerte celular por apoptosis. Esta disminución de células activas contribuye enormemente al envejecimiento.

 

Para protegerse de estos procesos oxidativos, las células tienen distintos mecanismos de defensa que pretenden reducir la toxicidad de los compuestos reactivos, y/o transformarlos en especies menos inestables. Pero no están solas en esta difícil lucha; diferentes compuestos esenciales (se les llama así a aquellos elementos necesarios para el organismo pero que no los produce y requiere de ellos a través de un aporte externo) presentes en los alimentos contribuyen en gran medida a luchar contra los radicales libres. Veamos pues, qué compuestos son, y cómo podemos conseguirlos.

 

El más conocido por todos es la Vitamina C. El gran aliado para hacer frente a los resfriados es también un potente antioxidante celular. La vitamina C es hidrosoluble lo que significa que necesitamos un aporte diario ya que se pierde diariamente por la orina. No obstante, muchos productos (debería aquí decir muchísimos, o muchisísisimos) se vanaglorian de contener vitamina C, desde zumos embotellados a complementos alimenticios, pasando por cremas para la piel. La realidad es que una persona que tiene una buena alimentación (aquí entiendan buena alimentación a que come productos frescos como frutas, verduras, carne, pescado, lácteos, etc, y no basa su alimentación únicamente en comidas procesadas) cumple de sobra con las recomendaciones de vitamina C, que para un adulto están en torno a los 90 mg al día (hombres) y 75 mg al día (mujeres). Una naranja contiene alrededor de la ingesta diaria necesaria y, a pesar de lo que se cree, ni siquiera es el alimento que mayor concentración de vitamina C tiene. El kiwi, la papaya, el pimiento rojo, el brócoli, son todos alimentos que poseen una mayor concentración de vitamina C que una naranja, y que comemos con más o menos regularidad. Por ello, no es necesario consumir aporte de vitamina C si se consume fruta y verdura. De hecho, en España el consumo de esta vitamina está sobre el 190% del recomendado per cápita. Creo que nuestras células van bien en cuanto a la ayuda prestada por este ácido ascórbico (otro nombre con el que se denomina a la vitamina C). Eso sí, lo que dicen las “abuelas” de “tómate el zumo que se le van las vitaminas” es cierto, se pierde rápidamente así que mejor consumirla de alimentos crudos (y no procesados...las galletas y cereales con vitamina C son más un chiste que otra cosa).

 

Otra de las vitaminas que nos ayudan en el combate con los radicales libres (la verdad que tienen nombre de pelear!) es el grupo de los betacarotenos, la vitamina A. Los betacarotenos, a diferencia del anterior grupo, se acumula en el organismo por lo que las necesidades diarias son mucho menores, en torno a 800-1000 microgramos para mujeres y hombres, respectivamente. Está presente en productos vegetales como la zanahoria (la estrella dentro de lo vegetal por su contenido en betacarotenos), pero es en el hígado donde encontraremos una cantidad enorme, de hasta 17-18 veces mayor a lo presente en las zanahorias. También podemos disfrutar de estas sustancias en la mantequilla, la nata, la leche entera, los quesos grasos, en huevos, en tomates, endivias, etc. En principio, los complementos vitamínicos no serían necesarios para una persona con buena alimentación, pero sí que serían una opción a considerar para niños (de ahí esa insistencia en comer hígado cuando éramos pequeños...aunque lo ricas que están las carajacas….mmmm!), para vegetarianos, y personas que sufran enfermedades hepáticas.

 

El tercero de los antioxidantes esenciales más importantes es la vitamina E. Son  liposolubles, lo que significa que  se asocia a las grasas. Esta vitamina, además de por su gran acción contra los oxidantes, es conocida por mejorar la relación de colesterol en el organismo aumentando el HDL -el llamado colesterol bueno-. Las necesidades diarias estarían comprendidas entre los 3 y los 15 mg al día para una persona adulta. La vitamina E se encuentra presente en las nueces y otros frutos secos, en los gérmenes de los cereales, en la leche, etc. En general, se consigue lo suficiente con una buena dieta y no es necesaria la toma en complejos vitamínicos.

 

Resulta que llevar una buena dieta nos nutre de manera correcta de, al menos, estos tres grupos de antioxidantes esenciales -los más importantes-. En cualquier caso, en un estudio aparecido en la revista Cancer, en su momento bastante famoso, se compararon dos grupos de individuos con diferentes dietas. Uno de los grupos seguía una alimentación en la que se priorizaban las frutas y verduras, mientras que un segundo grupo tenía una dieta más “normal” que se complementaba con la toma de antioxidantes puros. Se comprobó que el segundo grupo sufrió más enfermedades crónicas después de los años de seguimiento, por lo que parece que el organismo no entiende de sustancias aisladas y refinadas, sino que funciona mejor con cosas más básicas que reconoce como alimentos.

 

Retomando lo que comentábamos al principio de este texto, un controvertido estudio apareció en PNAS en las pasadas semanas. En él, un grupo de científicos americanos especializados en el envejecimiento sugieren que un exceso de antioxidantes puede conllevar efectos negativos sobre la piel. Al parecer, los efectos positivos de los antioxidantes sobre la salud de las células no son tan sencillos como se creía. Puede que un exceso de los mismos conlleve una mayor salud en la piel joven que, por contra, con el paso de los años disminuye su capacidad de cura. Se juega con la hipótesis de que el fenómeno de oxidación de las células es necesario para optimizar la salud de la piel en aquellos momentos en los que el envejecimiento de sus células no es problemático. Así, cuando uno es joven la oxidación de las células ayuda a que éstas, por así decirlo, se fortalezcan, se preparen para el envejecimiento, de tal manera que cuando la persona tiene más edad, las células han desarrollado mejor sus mecanismos de defensa ante los procesos oxidativos.

 

Por supuesto, todos los estudios están sujetos a errores, más aún cuando se tratan de estudios epidemiológicos en los que es muy difícil controlar todas las variables. Por eso, cada uno debe conocer qué tipo de dieta lleva, cómo le afecta a su organismo, qué necesita tomar (ya sean alimentos o complementos) para mejorarla, y qué cosas no tomar. Parece algo difícil cuando de lo que se trata es de alimentarse, pero tenemos un cuerpo y el cuidado del mismo es nuestra única y verdadera responsabilidad.

 

Curiosidad...Continuando con el hecho del envejecimiento, algunos futurólogos ya piensan en cómo nos cambiará también la longevidad con la tecnología. Ya que la tecnología avanza a nivel exponencial, seremos capaces muy pronto de resolver problemas que hoy en día parecen imposibles. El smartphone más avanzado de hoy en día está a sólo unos años de quedar tan obsoleto como hoy en día nos resulta una simple calculadora o un reloj. De igual forma, muchos creen que la muerte y las enfermedades, como problemas que son, serán resueltos en los próximos años. Quién sabe si llegamos a ser inmortales!! Yo, por si acaso, voy a vivir lo mejor posible y si resulta que vivo siempre pues ya iré con carrerilla.

 

Yeray Santana Falcón es ciudadano de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

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