TELDEACTUALIDAD
Telde.- Yeray Santana Falcón, vecino de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ofrece una nueva entrega de su colaboración científica en TELDEACTUALIDAD. En esta ocasión, trata sobre el mundo del mañana.
El mundo del mañana
Yeray Santana
Y subimos a primera, aunque después de estos últimos intentos parecíamos destinados a la segunda. Y todos contentos. Se acabó la crisis, el ladrillo comienza a campar libremente como antaño. Y Bourne se va a Santa Cruz a rodar. Y el gato de Schrödinger no estaba muerto, que estaba de parranda. Parece que estos últimos días traen buenas noticias. Y comienza el verano, y sus canciones pegajosas, y sus películas de aventuras. Y he ahí, que una de ellas, aún sin haberla visto, ya me ha dado en lo más profundo de mi curiosidad. Antes de ir al cine, y quizá para aumentar las ya de por sí inmensas ganas de verla, me he puesto a investigar sobre uno de los pensamientos más interesantes de la física teórica; la existencia de universos paralelos y los viajes al pasado en la que se fundamenta la nueva película Tomorrowland.
Está claro que los grandes de la ciencia ficción como Verne, Orwell, o Asimov siempre nos han hecho soñar con futuros más o menos reales, y con la existencia de otros mundos. Y en Tomorrowland, los de Disney han vuelto a recurrir a su mundo de fantasía -concretamente a Disneylandia- para llevarnos a pensar en la existencia de otras realidades diferentes a la nuestra. Ya no sólo una en la que otros planetas estén conquistados, o en la que seres de otros planetas conviven en más o menos armonía, sino una en la que no hay guerras, ni contaminación, y la población vive feliz y en paz. Lo que se conoce como una utopía.
Pero, ¿qué nos dice la ciencia para que se nos ocurra pensar en estos universos paralelos utópicos y en viajes en el tiempo? Pues la verdad que no estamos ante algo muy novedoso, al menos para la física cuántica que ya pensó en la existencia de universos paralelos antes de los años 60. En aquellos años, la física cuántica, que se ocupa de explicar los procesos a escala de átomos, buscaba una teoría unificadora que pudiera explicar el funcionamiento atómico. En su búsqueda, a un matemático reconvertido en físico teórico, Hugh Everett, se le ocurrió la posibilidad de la existencia simultánea de varios universos. La existencia de multiversos -como se denominó- podría explicar las diversas paradojas de la física cuántica.
En un mundo, el atómico, donde un electrón puede estar en dos lugares a la vez, y ser al mismo tiempo partícula y onda, estaba claro que se requería de una compleja y alocada teoría que lo explicase. Así, los multiversos suponen una teoría marco (marco se refiere aquí a una teoría base sobre la que poder cimentar el resto) en la que lo visto en los experimentos puede tener sentido. Según Everett, y las posteriores interpretaciones, el universo está compuesto de una superposición cuántica de muchos universos o mundos cuánticos divergentes y no comunicados entre sí.
De esa manera, la existencia de otro yo sería posible en esos otros universos paralelos (si alguien ha visto la película Coherence puede hacerse una idea). Llevándolo a ejemplos fáciles y reconocibles podríamos decir, como ya se mostraba en la genial saga “Regreso al futuro”, que una elección tomada nos lleva a una realidad, mientras que si se tomase otro derrotero la realidad evolucionaría de forma distinta. Por poner un ejemplo muy drástico pero fácilmente reconocible, cuando vuestros padres se pusieron a la tarea de tenerles, en este universo fueron concebidos, mientras que en otro puede que no lo consiguieran (o simplemente no tomaran la decisión de tener hijos) y no existen.
Para imaginar y digerir esta complicada teoría, nos podríamos imaginar una serie de burbujas que representan cada una de las realidades, paralelas entre sí, cada una más parecida a la inmediatamente cercana y, a medida que nos alejamos, las diferencias también aumentan. Pero, ¿podríamos llegar a interactuar con otro de esos mundos? Pues se lleva años soñando con esa posibilidad, al menos en la ciencia ficción, pero en la física se tiende a pensar en que esta teoría es improbable, pero no imposible.
En una entrevista que el divulgador Eduardo Punset le hizo al físico teórico Vilenkin se habló de esa posibilidad. Posibilidad a la que Vilenkin respondió que a no ser que los universos se tocaran entre sí, la interacción sería de otra forma imposible porque aunque los universos están en expansión, el espacio donde se encuentran también se expande, y a una velocidad superior. Recientemente, unos investigadores australianos publicaron un estudio en el que se teorizaba sobre la existencia de una interacción entre los mundos paralelos a través de una sutil fuerza de repulsión que explicaría los procesos cuánticos en un mundo regido por las leyes newtonianas. Resumiendo, la existencia de una fuerza universal de repulsión explicaría la existencia de otros mundos. Parece algo sacado de la mente de locos, pero el gran Stephen Hawking también defiende la existencia de universos paralelos y de la Teoría M, que basada en la Teoría de Cuerdas -esa en la que trabaja el extraño Sheldon Cooper de la serie “The Big Bang Theory-, supone 11 dimensiones, no excluye la posibilidad de la existencia de otros mundos.
Otra de las posibilidades de interacción tiene que ver con los llamados taquiones; unas partículas que, al parecer, también aparecen en ‘Tomorrowland’, y que viajan a mayor velocidad que la luz. En la física de Einstein nada puede moverse por encima de la velocidad de la luz, sin embargo, la posibilidad de viajar a mayor velocidad abre una serie de ideas alocadas con las que pensar en interacciones entre diferentes universos. Imaginemos que podemos viajar a la velocidad de la luz. En ese caso, si nuestro vehículo saliera a velocidad de la luz hacia un punto y regresara, nosotros veríamos al mismo tiempo el reflejo del vehículo en el punto más alejado y, al mismo tiempo, al vehículo al lado nuestro. Pero, ¿y si fuéramos capaces de atravesar la velocidad de la luz y viajar más rápido aún? Entonces, el vehículo estaría de vuelta más rápido que lo que tarda su reflejo en volver con lo que veríamos su regreso después de ver el vehículo “aparcado”. Si aumentáramos aún más la velocidad llegaría un punto en el que el vehículo estaría de vuelta aún antes de partir: habríamos viajado en el tiempo.
Por ahora no tenemos que preocuparnos por estas increíbles teorías en nuestro día a día, pero es fascinante poder leer grandes novelas en las que sí se plantean estos dilemas físicos. Ver los mundos utópicos de ‘Tomorrowland’ o de ‘Un mundo feliz’, o pensar, de forma contraria, en los mundos distópicos que otros grandes autores nos han regalado. La caída de la civilización en ‘La Fundación’ (más que recomendable saga de Asimov), la policía del Pensamiento o el Gran Hermano de la obra de Orwell ‘1984’, o las distopías recreadas en ‘V de Vendetta’, o en ‘Gattaca’. Igualmente, resulta extraño imaginar que hay otros Yo viviendo en otros universos distintos, imagino que alguno de ellos publicando este mismo artículo en el homónimo de otro universo.
Curiosidad... Ya que hoy hablamos de otros mundos y de ciencia ficción, hay futurólogos que ya piensan en la realidad de aquí a unos años, y en ciencia ficción que en breve será real. Una de las proyecciones en la que más tiempo se lleva pensando y teorizando es en los robots, y en que éstos sean a nuestra imagen y semejanza. Tanto que, como ya veíamos en ‘Blade Runner’ (hoy estoy muy cinéfilo….vean si no han visto esta película, una de las mejores películas jamás rodadas) podrían llegar a confundirse con humanos. Paul Saffo, de la universidad americana de Stanford, ya piensa en que los robots serán parte de nuestras vidas. Que nos acostumbraremos en breve a que ocupen aún más nuestro día a día, y a que nos relacionemos con ellos cada vez de forma más normal. Asimismo, se piensa en la fusión de los idiomas, el spanglish dejará de ser una burla para hacerse real, en el fin de los vehículos tal y como los conocemos, por otros autotripulados al servicio de todos en las ciudades. A la inmortalidad gracias al avance de la nanotecnología, a la conquista de otros planetas cercanos...
Yeray Santana Falcón es ciudadano de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.



























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