TELDEACTUALIDAD
Telde.- Yeray Santana Falcón, vecino de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ofrece una nueva entrega de su colaboración científica en TELDEACTUALIDAD. En esta ocasión, trata sobre el aloe vera y sus propiedades.
Propiedades del aloe vera
Yeray Santana Falcón
Seguro que si les recomiendo tomar un vaso de zumo de acíbar por la mañana más de uno me preguntaría “¿qué coño es eso?”, pero si les digo que tomen jugo de aloe vera, ya muchos estarán de acuerdo. El aloe vera se ha convertido en la planta prodigiosa por antonomasia en las islas; no hay nadie hoy en día que no conozca de sus virtudes milagrosas y de su amargo sabor. En Canarias también la llamamos pita sabia (o zábila), aunque hay que tener cuidado de no confundirla con la pita, que, en realidad es agave, y nada tiene que ver. El agave, aunque tiene virtudes (entre ellas se utiliza para destilar tequila...es una virtud a veces!), no tiene la fama del aloe que sí se está colando poco a poco en nuestras vidas.
Se le considera una planta de origen sudafricano introducida en Canarias por los pueblos mediterráneos que comerciaban distribuyéndola por todo el norte de África en aquellos lugares donde era posible su cultivo. Por ello, no estamos ante nada nuevo, sino que sus propiedades son de sobra conocidas desde siglos antes de que se pusiera de moda en herbolarios y parafarmacias. Con ello no quiero decir que no sea una planta fantástica, de hecho lo es como veremos, pero no nos podemos atribuir el mérito de haberla descubierto. Ya lo hicieron por nosotros hace más de 2 mil años, incluso se dice que Cleopatra lo usaba para cuidar su piel.
Mi relación con el aloe empezó hace mucho menos tiempo, aunque haciendo memoria parece que hayan pasado esos dos milenios. Una amiga estaba trabajando en un cultivo de aloe en Fuerteventura y, a consecuencia, cuando fui a visitarla me dio a probar su jugo con un poco de agua para el desayuno. Para quien lo haya probado sabrá de lo que hablo cuando digo que no es el sabor más bueno del mundo. Ni siquiera el segundo. Ni el tercero (si han probado el polen y el aloe deben pensar como yo, que la naturaleza será sabia pero pone sabores algo “difíciles” a lo mejor y más sano que tiene por ofrecer). Pero te lo tomas pensando en sus virtudes y creyendo que la piel se te tersa y que el espíritu se te anima sólo con el primer sorbo. Obviamente no es así, pero al igual que los resultados del ejercicio no se aprecian desde el primer día, los del aloe sólo se observan con la continuidad.
Existen dos productos que se extraen de la planta. Por un lado el gel, que es una especie de gelatina que rellena el interior de las hojas, y por otro el acíbar, que es una especie de látex amarillento que se encuentra inmediatamente después de la epidermis de las hojas -epidermis, como la nuestra, las plantas también tienen!-. Éste último producto se puede utilizar para tratar el estreñimiento, pero en dosis pequeñas, ya que es tóxico a concentraciones algo altas. Por su parte, el gel sí se puede tomar directamente de la planta, basta cortar una hoja y presionar fuerte sobre ella para obtener esa gelatina clara de sabor amargo. Si perseveramos en su consumo, y día a día tomamos nuestra pequeña ración de aloe, los expertos aseguran que sus componentes mejorarán el estado de nuestra piel (al usarlo de manera tópica, externa) y nos ayudará combatir la gastritis cuando lo usemos ingerido.
El principal beneficio del gel de aloe, aunque no el más conocido, es su efecto antiinflamatorio de la mucosa intestinal, lo que ayuda a disminuir la acidez, la gastritis, y la úlcera gástrica. Para ello, como hacía mi amiga, lo mejor es tomar su zumo de la forma más pura posible; como el chocolate, sus virtudes sólo las encontramos en concentraciones cercanas al 100%. Estas facultades pueden tener su origen en su riqueza en mucílagos que recubrirían la mucosa gástrica protegiendo y disminuyendo su acidez, por su cantidad en ácidos grasos precursores de prostaglandinas que son antiinflamatorias, e, incluso, como inhibidor del crecimiento de la bacteria Helicobacter pylori, que es una de las responsables de las úlceras y gastritis estomacales. En cualquier caso, y aunque no se tenga clara de qué manera funciona, sí que parece tener un efecto beneficioso al tomarla regularmente, sobre todo en aquellos que tienen problemas de colitis, úlceras, colon irritable, etc.
Lo que sí es de todos conocido es su uso para mejorar la hidratación y el estado de nuestra piel. Posee propiedades antisépticas, antiinflamatorias y regeneradoras de la piel, lo que lo hace especialmente útil al extenderlo sobre una herida superficial (que a nadie se le ocurra tratarse con aloe una herida mayor ya que puede ser contraproducente) ya que nos va a proteger y aliviar, además de acelerar el proceso de recuperación de la piel dañada. Siempre que tratemos una pequeña herida, picaduras, psoriasis, gingivitis, llagas en la boca, etc, nos va a resultar de gran ayuda. Tanto es así, que la industria cosmética más ecológica la tiene como aliado y no faltan productos para tratar el acné o los granos, para fortalecer el pelo (¡¡¡ay si hubiera conocido antes el aloe!!!), o las uñas.
Podríamos estar hablando de un producto milagroso, y de hecho así lo es, pero tampoco podemos pensar que es el remedio infalible a cualquier mal, y, como siempre, hay propiedades que se le atribuyen que debieran ser mejor examinadas. Me refiero a las supuestas (una palabra de moda en los telediarios) propiedades anticancerígenas. Cierto es que el aloe posee una gran cantidad de componentes antioxidantes, e, incluso, se ha probado recientemente que ciertas moléculas presentes en el aloe tiene actividad antitumoral. Sin embargo, aún hoy no existen estudios concluyentes acerca de su capacidad anticancerígena y se desaconseja su uso para dicho fin.
También se le atribuye poder para reducir el azúcar en sangre y para ayudar a pacientes con diabetes tipo II. Pero de igual forma, aún no se conocen estudios definitivos sobre seres humanos y no se puede afirmar tal relación directamente. De igual forma, tampoco existe consenso en si ayuda a reducir el colesterol ya que no se ha establecido la causalidad de su uso en los estudios que se han realizado hasta el momento.
Parece pues, que el aloe es un fantástico aliado para tener siempre cerca y aprovecharse de sus virtudes, y no son pocas, que nos ayudarán tanto interna como externamente. Sin embargo, la ciencia aún tiene mucho camino por recorrer en su estudio, y la enorme cantidad de componentes del aloe merecen bastante tiempo para establecer sus cualidades. Por lo pronto, digamos que por si acaso, voy a tener un poco de gel a mano por si en alguna carrera me da por aterrizar “de boca”, y algo de jugo por si después me da por comer demasiado.
Curiosidad….El otro día mirando un atlas universal (debo confesar aquí mi enorme afición a este tipo de publicaciones...de pequeño pasaba muchas noches leyendo y releyendo mi atlas en busca de datos demográficos, países, fronteras, capitales, banderas…) leí que hoy en día somos unos 7 mil millones de personas. Parece un número más, así que acerquemos ese número a algo que podamos cuantificar. Imagínese un estadio de fútbol grande (tipo Camp Nou) lleno hasta arriba con casi 90 mil personas. Ahora multipliquen ese estadio lleno 78 mil veces, y tendrían la cantidad de personas que compartimos el planeta. Si lo pusiéramos en porcentajes veríamos que los chinos y los indios (con más de mil millones de personas viviendo en cada país) representan más del 35% de la población mundial, y que los españoles apenas representamos el 0.67%. Pero no solo es curioso que seamos tan pocos españoles y hagamos tanto ruido -al fin y al cabo a todos los sitios donde he tenido la suerte de viajar, siempre he conocido a algún español-, también es muy interesante cuántos seres humanos han pisado la Tierra hasta el día de hoy. Según el experto demógrafo Carl Haub, alrededor de 108 mil millones de personas han existido desde que existimos. Para ello se basó en las poblaciones medias en diferentes periodos, y en las tasas del número de nacimientos. Si alguna vez nos sentimos únicos...
Yeray Santana Falcón es vecino de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.



























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