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Yeray Santana (Foto TA) Yeray Santana (Foto TA)

Los biocombustibles

TA ofrece una nueva entrega del doctorando en la ULPGC y vecino de Telde, Yeray Santana

cojeda Domingo, 05 de Abril de 2015 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Yeray Santana Falcón, vecino de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ofrece una nueva entrega de su colaboración científica en TELDEACTUALIDAD. En esta ocasión, trata sobre los biocombustibles.

 

Los biocombustibles

Yeray Santana Falcón

Hay veces que nos pasamos de verdes, de ecologistas quiero decir, no de humor; ahí siempre podemos ser lo verde que queramos. Pero en lo de ecologista, no ecólogo, que nada tiene que ver, a veces se nos va un poco la mano y llevamos nuestro amor por el medioambiente a límites curiosos. Podemos proteger a los animales pero quizá gastarse más de 600 mil euros en construir túneles para ranas con dinero público (en Schorndorf, Alemania) sea algo exagerado. Está bien que queramos comer sano pero comprar cereales ecológicos a más de 10€ el kilo puede ser algo exagerado –sobre todo si después los tomamos con yogurt a base de leche reconstituida y azúcar...-. Está bien comprar el modelo de televisión o de móvil más avanzado y con menos consumo, pero parece un tanto exagerado cambiarlos anualmente, ya que sus desechos contaminan más de lo que pueda ahorrar en energía -¡no los dejen en ‘standby’ (con la lucecita roja) que consume!-. Está bien utilizar energías limpias pero, ¿plantar extensos campos para producir biofuel?

 

Vamos a ver qué es esto del biofuel que está ahora tan de moda. Biofuel es una fuente de energía procedente de materiales biológicos, ya sea materia orgánica muerta, procedente de plantas, de residuos domésticos, de agricultura, etcétera, o materia orgánica viva. Los hay de muchos tipos y con diferentes procedencias, usos, y propiedades, pero en general, se caracterizan por permitir la sustitución, parcial o completa, de combustibles fósiles. De todos ellos, el etanol y el biodiésel son los más conocidos y los más utilizados, pero también nos la hemos ingeniado para utilizar otros como el bio-gas o, incluso, el aceite vegetal como fuente de energía.

 

El etanol no es más que un alcohol que se obtiene de la fermentación de azúcares por parte de microorganismos y enzimas. Estos azúcares pueden proceder de cereales, caña de azúcar, remolacha, o de cualquier fuente que pueda ser usada para destilar alcohol. Concretamente, el proceso de la destilación -posterior a la fermentación- es la parte menos eficiente ya que se necesita energía para alcanzar la temperatura necesaria para iniciar esta fase. Además, y aunque pueda ser utilizado como sustituto del diesel como carburante, para producir la misma cantidad de energía se necesita mucho más volumen siendo su eficiencia bastante baja por lo que no parece una solución real a día de hoy.

 

El biodiésel es un combustible obtenido a través de combinar un aceite vegetal con un alcohol (generalmente metanol). Es muy similar al diesel e, incluso, puede ser usado en los coches apenas con pequeñas modificaciones. Su gran ventaja, además, es que se puede utilizar aceite ya usado en la cocina. De hecho, hace unos años apareció un caballero en televisión que recogía aceite usado por sus vecinos y por restaurantes cercanos, y se fabricaba su propio combustible para el coche, con el único inconveniente de un olor a “papas fritas”. Por contra, sin embargo, está su elevado coste -imagínense la estrategia de este caballero llevada a cabo por todos; tendríamos que usar como fuente aceite no reciclado...o comer muchas papas fritas-, así como su tendencia a solidificar a bajas temperaturas y la degradación que provoca en ciertos materiales como el caucho. Resulta, por tanto, un poco alejado de poder ser una fuente de energía para cubrir la demanda a gran escala.

 

Por su parte, el biogás se genera en reacciones de degradación de materia orgánica por parte de microorganismos en ambientes anaeróbicos (sin oxígeno). Lo cierto es que la mezcla resultante se compone de metano y dióxido de carbono. Sin embargo, se considera una buena forma de utilizar la materia orgánica de desecho. En España está en crecimiento, especialmente en Cataluña, aunque donde resulta especialmente útil es en comunidades rurales apartadas de las tradicionales fuentes de energía.

 

La gran crítica que tiene este tipo de energías “limpias” es la necesidad de utilizar campos de cultivo para obtener la materia prima con la que generarlas. Según un estudio aparecido este pasado mes de marzo en la prestigiosa revista Science, las políticas de utilización de los biofuel y la reducción, con ellos, de los gases de efecto invernadero, se basan en la reducción del consumo de comida, tanto la consumida directamente como la indirecta a través de alimentar el ganado.

 

Esto tiene dos consecuencias bastante nefastas; por un lado nos propone alimentar a nuestros animales con energía (porque lo que le estamos dando al ganado no se puede ya considerar comida en la mayoría de los casos sino tan sólo formas de aumentar su tamaño y peso), cada vez, de peor calidad. Por otro, nos propone destinar gran parte de nuestro, ya de por sí, reducido campo, para cultivar fuentes de obtención de energía. Esto ha llevado en países como Brasil a deforestar vastas superficies de bosque virgen para el cultivo extensivo y producir biodiésel, paradójico ¿verdad?. El último informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, de sus siglas en inglés) sobre el hambre en el mundo nos habla de más de 800 millones de personas viviendo bajo el umbral del hambre en todo el mundo. 800 millones de personas y nos preocupamos por quien gana gran hermano vip o si la pantoja no pasó las navidades en casa (sí, lo sé, me he vuelto a repetir, pero, joder ¡¡de verdad que hay gente que se preocupa por estas cosas!!). Además, según los autores del artículo, si no se redujera el consumo de comida por nuestra parte, la utilización de biofuel llevaría a unas emisiones de gases invernadero superiores al uso de la gasolina.

 

El problema parece estar en que los modelos actuales de utilización de biofuel no contemplan la “reposición” de las plantaciones utilizadas para obtener energía por nuevas plantaciones dedicadas al suministro de alimento. De tal forma que, baja la producción dedicada a alimentación encareciendo los productos y provocando que los países más pobres no puedan acceder a comida. Salvamos el planeta (ya hemos visto que no) sacrificando aún a más personas. Utilizamos energía verde, podemos sentirnos orgullosos de no contaminar el cielo con nuestros tubos de escape. Ni tampoco contaminaremos con los residuos ni con los excrementos -sí, nuestros excrementos también contaminan- de esas personas de países más desfavorecidos que ‘ayudamos’ a desnutrir. Como dijo el científico Manuel Toharia (Director del Museo de las Ciencias Príncipe Felipe de Valencia) hay cosas peores que el cambio climático, cosas horrorosas como el hambre en el mundo. Si lo dice uno de los mayores expertos en cambio climático de España.

 

Curiosidad: Seguro que se habrán fijado en lo importante que es el acto de comer para nosotros. Si tienes que hablar de algo con alguien le invitan a un café, o si quieren conocer a alguien se toman una cerveza y un enyesque, si se queda con la familia se hace una gran comida, con los amigos un asadero, con la empresa una cena, y para celebrar fechas señaladas se prepara una gran comida. Como ven, todo lo relacionamos con la comida. Las primeras evidencias de comidas compartidas datan de hace unos 300 mil años en un lugar cerca del actual Tel-Aviv, donde se cree que se reunían para comer y celebrar. De hecho, la bíblica frase de “partir el pan” tiene sus orígenes en la utilización de la comida como medio para celebrar, para afianzar relaciones, unir culturas...Hasta una vez muertos la comida adquiere relevancia. Sólo hay que fijarse en que muchos pueblos antiguos rendían tributo a los muertos agasajando de delicias sus tumbas, o incluyendo comida entre los “tesoros” con los que enviaban los cuerpos de sus allegados al más allá (miren los egipcios).  

 

Yeray Santana Falcón es vecino de Telde y doctorando en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.    

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