JESÚS RUIZ MESA
Y llegó como cada año hasta ahora el último sábado del mes de noviembre, un día 29 del ya casí agotado calendario del 2014, jornada en la que la Asociación de Alumnos y Alumnas del Instituto Laboral de Telde celebramos nuestro paso por este centro docente, del Telde de la década de los sesenta del pasado siglo, ¡casi nada y algo más!
En algunos casos, los más antiguos, que no viejos, porque su pronta voluntad para asistir a esta cita, con ilusión, con ganas de compartir y brindar por todos, es patente. La palabra siempre encierra el respeto a un recuerdo eterno de alguna circunstancia que por su importancia la tenemos en cuenta en nuestro devenir personal, un tiempo aceptado como el que fue, un presente que es desde donde parte nuestra observación y reflexión de dicho acontecimiento y un futuro en la esperanza y confianza en un mundo mejor.
Partiendo de una premisa personal que, hoy, en el mismo lugar, en aquella calle de Pérez Galdós, antigua Los Baluartes, en el límite urbano donde los históricos núcleos principales de San Gregorio y San Juan se daban la mano para escribir la gran historia de nuestra ciudad, ahí, continúan los mismos espacios, estancias y sueños que a la salida del horario de clases de este actualmente I.E.S José Arencibia Gil, observo a sus alumnos y alumnas, y me veo en ellos, me siento, como un viajero en el tiempo, identificado con ellos, una única reflexión en mi deseo, mi mirada desde cualquier esquina de ese paisaje urbano sobre esa multitud de estudiantes……¡ojalá el mundo cambie a mejor! que el futuro para el que se preparan sea más justo, equitativo, con más oportunidades que la crisis que tanto se demora en abandonar el mercado laboral, deje ver un escenario más esperanzador, y estos jóvenes sepan aprovechar las situaciones que con la esperanza de un trabajo ejerzan sus funciones para lo que han estado estudiando, preparándose y haciendo su elección universitaria o de otra índole formativa, que desde estas aulas que también fueron las nuestras hace años, iniciaron un día.
En este proyecto intelectual están involucrados todos, teniendo en cuenta que el equipo de profesores, profesoras, adaptado a las necesidades del actual siglo XXI hace su trabajo lo mejor posible, seguro de su vocación y con el compromiso contraído por una dedicación ejemplar para el ejercicio docente. De esta manera los que hoy nos hemos encontrado nuevamente en la cita anual de la Asociación de antiguos alumnos y alumnas del Instituto Laboral de Telde, dedicamos el recuerdo a los profesores de nuestro querido centro teldense y el homenaje personal por su presencia al docente, sacerdote y amigo Eugenio Peñate Suárez.
Previa a la comida de confraternización los antiguos alumnos Mari Carmen Trujillo Sánchez y Julio Pérez Tejera dirigieron unas palabras de bienvenida y agradecimiento a todos los presentes. Melita Trujillo expresa: “Bienvenidos y gracias por la asistencia. Este año nos ha tocado a Julio y a mí abrir este acto de encuentro anual en esta comida de confraternización. Soy del Castillo del Romeral, el mejor pueblo que tiene el municipio de San Bartolomé de Tirajana; soy del primer curso del Instituto cuando se abrió, y pertenezco al grupo de las niñas del Sur, que en aquellos años provocaba ciertas comidillas porque salíamos antes que el resto del alumnado para poder coger el coche. Es una satisfacción ver que el grupo cada año va aumentando aunque este año el tiempo no ha acompañado mucho por las noticias meteorológicas, pero cada vez somos más y más gente viene a este encuentro. Para mí esta comida me ha supuesto reencontrarme con el pasado, con la niñez, juventud donde ha habido muchos y bonitos recuerdos. Antes hablábamos de proyectos futuros, hoy hablamos de nuestros hijos y de nuestros nietos. Muchas gracias y un saludo”.
Julio Pérez Tejera, escritor y poeta teldense toma la palabra en esta presentación: “Gracias por elegirnos para abrir este acto y bienvenidos. Desde que el mundo es mundo, el ser humano anduvo detrás de la comida, porque de ella dependía su subsistencia. Ya conocemos el refrán que dice: “De la muerte a la vida, la comida”. Y, siendo tan necesaria, la humanidad peleó por ella. Pero, con el tiempo, de esa pelea por arrebatarle al otro el mejor bocado, se pasó a la alegría de compartirlo, porque ya no era sólo el hambre el motivo de la comida sino también el goce y el paladeo de los sabores.
Y hay otra hambre, que está en el origen de esta convocatoria que nos reúne cada año, que es el hambre de conocimiento. Asistíamos al Instituto no siempre a gusto, (No olviden que los más piadosos rezaban para que se fuera la luz, y los más atrevidos aprovechaban lo aprendido con D. Antonio Cabrera para hacer saltar los plomos y así poder escaquearse de las últimas clases del día). Seguramente asistíamos sin pretenderlo y sin tener muy claro el por qué, pero con la alegría de compartir con compañeros y amigos este tiempo que nos has sido dado. Y digo que nos ha sido dado porque todavía estamos aquí. Me vienen a la memoria unos versos del cantautor valenciano Joan Baptista Humet que dicen: “A veces pienso que lo más grande de que dispone el hombre, es el hambre de conocer, que abrir un libro es abrir las alas, sobre las cosas que nunca acabas de poseer.”
Y es que mientras tengamos algo que aprender seguiremos teniendo motivos para vivir. Claro está que hablando de comida no podemos dejar de lado el vino. No olvidemos que en nuestra tradición es símbolo de vida y de alegría. Una de las referencias más antiguas al vino la encontramos en el capítulo 9 del libro del Génesis, en La Biblia, que dice: “Noé, agricultor, comenzó a labrar la tierra y plantó una viña. Bebió de su vino y se embriagó,…” (Génesis 9, 20.21). Pero como no los voy a emborrachar hablándoles del vino, acabo con unos versos del poeta granadino Manuel Benítez Carrasco, que más de uno habrá leído o escuchado alguna vez:
Bien el vino,/ bien el vino/ si conviene cuando viene;/o hago yo que me convenga/ que venga porque conviene./ Y bien el pan porque viene/ siempre bien para el camino,/ pero es mejor cuando viene/ en la compaña del vino./ Hay caminos por las venas/ por los que no cabe el vino;/ y hay caminos por el vino/ por los que caben las penas/ y aún les sobra camino./ Con la perla vegetal/ y jugosa de la uva/ yo quiero condecorar/ su risa a quien va a reír,/ su llanto a quien va a llorar./ Que no en vano, en un cristal,/ a tal hora o a deshora,/ el vino es un buen amigo/ del que ríe y del que llora./ Bien el vino,/ bien el vino/ si conviene cuando viene/ o hago yo que me convenga/ que venga porque conviene./ Y qué distinta medida/ el tiempo y el vino tienen:/ uno se lleva la vida/ y el otro nos entretiene./ El otro nos entretiene/ para curarnos la herida/ de ver cómo el tiempo viene/ para llevarse la vida./ Con este vino quisiera/ que la vida se pasara/ Sin que el tiempo lo supiera./ Y con el tiempo quisiera/ que la muerte me llegara/ sin que el vino lo sintiera./ Soleá de tiempo y vino:/ uno me acorta la pena/ y otro me alarga el camino./ ¡Muchas gracias!
Y ahora quiero contarles un cuento. Seré breve: En una ocasión un alumno preguntó a su maestro:– ¿Por qué decidiste dedicarte al Magisterio? A lo que el maestro respondió: – Porque así no moriré nunca. Cada uno de ustedes ¬–dijo dirigiéndose a toda la clase– lleva algo de mí en su interior, de modo que, cuando parezca que he muerto, seguiré viviendo y, a través de ustedes, iré a los que vengan después, por los siglos de los siglos.
Hace ya muchos años –tantos que estoy seguro de que él no lo recuerda–, D. Eugenio nos dijo: “Lo más importante no está en el programa”. Y así es: La ilusión, el esfuerzo, la voluntad, la alegría por hacer las cosas, las ganas que muchas veces tenemos que ponerle a la vida, no aparecen en ningún programa, pero es gracias a ellos que podemos seguir adelante. Doña Teresa Tost, nuestra profesora nos dijo un día: “Me gustaría tratarles a ustedes del mismo modo, o me gustaría que tratasen a mis hijos del mismo modo que yo les trato a ustedes cuando les doy clase”, aparte de maestra nuestra, ella fue como una segunda madre.
Traigo aquí el recuerdo de esta enseñanza como constatación de una verdad: Todo lo que entregamos a los demás vuelve nuevamente a nosotros. El poeta norteamericano Walt Whitman decía: todo vuelve a mí como las estaciones. Y para que sirva también como testimonio de gratitud a Don Eugenio por todo lo compartido y por estar siempre ahí, acompañándonos, en los momentos del encuentro, del abrazo y la despedida y a doña Teresa igualmente que ha sido una fiel asistente a estos encuentros aquí. ¡Muchas gracias!
Después de la intervención de Julio y de Melita se procede a la entrega de recuerdos a don Eugenio Peñate que la presidenta de la Asociación Josefina Betancor hace entrega para sorpresa de Eugenio, que recientemente ha cumplido sus bodas de oro como sacerdote, regalos y una placa que dice: A D. Eugenio, sacerdote y profesor, con gran testimonio de fe, entrega y cariño. Siempre le recordaremos. 29 de noviembre de 2014. Eugenio Peñate agradecido por esta sorpresa expresa: “El mejor regalo que he recibido ha sido el cariño, el afecto y la amistad de todos ustedes. Me han sorprendido ustedes con este detalle les agradezco de corazón y les admiro por su amistad y lo excelentes que son todos. Muchas gracias”.
Interviene Gonzalo Pérez Báez, como ex alumno del Instituto Laboral dedica un recuerdo a uno de los mejores profesores que pasó por este centro docente, don Virgilio Díaz Puebla, profesor de Literatura que enseñó poemas, versos de Machado; aunque se fuera de ciencias y eligieran carreras técnicas, la literatura que enseñó don Virgilio, poemas y versos recitamos aún de memoria, y su persona hoy se le recuerda desde aquí.
Se procede a guardar un minuto de silencio por los compañeros fallecidos este año, emotivo aplauso y recuerdo a los que compartieron con nosotros parte de sus vidas y les recordamos desde este encuentro de confraternización: IN MEMORIAM: Rafael Sánchez Monzón, Juan Saavedra Demetrio, el profesor don Manuel Mayor Alonso, Antonio Munguía Hernández, Estrella Medina Gil y Damián Corujo Jiménez.
Se envía un saludo a Juan Ojeda Abrante que durante años aportó su extraordinaria labor como presidente al frente de la Asociación, así como a su esposa María Dolores Ojeda Ramos que en esta ocasión nos hemos vistos privados de su presencia por estar indispuestos a causa de los resfriados que estas condiciones atmosféricas y cambios de temperaturas nos someten, les deseamos un pronto restablecimiento.
Después de cortada la tarta que celebra dulcemente este acontecimiento anual, finalizada la comida el compañero Juan Manuel López González, tenor teldense que en estos años está dedicado al Bel Canto y ya ha realizado actuaciones en diferentes lugares de la isla, ha tenido la magnífica disposición de ofrecernos a capela un fragmento lírico, Luché la fe por el triunfo de la zarzuela Luisa Fernanda, música del compositor español Federico Moreno Torroba.
A pesar de las inclemencias del tiempo anunciado, vientos racheados y lluvias intermitentes, como así sucedió, sin grandes estridencias y fenómenos atmosféricos que nos limitaran nuestra celebración, con el verdor del paisaje de Las Vegas de Tenteniguada y alrededores que lucía esplendoroso desde las cumbres, recién regado, pletórico de aguas buenas caídas esta semana, procedimos en el exterior a la foto de familia para el recuerdo de habernos reencontrado una vez más, compartir no solo la comida alimento del cuerpo, sino brindar por aquellos tiempos, los de ahora y los del futuro, con la emoción que alimenta el espíritu, Alumnos y Alumnas del Instituto Laboral de Telde que desde su fundación cada año nos cita para participar de la historia que un día todos, hombres y mujeres, formamos parte del desarrollo social, personal y colectivo que la ciudad de Telde necesitó.
El agradecimiento y felicitación a la junta directiva de la Asociación por el buen hacer en la cita de este año, un recuerdo y abrazo para todos, presentes y ausentes, con la buena suerte en el número jugado de la lotería, y el deseo de una Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 2015 ya cercanos, nos vemos el año próximo si Dios quiere.
Allá arriba quedaron los campos y laderas cubiertos de un precioso manto verde, con la espera de ofrecernos el blanco florecido del almendro en flor, y aquí permanece nuestro Instituto Laboral de Telde, erguido, orgulloso, dejando el pabellón de su legado a las nuevas generaciones con ilusión y las mejores esperanzas puestas en el futuro de una mejor ciudadanía, por Telde, Gran Canaria y Canarias".
Muchas gracias.
Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.
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