TELDEACTUALIDAD
Telde.- La ciudad ha aumentado su pléyade de hijos ilustres y personas reconocidas. El último en sumarse a este grupo de selectos de prohombres y distinguidos ha sido el poeta cubano Francisco Henríquez Domínguez, quien el pasado 15 de octubre recibió la medalla al mérito cultural de manos de la alcaldesa Carmen Hernández. Descendiente de teldenses, el intelectual caribeño no dejó de mostrar su cariño y agradecimiento ante un aforo reducido, pero que lo arropó con mucho calor.
Acto de concesión de la medalla al mérito cultural de Telde al poeta y escritor Francisco Henríquez
por Jesús Ruiz Mesa
La mañana del jueves 15 de octubre en el salón de plenos del Ayuntamiento de Telde tuvo lugar un memorable acto dedicado al homenaje y concesión de la medalla al mérito cultural de Telde concedida al escritor, poeta cubano, residente en Miami, de familiares oriundos de Telde. Poeta cubano de padre canario, de Telde, y madre cubana. Henríquez Domínguez experto en décimas, famoso repentista en su isla de nacimiento, Cuba (1928, Unión de Reyes, Matanzas). Después de su educación y estancia en Cuba, marcha en 1962 a Estados Unidos, primero en Nueva York y, posteriormente, a partir de 1979, fija su residencia en Miami.
Funda la revista Carta Lírica, Premio José Vasconcelos 2005. Revista donde generosamente se da cabida a los trabajos de todos los poetas de habla hispana, logrando borrar fronteras y las absurdas limitaciones que, por encima de los sentimientos, trata de poner la incomprensión humana. La obra de D. Francisco Henríquez, “Carta Lírica” nace desde la libertad de todos los seres humanos, para extenderse a las Universidades y Asociaciones Literarias de Hispanoamérica, España y Estados Unidos de Norteamérica. Poeta que ha visitado en varias ocasiones Gran Canaria participando en foros y encuentros culturales organizados por Asociaciones literarias como La Arcadia.
En esta ocasión después de la intervención de la Concejala de Cultura Guadalupe Santana que glosa la vida del poeta, con la emoción de este reconocimiento, surge un poema que el título pone de manifiesto su agradecimiento: A TELDE Y SU GENTE, décimas para reencontrarse con Telde y viajar hasta el otro lado del Atlántico, allá en Miami, con nuestra centenaria ciudad de Telde prendada en el corazón del escritor, poeta, repentista, don Francisco Henríquez Domínguez, homenajeado con la Medalla del Premio al Mérito Cultural de Telde:
No sé cómo agradecer
tanta prueba de amistad;
fortaleza de hermandad
que nadie podrá vencer.
Desde los días de ayer
esta isla hizo puente,
para llegar a otra gente…
una especie de gran lazo
que pudo hacer el abrazo
con el Nuevo Continente.
Por los que con devoción
ha concertado esta cita
hago del pecho una ermita
y un rezo es mi corazón.
Para que no haya omisión
de nombres o de entidad
todos como una unidad
los acojo en mi cerebro
como sublime requiebro
hacia nuestra hispanidad.
Volver a Telde es volver
libre de pesada cruz
a una mañana de luz
tras un largo anochecer.
Estar en Telde es tener
al Atlántico en un risco,
es hacerse un obelisco
con las piedras del Barranco
y entrar vestido de blanco
al barrio de San Francisco.
Volver a Telde es lo mismo
que sentirse rescatado
luego de haberse pasado
largo tiempo en un abismo.
Es vestirse de un lirismo
ermanado a la sonrisa;
es ver a la abuela deprisa
cortar la vereda que arde
porque se le hizo tarde
para integrarse a misa.
Es ver al abuelo Pancho
a la sombra de su higuera
como si la higuera fuera
su territorio más ancho.
Lo veo asomarse al rancho
con su sonrisa de armiño,
la expresión de su cariño;
su más hermosa bondad…
¡mi abuelo a cualquier edad
sonreía igual que un niño!
Volver a Telde es estar
a tono con paz y lumbre
es tutearse con la cumbre
para ver celoso al mar.
Es esconderse el pinar
en el bosque de una lira;
es quemarse en esa pira
que tiene cara de oriente
y ver como el viejo puente
con sus siete ojos nos mira.
Es ver como una princesa
cruza, hechizada, una calle,
mientras engalana el talle
con cintos del mar turquesa.
Es hacer una promesa
de vano afán desprovisto,
es ver como ya se ha visto
a un limosnero sin pan
ir al templo de San Juan
y a su milagroso Cristo.
Cantan viejos campesinos,
mientras en Llanos de Jara
una eternidad se ampara
bajo el toldo de los pinos.
Huelen a pan los molinos
de gofio de San Gregorio,
y detrás del promontorio
donde la miel se almacena
los plátanos son la cena
para todo el territorio.
Décimas leídas por la Concejala Delegada de Cultura, Guadalupe Santana Suárez, escritos por don Francisco Henríquez Domínguez para este homenaje, cedidos por el presidente de la Asociación Literaria La Arcadia, Pedro Callicó Sosa, y en presencia de la secretaria de dicha Asociación, María Jesús Lozano. Callicó expone: “Es para nosotros, poetas y escritores canarios de La Arcadia, motivo de satisfacción y orgullo asistir el día de hoy al reconocimiento de la dilatada labor cultural de don Francisco Henríquez Domínguez, propuesta por nuestro grupo y justamente aceptada por la Corporación del Excmo. Ayuntamiento de la Ciudad Grancanaria de Telde.
Don Francisco Henríquez es descendiente de canarios teldenses que en su día se vieron forzados a emigrar como infinidad de isleños en busca de una vida mejor fundando nuevas ciudades a lo largo del mundo, dando lo mejor de ellos mismos, dejando las huellas de sus nostalgias en la canariedad de sus actos y sus recuerdos. Don Francisco Henríquez lleva gran parte de su vida aferrándose al origen de sus raíces, logrando con total acierto que de aquellos conductos secos surgiera una nueva savia capaz de latir nuevamente en los años de su vida. Tenaz, a la vez que sensitivo y locuaz presentó su agradecimiento ante la concesión de la medalla a los medios culturales de la Ciudad de Telde como mejor sabe en el vital lenguaje de su poesía. Muchas gracias”.
Finaliza el acto de concesión de la medalla con la intervención de la alcaldesa de Telde, Carmen Hernández que expresa: “Yo creo que todos hemos compartido la emoción de Francisco Henríquez por este merecido reconocimiento. Reconocemos hoy a una persona, al ser humano, reconocemos también al poeta, al hombre, a la obra, pero también creo que hoy hacemos una sencilla, pero, muy merecido reconocimiento a la cultura de nuestra ciudad con mayúsculas, al reconocimiento cultural de nuestra ciudad a través de otros lugares del mundo. Cuántas enseñanzas, por tanto, nos deja este acto de hoy. Son muchas las aristas que nos ofrece este reconocimiento que como ciudad entregamos de manera merecida a Francisco Henríquez Domínguez.
Conviene antes que nada, subrayar muchas veces, las veces que haga falta, el poder de la cultura. Sin ella el futuro de cualquier comunidad se lastra. Dijo el escritor checo Milán Kundera que la cultura es la memoria del pueblo, las conciencia colectiva de la continuidad de la historia, el modo de pensar y de vivir. Nuestro municipio, Telde, por muchas circunstancias, y empezando por su historia, debe defender su condición de ciudad cultural, impulsándose desde ese rango para alejarse sin retorno de momentos poco edificantes del pasado. Telde, ciudad de la cultura, esa es nuestra historia y ese es nuestro propósito como comunidad, como pueblo, pero también como corporación y como gobierno.
No quiero en este punto desaprovechar la oportunidad de volver a poner en valor el trabajo que se está haciendo desde la Concejalía de Cultura, que, aún, habiendo recorrido solo el comienzo del camino, ha logrado en este breve plazo de tiempo vislumbrar una vida cultural rica en Telde y para Telde. Conviene también repasar la vida de nuestro homenajeado, ya lo hizo la Concejala de Cultura, y no olvidar que la movilidad forzada y forzosa que hoy, además, sigue teniendo un gran espacio, a pesar y creo con gran tristeza para todos en el mundo, la movilidad forzosa, el tener que irse en la condición de emigrante, ha sido una constante a lo largo, también, es cierto, de la humanidad, y que, cuando Francisco Henríquez decidió marcharse de Telde buscando nuevos horizontes en la isla de Cuba, como hicieron muchos canarios, no renunció a su ciudad.
Más bien inoculó su amor por ella, no solo a su hijo, Francisco Henríquez Cáceres, sino a su nieto Francisco Henríquez Domínguez. Conviene igualmente recordar aquello de que es de bien nacido ser agradecido. Don Francisco, Telde quiere hoy con esta medalla decirle gracias, gracias por donar su obra a nuestras bibliotecas, que obviamente, son también sus bibliotecas, las suyas, las de todos y todas. Telde quiere darle las gracias por haberle dado luz a su nombre en tantos lugares, por contar Telde a millones de hispanos hablantes, por hacer gala, orgulloso de su procedencia a través de su herramienta, la más bella y poderosa como es la poesía.
Asimismo, también me gustaría reconocer a todas aquellas personas que propusieron la entrega de esta distinción, y en especial a la Asociación de poetas y escritores La Arcadia y a la Asociación Socio Cultural Casa de los Cuentos. Don Francisco Henríquez Domínguez, usted se considera teldense y nosotros abrazamos y celebramos tal circunstancia. Le reiteramos nuestro agradecimiento por todo lo que ha contribuido a la literatura, a la cultura y a la difusión del buen nombre de nuestra querida ciudad. Muchas gracias”.
Un poema con la palabra, voz y mensaje literario del propio homenajeado, don Francisco, décimas cubanas que aunque no son de su autoría son preciosas y las dedica como agradecimiento, dedicadas a una guajirita que el poeta se enamora de ella tuteando a la naturaleza:
Llovía, ¡cómo llovía!
Qué terquedad de aguacero.
Se inundó todo el sendero
y se me ahogó la alegría.
Ya la tarde se mecía
como una enorme piragua,
pero el sol redonda fragua
sabedora de mi cruz
tirando esquifas de luz
se puso a quemar el agua.
Y corrí, sé que corrí
porque ilusiones derechas
pusieron a mis pies flechas
para llegar hasta ti.
Por toda la tarde fui
enlodando mis antojos
y salté piedras y abrojos
y varas de romerillo
porque me llevaba el trillo
al lindero de tus ojos.
Y cuando llegué a tu hogar
herencia de sangre esclava
sentí que tu pecho
estaba temblando de suspirar.
Luego fue el canto
pilar metáfora como arroz,
bajo el asedio feroz
de tus miradas divinas.
¡Qué cansancio de retinas
y que entusiasmo de voz!
Volví por iguales llanos
mirando las mismas cosas
bajo las canas verdosas
de los árboles ancianos.
Y vi en todos los pantanos
tu alegría retratada,
pues con una voz callada
me preguntó si volvía,
la cercana lejanía
del fondo de tu mirada.
Finaliza el homenaje con la dedicatoria de unos ejemplares de Carta Lírica, revista lírica que él dirige y el poemario Salmantinas Siglo XXI, gentilmente donadas al público asistente por D. Francisco Henríquez. El colaborador literario Agustín Delgado Santana, asiduo de las tertulias y encuentros líricos regala un poema de su autoría a don Francisco.
Enhorabuena, excelente y recordado poeta, aquí y más allá de nuestras aguas, las mismas que baña el Atlántico, una vez más, llevado a los versos, rimas, décimas, de los poemas que se escriben con emoción, recuerdo, amor y devoción. Versos que en esta mañana trajeron ecos de otros tiempos para abrazar los que ahora vivimos y nos recreamos con el palpitar de aquellos corazones que marcharon.
Aquellos latidos se sienten con los mismos versos, con la palabra de quién aún nos da testimonio desde la lejanía y la cercanía de que la poesía nos deja ver el paisaje, el viejo y el nuevo. Hoy nos lo ha revelado un poeta, un escritor, un hombre que lleva el nombre de Telde en su poemario. Gracias y disfrute los recuerdos de este tiempo que le tocó vivir en la centenaria ciudad de Telde, la suya siempre, don Francisco Henríquez Domínguez.
Muchas gracias.
Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.



























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